La odontología moderna puede salvar piezas dentales que décadas atrás probablemente habrían terminado en una extracción. Sin embargo, miles de personas siguen llegando a consulta cuando el daño ya es demasiado grande. ¿Qué está fallando? Pierde los dientes.
Por Dr. Richard Pichardo
Odontólogo
Hace algunas décadas, perder varios dientes durante la vida adulta podía asumirse casi como parte natural del envejecimiento. Todavía escuchamos expresiones como: “A mi edad es normal que se aflojen los dientes” o “En mi familia todos terminamos usando prótesis”.
Pero perder los dientes no es una consecuencia inevitable de cumplir años.
Hoy contamos con mejores materiales restauradores, tratamientos de conductos, terapias periodontales, técnicas quirúrgicas, rehabilitación oral, implantes, mejores métodos diagnósticos y un conocimiento mucho mayor sobre cómo prevenir las enfermedades bucales.
Entonces surge una pregunta aparentemente sencilla:
¿Por qué seguimos perdiendo dientes?
La respuesta no está solamente en lo que ocurre dentro de un consultorio odontológico. También está en cuándo decidimos entrar a él.
El problema muchas veces comenzó años antes
Pocas personas pierden un diente sano de un día para otro.
Salvo accidentes, traumatismos y determinadas condiciones particulares, detrás de muchos dientes que finalmente deben ser extraídos existe una historia que comenzó mucho antes.
Puede comenzar con una pequeña caries.
Al principio no duele.
Pasan los meses y continúa avanzando. Un día aparece sensibilidad al frío. Después desaparece y la persona piensa que el problema se resolvió.
Pero no necesariamente fue así.
La lesión puede continuar hasta comprometer estructuras más profundas del diente. Posteriormente puede aparecer dolor, infección, fractura o pérdida considerable de tejido dental.
Lo que quizás pudo resolverse inicialmente mediante un procedimiento relativamente sencillo puede terminar requiriendo un tratamiento mucho más complejo o, en determinadas circunstancias, hacer imposible conservar la pieza.
La Organización Mundial de la Salud señala que la caries dental no tratada en dientes permanentes continúa siendo la condición de salud más frecuente según el estudio Global Burden of Disease 2021. También reconoce las caries avanzadas y las enfermedades periodontales graves entre las principales causas de pérdida dentaria.
La paradoja, entonces, no es que falten tratamientos.
Con demasiada frecuencia falta tratamiento a tiempo.
“Doctor, pero a mí no me duele”

Probablemente sea una de las frases que más escuchamos los odontólogos.
Y encierra uno de los principales problemas de la salud bucal: hemos convertido el dolor en nuestro sistema personal de diagnóstico.
Si no duele, creemos que estamos bien.
Sin embargo, muchas enfermedades bucales pueden avanzar silenciosamente.
Una caries puede existir sin provocar dolor durante una parte importante de su evolución. La enfermedad periodontal puede destruir progresivamente el hueso que sostiene los dientes mientras el paciente apenas observa sangrado de las encías, mal aliento o una movilidad que aparece cuando el problema ya está avanzado.
Por eso, ausencia de dolor no significa necesariamente ausencia de enfermedad.
El dolor es una señal importante, pero no debería ser la señal que determine cuándo visitamos al odontólogo.
Hay dientes que no se pierden por caries
Cuando pensamos en perder un diente solemos imaginar inmediatamente una caries enorme.
Pero existe otro enemigo menos comprendido: la enfermedad periodontal.
La periodontitis afecta los tejidos que rodean y sostienen los dientes. Conforme progresa, puede producir pérdida del hueso de soporte. El diente puede estar aparentemente entero y, sin embargo, comenzar a moverse porque su estructura de sostén está siendo destruida.
La OMS estima que las formas graves de enfermedad periodontal afectan a más de mil millones de personas en el mundo.
Aquí aparece otra situación frecuente: el sangrado de las encías se normaliza.
“Siempre me sangran cuando me cepillo”.
“Eso me pasa desde hace años”.
Precisamente ese “desde hace años” debería llamar nuestra atención.
Una encía sana no debería sangrar habitualmente durante una higiene oral realizada correctamente. El sangrado persistente merece evaluación profesional.
El factor económico también existe
Sería injusto reducir todo el problema a que “las personas no se cuidan”.
La realidad es mucho más compleja.
