Santos Badía, ministro de Educación Superior, Ciencia y Tecnología, rompió el silencio este miércoles sobre la denuncia por violencia de género que la periodista Cristal Acevedo presentó en su contra, aunque lo hizo con una declaración que dejó más preguntas que respuestas: “Yo soy un caballero y nunca hablaría de una dama”. Con esa frase, el funcionario marcó el tono de su postura pública frente a un caso que ha sacudido el debate político y mediático del país.
Lo que dijo Santos Badía y lo que eligió no decir
El ministro hizo sus declaraciones durante el Almuerzo Semanal del Grupo de Comunicaciones Corripio, uno de los espacios de mayor visibilidad pública para funcionarios del gobierno dominicano. Lejos de ofrecer una defensa detallada, Santos Badía optó por una estrategia de contención: reconoció la seriedad del asunto, subrayó la importancia de respetar el proceso judicial en curso y se negó a entrar en detalles mientras el caso permanezca bajo revisión en los tribunales.
El funcionario fue enfático al señalar que quienes lo conocen saben que es incapaz de actuar de la manera que se le acusa. Sin embargo, no ofreció evidencias ni argumentos concretos para refutar los cargos, limitándose a apelar a su reputación personal y a su condición de caballero como escudo discursivo. Esa postura, calculada o no, ha generado reacciones encontradas en la opinión pública.
Destitución, familia y el peso de la acusación
Santos Badía también abordó las posibles consecuencias institucionales del caso. Ante la pregunta de si teme ser destituido de su cargo, el ministro respondió que no le preocupa ese escenario, aunque sí reconoció abiertamente el impacto que la situación está teniendo sobre su entorno más cercano. La mención a su familia fue uno de los pocos momentos en que el funcionario abandonó el tono controlado y dejó entrever la dimensión personal de la crisis.
El ministro reiteró que formulará su posición formal cuando llegue el momento procesal adecuado y que, hasta entonces, seguirá concentrado en sus responsabilidades al frente del Ministerio de Educación Superior, Ciencia y Tecnología. Esa declaración, en sí misma, es una señal de que el funcionario no tiene intención de renunciar ni de apartarse voluntariamente del cargo en el corto plazo.
El caso que puso a Santos Badía en el centro del debate
La querella fue interpuesta por la periodista Cristal Acevedo, cuya denuncia por violencia de género contra un alto funcionario del gobierno encendió la atención pública de inmediato. La gravedad de las acusaciones, combinada con el perfil del implicado, convirtió el caso en un punto de inflexión en la conversación sobre el ejercicio del poder y la protección de las mujeres frente a sus abusos.
Los hechos denunciados aún están siendo evaluados por la justicia, y el proceso se encuentra en una etapa preliminar. No obstante, la repercusión pública ya es considerable: el caso ha movilizado voces del periodismo, la política y la sociedad civil, y ha puesto sobre la mesa preguntas incómodas sobre los mecanismos de rendición de cuentas para quienes ocupan posiciones de poder. Santos Badía, por ahora, ha elegido el silencio estratégico como respuesta. Lo que diga —o no diga— en las próximas semanas definirá en buena medida cómo se recuerda su gestión al frente del ministerio.

