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Costa Rica inaugura megacárcel modelo Bukele

Costa Rica inaugura megacárcel modelo Bukele

Costa Rica dio este miércoles un paso sin precedentes en su política de seguridad: la presidenta Laura Fernández inauguró el Centro de Alta Contención contra el Crimen Organizado (CACCO), una megacárcel modelo Bukele diseñada para albergar a los prisioneros más peligrosos del país y convertir a la nación centroamericana en un referente mundial en materia penitenciaria. La obra, que demandó una inversión de 35 millones de dólares, representa la apuesta más ambiciosa del Gobierno costarricense frente a una ola de violencia que ha marcado cifras históricas de homicidios en los últimos años.

La megacárcel modelo Bukele que cambia el mapa penitenciario de Costa Rica

El CACCO se levanta junto a la prisión de máxima seguridad La Reforma, a unos 25 kilómetros de San José, y tiene capacidad para albergar a 5.100 reos. Su diseño y filosofía operativa están inspirados directamente en el Centro de Confinamiento del Terrorismo (CECOT) de El Salvador, el símbolo más visible de la guerra declarada por el presidente Nayib Bukele contra el crimen organizado en ese país. No es una coincidencia: Costa Rica ha mirado abiertamente hacia el modelo salvadoreño como hoja de ruta para enfrentar una criminalidad que, según los datos, no da tregua.

Durante el acto inaugural, la presidenta Fernández no escatimó en declaraciones de peso. “Hoy estamos marcando un antes y un después en la seguridad penitenciaria y nacional. A partir de hoy, nuestro país será un referente mundial en esta área. Vamos a defender nuestra patria con todas nuestras fuerzas”, afirmó ante las autoridades presentes. Las palabras reflejan la magnitud política que el Gobierno le atribuye a esta infraestructura, más allá de su función carcelaria.

El legado de Chaves y la influencia directa de Bukele

Detrás de este proyecto hay una figura clave: el exmandatario Rodrigo Chaves, hoy ministro de la Presidencia y de Hacienda, quien promovió y lideró la iniciativa durante su gestión. La propia presidenta Fernández le agradeció públicamente su impulso. Chaves, lejos de celebrar con euforia, describió la obra como un “monumento triste”, una frase que condensa la paradoja de construir una infraestructura de esta escala: es un logro institucional que, al mismo tiempo, evidencia el nivel de deterioro en la seguridad del país.

La conexión con El Salvador es directa y documentada. En diciembre del año pasado, Chaves visitó personalmente el CECOT salvadoreño y recorrió sus instalaciones. Meses antes, en noviembre de 2024, Bukele había viajado a Costa Rica y advirtió públicamente sobre los “síntomas” de criminalidad que observaba en el país, comparándolos con los que El Salvador enfrentó antes de que las pandillas tomaran el control. Esa visita aceleró el consenso político en torno a la necesidad de una respuesta estructural.

  • Inversión total: 35 millones de dólares
  • Capacidad: 5.100 reos
  • Ubicación: junto a La Reforma, a 25 km de San José
  • Modelo de referencia: CECOT de El Salvador
  • Promotor original: exmandatario Rodrigo Chaves

Los números que explican por qué Costa Rica llegó a este punto

La decisión de construir una megacárcel de esta envergadura no surge del vacío. Los datos oficiales sobre homicidios en Costa Rica dibujan una curva ascendente que ha encendido todas las alarmas. En 2023 se registraron 905 homicidios, la cifra más alta de la historia del país. En 2024, el número descendió levemente a 876, pero en lo que va de 2025 ya se contabilizan 873 homicidios, la tercera cifra más alta registrada, con una tasa de 16,7 por cada 100.000 habitantes. Tres años consecutivos entre los más violentos de la historia costarricense constituyen una presión política y social difícil de ignorar.

En ese contexto, el CACCO no es solo una cárcel: es una declaración de intenciones. El Gobierno apuesta por la contención dura de los líderes del crimen organizado como palanca para romper las estructuras delictivas desde adentro, replicando la lógica que Bukele aplicó en El Salvador con resultados que, aunque cuestionados por organismos de derechos humanos, han generado un impacto visible en las estadísticas de violencia salvadoreñas. Costa Rica, con su tradición democrática y su histórica ausencia de ejército, enfrenta ahora el desafío de adaptar ese modelo a su propia realidad institucional.

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