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Pedro Sánchez adelanta elecciones en España para frenar la ola de Trump

Pedro Sánchez adelanta elecciones en España para frenar la ola de Trump
Por: Pedro Morales – Consultor en asesoría política, en IA, automatizaciones y marketing digital con experiencia en gestión de crisis, director ejecutivo del grupo de medios La Nave Digital, fundador del periódico digital Liderazgo Noticioso y de la agencia de automatizaciones IA Liderazgo Digital MS.

Pedro Sánchez adelanta elecciones en España ¿Qué tan seguro está de su proyecto un presidente que, para pedirte el voto, necesita advertirte que si votas a otro estás eligiendo el abismo?

Pedro Sánchez anunció este lunes la disolución de las Cortes y convocó elecciones generales para el 29 de noviembre, un año antes de lo previsto. La razón oficial es un Congreso que le tumbó sus decretos de vivienda y una mayoría que hace tiempo dejó de existir. La razón de fondo hay que buscarla en el discurso. Y en el calendario.

Cuando un gobierno pierde a la vez el control de su frontera y de su propia narrativa, como ocurrió con Ceuta este verano, ya no gobierna: administra el tiempo que le queda. A Sánchez ese tiempo se le acabó antes de lo que él mismo calculaba.

El miedo como programa

“Si deseáis sumaros a esa ola ultraderechista que involuciona…”, dijo Sánchez. Y advirtió que la alternativa es “entregar las riendas del país a una coalición ultraderechista” que viene a “recortar los derechos y las libertades”.

Traducido al castellano de la calle: o me votas a mí, o eres parte de la ola.

Ver publicación en instagram de Alex Celada:

Conviene precisar quién habla, dirigiéndose a todo un país, no es un candidato en un mitin de fin de semana. Es el presidente del Gobierno, en el acto institucional más solemne que tiene a su alcance: devolverle la palabra a los ciudadanos. Y usa ese momento no para pedir el voto, sino para condicionarlo moralmente.

En democracia tienes derecho a votar a quien quieras sin que el presidente del Gobierno te diga que, si votas a otro, estás votando por el infierno. Decirle a un ciudadano que su voto lo convierte en cómplice no es persuasión. Es coerción con lenguaje de campaña.

Tampoco es nuevo. En su investidura de 2023, Sánchez prometió “levantar un muro” frente a la derecha. Tres años después, el muro sigue siendo su programa más reconocible. Y es el mismo reflejo que mostró con Ceuta: cuando la realidad lo incomoda, el culpable siempre es la ultraderecha.

El problema de gobernar detrás de un muro es que terminas sin ver lo que pasa al otro lado.

Y al otro lado está pasando mucho.

La ola no se detiene en los Pirineos

Veinticuatro horas antes del anuncio, Brasil votó. Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente, sacó el 47% frente al 45% de Lula. Es la primera vez que la derecha le gana una primera vuelta a Lula da Silva. Habrá balotaje el 25 de octubre, pero el mensaje ya llegó a Madrid.

¿Casualidad de calendario? Quizás. Pero en política las casualidades suelen tener asesores.

Brasil no es un hecho aislado: es una pieza más de un mapa que se ha ido pintando de un solo color. Milei en Argentina. Kast en Chile. Y del otro lado de los Pirineos, una Francia que llega a sus presidenciales de 2027 con un primer ministro acusado de haber perdido el control de la calle y con Marine Le Pen entre los dos nombres con más opciones.

Sánchez no está adelantando unas elecciones. Está intentando frenar una ola antes de que termine de rodear a España. Su cálculo es sencillo: las encuestas dan al PP como primera fuerza sin mayoría propia, y Vox sería decisivo para formar gobierno. Por eso el discurso no le habla a Feijóo. Le habla al miedo a Vox. La apuesta es que ese miedo movilice más que el desgaste de ocho años en el poder.

Trump y la ola de derecha: la punta del iceberg

Toda ola tiene un epicentro, y esta lo tiene en Washington. El regreso de Donald Trump a la Casa Blanca cambió los límites de lo decible. Gobiernos y candidatos de derecha dejaron de pedir perdón por hablar de fronteras, de seguridad, de energía o de familia. A eso Sánchez le llama “involución”. Millones de votantes, de Brasilia a Santiago, le llaman sentido común.

No es casual que en su discurso apareciera una cruzada contra “los tiranos y los tecno-oligarcas”. Tampoco que España fuera el único aliado de la OTAN que se plantó ante el 5% de gasto en defensa que impulsó Trump. Sánchez eligió a Trump como su adversario favorito, porque un enemigo externo siempre es más cómodo que un balance interno.

Y el balance interno es el de una agenda que llegó a tener ministerio propio con apellido “Agenda 2030”. Una agenda que prometía derechos y progreso, y que llega a 2026 con jóvenes que no pueden pagar un alquiler y con decretos de vivienda que ni sus propios socios quisieron votar. El desorden no lo trajo la ola. La ola es la respuesta al desorden.

Ahora bien, la derecha que viene tampoco recibe un cheque en blanco. Si Feijóo necesita a Vox para gobernar, tendrá que demostrar que sabe sostener una coalición incómoda sin repetir el error que hundió a Sánchez: gobernar para los socios y no para el país.

Las preguntas que quedan en la urna

¿Puede llamarse plenamente libre un voto que llega precedido de una advertencia moral desde la Moncloa? ¿Si la ola es tan peligrosa, por qué no deja de crecer en cada país donde se abren las urnas? ¿Y si el 29 de noviembre los españoles deciden que el problema nunca fue la ola, sino el muro, quién le explicará a Pedro Sánchez que esa ola no la trajo Trump, sino sus propios votantes cansados?.

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