La guerra en Irán y Líbano no descansa ni en los momentos en que la diplomacia intenta imponerse. Mientras Donald Trump proclamaba desde Washington que “todas las cartas” estaban en manos de Estados Unidos, los misiles seguían trazando arcos sobre el norte de Israel y los muertos en Líbano superaban los 2,496. El alto el fuego anunciado desde la Casa Blanca nació con grietas visibles, y las primeras horas de su vigencia lo confirmaron con cruda precisión.
El alto el fuego que nadie controla del todo
Las Fuerzas de Defensa de Israel confirmaron un ataque contra un lanzacohetes en territorio libanés poco después de que se anunciara la tregua, alegando que el objetivo había disparado hacia la zona de Shtula, en el norte de Israel. El Ejército no aclaró si la acción ocurrió antes o después del anuncio oficial del cese al fuego, un detalle que no es menor: define si Israel violó el acuerdo o respondió a una provocación previa.
El embajador israelí ante la ONU, Danny Danon, fue directo en declaraciones a CNN: el alto el fuego “no es del 100%”. Su argumento apuntó a la falta de control del Gobierno libanés sobre Hezbolá, cuyas facciones, según él, continuaban lanzando cohetes con el propósito de desestabilizar la tregua. La postura israelí es clara: cualquier amenaza activa justifica una respuesta militar, con o sin acuerdo vigente.
Desde el otro lado, el diputado de Hezbolá Ali Fayad rechazó el acuerdo de plano, calificándolo de “sin sentido” ante lo que describió como ataques continuos de Israel. Fayad reivindicó el derecho de la milicia a responder a cualquier ofensiva israelí, cerrando así el círculo de una lógica de escalada que ninguna tregua ha logrado romper del todo. Con ambas partes reservándose el derecho a actuar, el alto el fuego se convierte en un concepto más nominal que operativo.
Lo que revela la gira diplomática de Irán
Mientras el frente libanés ardía, el ministro de Exteriores de Irán, Abás Araqchí, aterrizaba en Omán como parte de una gira diplomática que busca mantener abiertas las vías de negociación sin ceder terreno. Araqchí agradeció públicamente a Pakistán por su papel mediador, pero no ocultó sus dudas sobre la disposición real de Washington para avanzar en las conversaciones. La señal fue inequívoca: Teherán negocia, pero no confía.
Esa desconfianza tiene un detonante concreto. La cancelación por parte de Estados Unidos del viaje de sus enviados a Pakistán generó alarma en los canales diplomáticos, aunque Trump se apresuró a minimizar el episodio, descartando que implicara un regreso inmediato al conflicto abierto con Irán. Sin embargo, la señal que llegó a Teherán fue otra: Washington puede retirar a sus negociadores sin previo aviso, lo que convierte cualquier agenda diplomática en terreno inestable.
Irán, por su parte, mantuvo una postura rígida: no reanudará el diálogo directo con Estados Unidos mientras se mantenga el bloqueo naval. Es una condición que Washington no ha mostrado disposición a levantar, lo que sitúa las negociaciones en un punto muerto estructural. La mediación internacional, con Pakistán y Omán como actores clave, intenta construir puentes sobre ese abismo, aunque el optimismo expresado por las autoridades pakistaníes choca con la dureza de las posiciones en juego.
- Abás Araqchí llegó a Omán en gira diplomática y cuestionó la seriedad de Washington.
- Pakistán canceló la visita de enviados estadounidenses y mantiene su rol mediador.
- Irán condicionó el diálogo directo al levantamiento del bloqueo naval.
- Trump minimizó la cancelación del viaje y reafirmó la presión sobre Teherán.
Líbano: la cuenta de los muertos y la fragilidad del acuerdo
El Ministerio de Salud de Líbano elevó a 2,496 el número de muertos desde el inicio de la escalada, con más de 120,000 desplazados registrados en el país. Son cifras que hablan de una crisis humanitaria que no espera a que los diplomáticos se pongan de acuerdo. El Ejército israelí, mientras tanto, confirmó haber abatido a cuatro miembros de Hezbolá en ataques recientes, lo que subraya que las operaciones militares no se detuvieron con el anuncio del alto el fuego.
En ese contexto, la máxima autoridad religiosa suní de Líbano respaldó el derecho del presidente Joseph Aoun a emprender negociaciones con Israel, desafiando abiertamente la posición de Hezbolá. El gesto tiene peso simbólico: representa una fractura interna en el frente libanés que podría abrir espacio político para un acuerdo más sólido, aunque también expone al presidente Aoun a una presión interna considerable. La Organización de las Naciones Unidas ha seguido de cerca la evolución del conflicto, instando a todas las partes a respetar el alto el fuego y proteger a la población civil.
La fragilidad del alto el fuego no es un accidente: es el resultado lógico de un escenario donde ninguno de los actores principales ha renunciado a sus objetivos de fondo. Israel no acepta una tregua que deje a Hezbolá operativo en su frontera norte. Hezbolá no reconoce un acuerdo que no haya negociado directamente. Irán no dialoga bajo presión militar. Y Trump, que se atribuye el mérito de la tregua, sabe que su margen de maniobra se estrecha cada vez que un cohete cruza la frontera o un enviado cancela un vuelo.