Existen personas que conocen su problema dental, quieren solucionarlo y simplemente no pueden asumir inmediatamente el costo del tratamiento. Otras viven lejos de los servicios odontológicos, tienen horarios laborales difíciles o priorizan necesidades familiares que consideran más urgentes.
La propia OMS reconoce el costo y el acceso insuficiente a los servicios de salud bucodental como barreras importantes, especialmente en países de ingresos bajos y medianos.
En las Américas, la Organización Panamericana de la Salud ha advertido además que las enfermedades orales representan un importante problema de salud pública.
Por eso la pérdida dental también tiene una dimensión social.
Pero existe una realidad que vale la pena comprender: posponer un problema dental frecuentemente no lo hace más económico.
Una pequeña restauración puede convertirse posteriormente en un tratamiento de conductos y una rehabilitación. Un problema periodontal inicial puede avanzar hasta necesitar tratamientos más complejos. Y una pieza que finalmente se pierde puede requerir una prótesis o un implante para recuperar adecuadamente la función.
Prevenir no solamente protege dientes. En muchas ocasiones también protege el bolsillo.
Extraer no siempre es la solución más sencilla
Existe además una idea que deberíamos abandonar: “Si ese diente está dando problemas, sáquelo y ya”.
Hay situaciones en las que una extracción está perfectamente indicada y representa la decisión correcta. No todos los dientes pueden ni deben conservarse a cualquier costo.
Pero cuando existe un pronóstico razonable, conservar un diente natural merece ser considerado.
Porque después de una extracción comienza otra conversación.
¿Cómo reemplazaremos ese diente?
¿Con una prótesis removible? ¿Un puente? ¿Un implante? ¿Es necesario reemplazarlo inmediatamente? ¿Cómo afectará su ausencia a la masticación, la estética o la distribución de las fuerzas?
Cada paciente requiere una evaluación individual.
La extracción puede terminar con el problema de un diente, pero no siempre termina con la necesidad odontológica del paciente.
Tampoco existe un tratamiento capaz de vencer todos los hábitos
La tecnología ha avanzado enormemente, pero ningún material odontológico es indestructible.
Una restauración necesita cuidado.
Una corona necesita higiene.
Un implante necesita mantenimiento.
Un tratamiento periodontal necesita seguimiento.
Y los dientes naturales también necesitan atención durante toda la vida.
Podemos realizar un excelente tratamiento, pero si continúan una higiene deficiente, el consumo frecuente de azúcares, el tabaquismo, el bruxismo no controlado o años sin revisiones profesionales, aparecerán nuevos riesgos.
La odontología moderna puede hacer cosas extraordinarias.
Pero no puede sustituir permanentemente la prevención.
El verdadero avance no es colocar más implantes
Los implantes dentales representan uno de los grandes avances de la odontología y han transformado la vida de millones de personas que han perdido dientes.
Pero sería un error interpretar su existencia como una razón para preocuparnos menos por nuestros dientes naturales.
El éxito de la odontología del futuro no debería medirse únicamente por cuántos dientes somos capaces de reemplazar.
También debería medirse por cuántos conseguimos evitar que se pierdan.
Ese cambio comienza cuando dejamos de entender al odontólogo únicamente como el profesional al que acudimos cuando algo duele.
La consulta preventiva permite identificar caries pequeñas, inflamación gingival, enfermedad periodontal, desgastes, fracturas, problemas en restauraciones existentes y muchas otras alteraciones antes de que alcancen etapas más difíciles de tratar.
Perder los dientes no debería asumirse como parte de envejecer
Quizás este sea el mensaje más importante.
Cumplir 50, 60, 70 u 80 años no significa que nuestros dientes tengan una fecha de vencimiento.
La pérdida dental suele ser el resultado final de enfermedades, traumatismos y otros factores acumulados durante la vida; no simplemente del paso de los años.
De hecho, la Organización Mundial de la Salud considera que gran parte de las enfermedades bucodentales pueden prevenirse y tratarse en sus etapas iniciales.
Tenemos más conocimiento.
Tenemos mejores materiales.
Tenemos mejores técnicas.
Tenemos mejores posibilidades diagnósticas.
Y tenemos tratamientos capaces de conservar dientes que anteriormente se habrían perdido.
Pero hay algo que ninguna tecnología puede recuperar: el tiempo que dejamos pasar.
La pregunta, entonces, quizás no debería ser por qué seguimos perdiendo dientes teniendo tantos tratamientos.
La pregunta que cada uno debería hacerse es otra:
¿Estoy esperando a que me duela para comenzar a cuidar lo que todavía puedo conservar?


