Las recientes manifestaciones de Donald Trump sobre Groenlandia reflejan un interés que trasciende lo meramente diplomático, al estar fundamentado en consideraciones estratégicas, económicas y geopolíticas. Este interés ha adquirido una relevancia notable en un contexto internacional donde la competencia por recursos críticos y la reconfiguración del poder global son temas centrales.
Groenlandia, un territorio autónomo que forma parte del Reino de Dinamarca, se posiciona como la isla más grande del mundo, con más de dos millones de kilómetros cuadrados y una población aproximada de 56.000 habitantes. Su valor radica no solo en su tamaño, sino también en su ubicación geoestratégica y en los recursos naturales que se encuentran bajo su gruesa capa de hielo.
El interés de Trump por esta isla emergió de manera explícita tras su victoria en las elecciones de noviembre de 2024. Ya en su segundo mandato, ha reiterado en varias ocasiones que la adquisición de Groenlandia es necesaria para asegurar la “seguridad nacional” de Estados Unidos. En este sentido, ha nombrado a un enviado especial para Groenlandia, lo que indica que este asunto es parte de su estrategia política. Esta decisión generó reacciones opositoras del gobierno danés, que ha insistido en la necesidad de respetar su soberanía.
Aunque la insistencia de Trump ha cobrado mayor fuerza en su segundo mandato, su interés por Groenlandia no es reciente. Durante su primera presidencia, en 2019, había mencionado la posibilidad de adquirir la isla como un “gran negocio inmobiliario”. Sin embargo, el contexto internacional ha cambiado considerablemente desde entonces.
Relevancia histórica y estratégica de Groenlandia
Históricamente, la relevancia de Groenlandia para Estados Unidos se ha sustanciado en su ubicación estratégica. La isla fue crucial durante la Segunda Guerra Mundial para contener el avance del régimen nazi y, en la Guerra Fría, desempeñó un papel vital en el control de las rutas marítimas entre Europa y América del Norte. Actualmente, Estados Unidos mantiene presencia militar en Groenlandia a través de la Base Espacial Pituffik, anteriormente conocida como Base Aérea Thule, que se utiliza como sistema de alerta temprana ante misiles balísticos y como un punto estratégico entre el Atlántico y el Ártico.
Recursos naturales y competencia global
En la actualidad, el atractivo de Groenlandia se centra en sus recursos naturales. Investigaciones geológicas recientes indican que amplias áreas del territorio, que no están cubiertas por hielo, contienen importantes depósitos de minerales cruciales para la economía y seguridad de las potencias industriales. Entre estos minerales se destacan el cobre, el grafito, el niobio, el titanio y el rodio, así como grandes reservas potenciales de tierras raras.
Estos minerales, como el neodimio y el praseodimio, son esenciales para la producción de motores de vehículos eléctricos, turbinas eólicas, sistemas de defensa y tecnologías avanzadas. La demanda de estos recursos ha aumentado significativamente con la transición hacia fuentes de energía renovable. En este contexto, el consumo global de tierras raras ha experimentado un notable crecimiento en las últimas décadas, y se prevé que la presión sobre dichos recursos siga aumentando.
China se presenta como el principal actor en este mercado, controlando una gran parte de las reservas conocidas, liderando la extracción y concentrando la mayor capacidad de procesamiento. Esta hegemonía le proporciona una influencia considerable sobre cadenas de suministro esenciales para Estados Unidos y Europa, lo cual explica la creciente preocupación de Washington por cualquier avance chino en regiones ricas en minerales estratégicos.
Groenlandia ha estado en el centro de esta disputa. Empresas con inversión china han buscado involucrarse en proyectos de infraestructura y exploración minera en la isla, en el marco de una estrategia más amplia de expansión en el Ártico, que incluye la denominada Ruta de la Seda Polar. Aunque algunas de estas iniciativas han sido frenadas, han alimentado la percepción en Estados Unidos de que Groenlandia es un territorio clave en la competencia con China.
Durante su primer mandato, Trump ya había considerado las tierras raras como materiales fundamentales para la seguridad nacional e impulsó acuerdos de cooperación científica y tecnológica con Groenlandia. En su presente administración, este enfoque se ha intensificado, apoyado también por la creciente influencia de actores empresariales vinculados a la industria tecnológica y energética, especialmente en el sector de los vehículos eléctricos.
Pese a ello, los especialistas advierten que la explotación minera a gran escala en Groenlandia enfrenta numerosos desafíos. Las adversas condiciones climáticas, la insuficiente infraestructura, las dificultades logísticas del transporte marítimo en aguas heladas y los prolongados plazos de inversión limitan las perspectivas de producción comercial significativa en el corto plazo. Incluso bajo escenarios favorables, los beneficios económicos podrían tardar años o incluso décadas en materializarse.
Por lo tanto, más allá de los cálculos de rentabilidad inmediata, la persistente insistencia de Trump sugiere una visión estratégica a largo plazo, arraigada en una tradición histórica de la política exterior de Estados Unidos. Algunos analistas vinculan esta perspectiva con el concepto del Destino Manifiesto, una doctrina del siglo XIX que justificó la expansión territorial de Estados Unidos bajo la premisa de que tenía un derecho y un deber excepcionales de asegurar recursos, territorio y seguridad para su desarrollo.
Esta visión, que ha marcado profundamente la historia estadounidense, parecía haber quedado relegada tras el orden internacional posterior a las grandes guerras del siglo XX y la creación de normas multilaterales. Sin embargo, el discurso y las acciones de Trump evidencian una reinterpretación contemporánea de ese impulso expansivo, ahora enfocado en territorios estratégicos y recursos críticos en un entorno cada vez más competitivo.
En resumen, Groenlandia no es únicamente una isla en el Ártico, sino que se ha convertido en un elemento fundamental dentro de un escenario global donde confluyen intereses de seguridad, energía, tecnología y poder. Estas dinámicas explican la magnitud del interés de Trump hacia la isla.

