Por: Yosbert Vásquez – Politólogo y docente
En el imaginario político tradicional, las campañas electorales se ganan con tres elementos: publicidad, dinero y carisma.
Sin embargo, la evidencia demuestra otra cosa: la mayoría de las campañas fracasa porque nunca entendió el escenario donde estaba jugando.
Este no es un problema de recursos. Es un problema de estrategia.
El error estructural: confundir deseo con realidad
Uno de los fallos más comunes en las campañas es diseñar estrategias basadas en lo que el equipo quisiera que ocurriera, en lugar de partir de lo que realmente está ocurriendo en el terreno político.
Se construyen mensajes ideales, se proyectan escenarios optimistas y se toman decisiones desde la intuición o la presión, no desde el análisis.
El resultado es inevitable: desconexión con la realidad.
La política no se planifica desde la fantasía
El economista y estratega Carlos Matus planteó hace décadas una ruptura fundamental con la planificación tradicional a través de la Planificación Estratégica Situacional (PES).
Su premisa es clara: la política no se planifica desde objetivos abstractos, sino desde situaciones concretas.
Esto implica entender tres elementos clave:
Los actores involucrados
Los conflictos existentes
La correlación de fuerzas
Sin esta lectura, no hay estrategia posible.
Diagnósticos débiles, resultados débiles
Cuando se analizan campañas que fracasan, aparecen patrones recurrentes:
Diagnósticos superficiales
Estrategias copiadas de otros contextos
Desconocimiento del adversario
Subestimación del conflicto político
En síntesis, lo que falta no es esfuerzo, sino pensamiento estratégico.
El error comunicacional: hablar sin escuchar
Otro fallo crítico es que muchas campañas están centradas en sí mismas.
Promesas, slogans, piezas visuales, discursos cuidadosamente elaborados… pero desconectados de la realidad del electorado.
Toda estrategia política debería partir de una pregunta básica:
¿Qué problema real está viviendo el votante?
Cuando esta pregunta no se responde con precisión, la comunicación pierde sentido.
La política es un sistema de interacción.
La PES plantea una idea fundamental: la política es la interacción entre actores que tienen planes distintos.
Esto significa que en una campaña electoral:
El adversario también tiene estrategia
Los medios responden a intereses
Los votantes actúan desde expectativas, miedos y necesidades.
Ignorar esta dinámica equivale a operar a ciegas.
Errores operativos que no son casualidad
Cuando no hay lectura estratégica, aparecen decisiones erráticas:
Se ataca al adversario equivocado.
Se invierten recursos en mensajes irrelevantes.
Se descuidan territorios clave.
Se reacciona tarde ante la crisis.
No es mala suerte. Es ausencia de método.
La estrategia comienza con preguntas incómodas
Las campañas que logran resultados no necesariamente tienen más recursos, pero sí tienen mayor claridad.
Se hacen preguntas que otros evitan:
¿Quién tiene realmente el poder en este escenario?
¿Dónde está la debilidad del adversario?
¿Qué conflicto moviliza al electorado?
¿Qué narrativa puede reorganizar ese conflicto?
Ahí comienza la estrategia.
Entender la campaña como un sistema
La diferencia entre una campaña mediocre y una campaña efectiva no está en el presupuesto.
Está en la capacidad de comprender el proceso electoral como un sistema complejo de fuerzas en disputa.
En palabras de Carlos Matus: “Gobernar es resolver problemas en un campo de fuerzas”.
Una campaña electoral no es más que eso: un campo de fuerzas en tensión constante.
En definitiva…
El fracaso del 80% de las campañas no es un misterio.
Ocurre porque hacen marketing, cuando en realidad deberían estar haciendo estrategia.
Porque comunican, pero no interpretan. Porque actúan, pero no comprenden.
En política, la improvisación se paga caro.


