Estados Unidos llevó a cabo la incautación de un petrolero con bandera rusa en el Atlántico Norte, marcando un aumento significativo en la campaña de la administración de Donald Trump contra Venezuela y sus aliados estratégicos, Rusia e Irán. Este buque, originalmente denominado Bella-1, fue interceptado mientras se dirigía a Europa desde Venezuela, dentro de un esfuerzo por capturar embarcaciones sancionadas y aumentar la presión sobre las redes internacionales de evasión de sanciones asociadas a Caracas.
La operación de incautación se realizó más de una semana después de que el petrolero lograra eludir un bloqueo impuesto por la Marina estadounidense en aguas relacionadas con la salida de petroleros sancionados de puertos venezolanos. Durante la persecución, el barco cambió su registro a bandera rusa, lo que podría generar tensiones diplomáticas con el Kremlin en un momento crítico en el que se llevan a cabo negociaciones entre Washington y Moscú para un posible acuerdo sobre la guerra en Ucrania.
La acción, realizada en el Atlántico Norte, involucró helicópteros estadounidenses y un barco de la Guardia Costera, que actuó conforme a la legislación de Estados Unidos. Además, aviones de vigilancia P-8 de Estados Unidos y el Reino Unido, así como otros tres aviones de observación estadounidenses, patrullaron la zona, lo que confirma la participación del Reino Unido en esta operación de relevancia estratégica. Londres y París han estado negociando desde hace meses con Trump para obtener respaldo a las tropas europeas que podrían intervenir en Ucrania en una hipotética situación de alto el fuego, proyecto que fue anunciado oficialmente el martes.
En 2024, las autoridades estadounidenses habían sancionado al Bella-1, acusándolo de transportar petróleo iraní del mercado negro. Kristi Noem, secretaria de Seguridad Nacional de EE. UU., declaró que el buque había estado evitando la captura de la Guardia Costera, mientras sus operadores cambiaban de bandera y renombraban la embarcación como “Marinera” en un intento por esquivar la detección y captura. Para la administración Trump, este caso es representativo del uso de las denominadas “flotas en la sombra” para el transporte de crudo sancionado fuera de los canales legales.
La incautación del petrolero en el Atlántico Norte coincidió con la captura de un segundo buque en el Caribe, interceptado por la Marina y la Guardia Costera de EE. UU. En este caso, el ejército se refirió al barco como un “petrolero de la flota oscura, sancionado y sin estado”, atribuyéndole “actividades ilícitas en el mar Caribe”. Según Noem, ambas operaciones se llevaron a cabo con una coordinación meticulosa y en un intervalo de pocas horas, lo que destaca la amplitud de la ofensiva estadounidense.
Funcionarios de la administración Trump indicaron que la captura de ambos buques es parte de una misión más amplia contra el narcotráfico, que ahora se expande más allá del Caribe, donde el Pentágono mantiene presencia con un portaaviones y varios destructores. No obstante, el objetivo de dichas operaciones abarca una presión múltiple sobre Venezuela, Irán y Rusia, en un contexto de tensiones internacionales.
Desde el Kremlin, se denunció un enfoque “excesivo” por parte de EE. UU. y la OTAN. El Ministerio de Transporte ruso recordó que la Convención de Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar establece el principio de libertad de navegación en alta mar, una postura que sugiere el riesgo de que las acciones diseñadas para presionar a Caracas puedan tener repercusiones más amplias en las relaciones entre potencias.
Por su parte, la Casa Blanca busca nuevas formas de aumentar la presión sobre Venezuela e Irán, tras la reciente captura del líder venezolano Nicolás Maduro. Trump ha advertido que respondería “con dureza” al régimen iraní si ocurren nuevos ataques contra manifestantes, reforzando una política exterior centrada en la coerción y el uso de la fuerza.
El ministro de Defensa británico, John Healey, afirmó que se utilizaron bases británicas como apoyo logístico, y destacó que el petrolero capturado en el Atlántico Norte, que tiene un historial problemático, es parte de una red ruso-iraní que socava las sanciones y contribuye al terrorismo y a la inestabilidad en Oriente Medio y en Ucrania. Healey se comprometió a intensificar las acciones contra las “flotas en la sombra” para proteger tanto la seguridad nacional como la estabilidad global.
A pesar de las objeciones rusas, la incautación fue vista favorablemente por algunos países europeos, con un funcionario comunitario comentando que la operación “transmite un mensaje claro” a Rusia sobre el uso de redes opacas para el movimiento de petróleo sancionado. En Bruselas y en varias capitales europeas, se considera que esta acción indica la disposición de EE. UU. a endurecer la aplicación de las sanciones, incluso en contextos que podrían cuestionar los límites del derecho internacional.

