La seguridad de RD no depende de lo que ocurra al otro lado de la frontera. Esa fue la declaración central del presidente Luis Abinader durante una entrevista con la periodista Ghida Fakhry, realizada en el marco de su visita a Roma y divulgada esta semana. Con un tono firme y sin ambigüedades, el mandatario dominicano dejó claro que el Estado tiene los recursos militares y tecnológicos para contener cualquier desbordamiento de la violencia haitiana, y que la responsabilidad de resolver la crisis en la nación vecina no recae sobre República Dominicana.
Lo que Abinader garantiza y lo que no
El presidente fue categórico al trazar los límites de su compromiso. “Lo único que puedo garantizar es la paz en República Dominicana, con nuestras Fuerzas Armadas, nuestros militares y nuestra Policía”, declaró. Esa garantía, sin embargo, no se extiende al territorio haitiano ni al éxito de la fuerza internacional desplegada para combatir las pandillas que controlan gran parte del país vecino.
Cuando fue consultado sobre la efectividad de esa misión multinacional, Abinader respondió sin rodeos: “No, no puedo garantizar eso”. Su escepticismo tiene respaldo histórico: misiones internacionales anteriores no lograron estabilizar Haití, y la situación actual es considerablemente más compleja dado el nivel de control territorial que ejercen las organizaciones criminales. Aun así, reconoció que si la fuerza —que debería alcanzar los 5,400 efectivos y podría desplegarse hacia finales de febrero— trabaja en coordinación con la Policía Nacional haitiana y aplica una estrategia coherente, existe la posibilidad de recuperar territorios dominados por las pandillas.
La frontera como primera línea de la seguridad de RD
Los números detrás de la postura dominicana son concretos. Actualmente, 11,000 militares patrullan los 395 kilómetros de frontera, apoyados por drones, aeronaves y equipos de vigilancia tecnológica. Al cierre de este año, el país contará con 75 kilómetros de verja fronteriza, instalada principalmente en las zonas con mayor concentración de población haitiana del lado occidental. El impacto ya es medible: esa infraestructura ha contribuido a reducir en un 85 % los robos de ganado, vehículos y motocicletas en dichas áreas.
Ante la presión internacional sobre la responsabilidad humanitaria de República Dominicana frente a la crisis haitiana, Abinader fue igualmente directo: “Mi responsabilidad comienza en la frontera, garantizando una frontera más segura”. Defendió la aplicación de las leyes migratorias dominicanas y rechazó que la solución a la crisis pase por acoger a la población haitiana en territorio dominicano. La entrevista, cabe señalar, se realizó antes de que la situación se agravara con el secuestro de cuatro soldados de El Salvador, un episodio que añadió urgencia al debate regional.
Por qué una Haití estable también beneficia a RD
Más allá de la postura defensiva, Abinader reconoció que la estabilización de Haití tendría beneficios directos para ambos países y para toda la región. Una Haití funcional reduciría la presión migratoria, disminuiría los riesgos de seguridad transfronteriza y aliviaría tensiones diplomáticas que hoy pesan sobre la relación bilateral. El presidente también señaló la profunda disparidad económica entre las dos naciones y subrayó que quienes más sufren la violencia son los haitianos pobres, aquellos que no tienen recursos para abandonar su país.
Con todo, Abinader reiteró que República Dominicana seguirá promoviendo una solución internacional a la crisis, pero con una condición innegociable: la responsabilidad de resolverla recae, en última instancia, en los propios haitianos. La seguridad de RD, insistió, está garantizada con o sin esa solución. Para conocer más sobre los esfuerzos internacionales en la región, puede consultar la información oficial de la Organización de las Naciones Unidas, que coordina la respuesta multilateral a la crisis haitiana.

