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El dedo que se hizo partido

El dedo que se hizo partido
Por: Pedro Morales – Consultor en IA, automatizaciones y marketing digital con experiencia en gestión de crisis, director ejecutivo del grupo de medios La Nave Digital, fundador del periódico digital Liderazgo Noticioso y de la agencia de automatizaciones IA Liderazgo Digital MS.

“Un like no es voto.” Es la frase con la que los estrategas de la vieja política se arropan cada noche. La repiten como un rezo, convencidos de que el ruido digital es humo que el viento se lleva. ¿Y si fuera esa misma frase y no un adversario la que los deje fuera del poder en 2028?

Mientras la repetían, el fenómeno se hizo carne. Santiago Matías, Alofoke, fundó su partido Dominicanos Primero, rechazó las candidaturas que le ofrecieron más de quince organizaciones, incluido el Reformista, y hasta Polymarket, la plataforma global de mercados de predicción, abrió su primer mercado sobre un dominicano. El domingo, en el Parque Central de Santiago, la teoría se puso a prueba en la calle: el “like” formó fila. Cientos de personas salieron de la pantalla y se pararon bajo el sol a firmar.

En marzo, en estas mismas páginas, escribí sobre “el candidato que aún no tiene nombre”: una derecha dominicana que medía el mercado y esperaba su momento. Hoy ese candidato sin nombre ya tiene algo más terco que un nombre: tiene partido y tiene fila.

Y tiene, sobre todo, un dedo. En noviembre de 2025, en la final de La Casa de Alofoke 2, Santiago Matías levantó la mano y aseguró que con ese dedo se escogería al próximo presidente en 2028. Muchos se rieron; lo despacharon como bravuconada de farándula. Yo lo analicé entonces como lo que era: la versión criolla del kingmaker, el que no se postula pero reparte la corona. Nueve meses después, el dedo dejó de señalar a otros. Se hizo partido.

El marketing del siglo XX no entiende el del XXI

Los equipos tradicionales miden lo que aprendieron a medir: vallas, caravanas, brigadas, tarima y sonido alquilado. Es el arsenal de un siglo que ya cerró. En el nuevo, la moneda escasa no es el afiche: es la atención. Y Alofoke administra una reserva de atención que ningún partido tradicional puede comprar, porque no se compra se construye durante años, contenido a contenido, madrugada a madrugada.

“Un like no es voto”, repiten. Pero casi ningún voto nace sin atención, y la atención, hoy, se mide en likes. Confundir la herramienta con el resultado es el error clásico de quien llega tarde a una tecnología: la desprecia justo antes de que lo desplace.

El desdén no es análisis. Es miedo con corbata.

La ola no se detiene en la frontera

Lo advertí en febrero: la derecha ganaría en Colombia y a la República Dominicana, tarde o temprano, la obligarían a tomar partido. No lo recuerdo para cobrar el pronóstico; lo recuerdo porque el mapa ya lo confirmó. En Colombia, Abelardo de la Espriella ultraderecha de espectáculo, manual Bukele, discurso de outsider no solo compitió: gobierna desde este mes. En Honduras, Nasry Asfura ganó con el respaldo abierto de Trump, que llegó a advertir por su propia red que “habría un precio que pagar” si le cambiaban el resultado. En Chile, Kast. La marea que muchos nombraban con pinzas ya reparte despachos presidenciales.

Y en el centro de esa lógica aterriza una embajadora que no es una embajadora cualquiera. Leah Francis Campos llegó designada por Trump, tras más de una década en la CIA. Desde entonces cultiva en público a Alofoke con una constancia difícil de leer como coincidencia: lo invitó a su celebración del Freedom 250 en La Vega, coincidió con él en el Grupo Bonyé, compartió palco en la final del Mundial. No afirmo que Washington tenga candidato. Pregunto por el patrón. Porque la derecha internacional no reparte casualidades: reparte señales.

¿La derecha ensayando su unificación?

En marzo nombré a los avanzadores: Ramfis Domínguez Trujillo, cuyo Esperanza Democrática le pasó por encima al histórico PRD en votos en 2024; la Fuerza Nacional Progresista, que ocupa el espacio de orden y autoridad desde hace décadas; y, sobre todo, Fernando Abreu, con su Patria Libre reconocido por el CPAC y admitido en el Foro Madrid, el alero de Milei, Abascal, Meloni y el bolsonarismo. Es la tubería que enchufa a la derecha local con la internacional.

A ese tablero se suma ahora una imagen. Algunas que circulan en redes muestran a Santiago Matías con un uniforme parecido al de la Antigua Orden Dominicana —boinas negras, estética paramilitar— y, en los comentarios, brotando el lema “Dios, Patria, Libertad”, que es exactamente el de la organización de Angelo Vásquez. ¿Un guiño hacia Angelo, o la señal de que ya existe una cercanía pactada?

La Antigua Orden jura que no será partido. Puede ser. Pero trece mil, treinta mil nacionalistas no se evaporan por no tener boleta: no ponen candidato, cargan una preferencia. Tres piezas dispersas un fenómeno mediático con reservas de atención, un movimiento de calle con músculo nacionalista y un partido con pasaporte ideológico internacional que ninguna gobierna sola. Juntas, ensayan un presidente.

Las preguntas que quedan

Puede que 2028 esté más cerca de lo que la vieja política cree, y escrito en un idioma que nunca aprendió a hablar. Así que las preguntas se las dejo a usted, que llegó hasta aquí:

¿Veremos a un dominicano recibido en el Salón Oval, con el espaldarazo de Washington, como ya lo vimos en Tegucigalpa? ¿Está la clase política tradicional contando votos mientras el país entero mide atención? ¿Y el día que el like se haga fila, y la fila se haga voto, quién le explicará a los estrategas del siglo pasado que la partida se jugaba en un tablero que decidieron no mirar?

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