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Brasil elige entre Lula y el retorno del bolsonarismo

Brasil elige entre Lula y el retorno del bolsonarismo

Brasil vive este domingo una jornada electoral que va mucho más allá de una simple disputa por el poder. Más de 156 millones de brasileños acuden a las urnas para decidir entre dos proyectos de país radicalmente opuestos: el continuismo del presidente Luiz Inácio Lula da Silva y el retorno del bolsonarismo encarnado en Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro. Lo que está en juego no es solo un gobierno, sino el rumbo de las instituciones democráticas del gigante sudamericano.

El empate que lo dice todo sobre Brasil

Las encuestas llegan a esta segunda vuelta con una señal inequívoca: Brasil está partido en dos. Según Datafolha, ambos candidatos se encuentran en un empate técnico con el 50% de los votos válidos cada uno. La consultora Quaest, por su parte, otorga una ligera ventaja a Flávio Bolsonaro con el 45% frente al 44% de Lula, aunque este último ha logrado reducir su nivel de rechazo hasta el 47%, una cifra que sigue siendo elevada y que condiciona cualquier lectura optimista de su campaña.

Este empate no es un accidente estadístico. Es el reflejo de una fractura social profunda que trasciende a los candidatos y que se ha ido consolidando durante años de polarización creciente. El comportamiento del electorado en esta jornada estará determinado tanto por las propuestas programáticas como por el rechazo visceral al adversario, un fenómeno que los analistas denominan voto negativo y que en Brasil ha alcanzado dimensiones históricas.

Dos modelos de país frente a frente

Lula y Flávio Bolsonaro no solo representan partidos distintos: encarnan visiones antagónicas sobre el rol del Estado, la economía y la seguridad. El presidente en ejercicio llega a esta segunda vuelta con el peso de su legado, especialmente el programa Bolsa Familia, que ha sido el eje de su discurso social, pero también con el desgaste acumulado por escándalos de corrupción y las dificultades para gobernar con un Congreso mayoritariamente conservador.

Frente a él, Flávio Bolsonaro propone una agenda que incluye:

  • Reducción del gasto público y un programa de privatizaciones.
  • Una política de seguridad de mano dura inspirada en el modelo de Nayib Bukele en El Salvador, con penas más severas.
  • La reducción de la edad penal como medida central en materia criminal.
  • El apoyo del bloque conocido como ‘centrão’, que agrupa intereses legislativos diversos y que resulta clave para la gobernabilidad.

Un eventual triunfo de Flávio Bolsonaro abriría además un escenario políticamente sensible: la posibilidad de facilitar el indulto de su padre, Jair Bolsonaro, quien cumple actualmente arresto domiciliario tras ser condenado por su implicación en el intento de golpe de Estado de 2022. Este factor ha añadido una carga simbólica adicional a una campaña que ya de por sí concentraba toda la tensión política del país.

La batalla digital que define el retorno del bolsonarismo

Más allá de los mítines y los debates, esta elección también se ha librado en las redes sociales, y ahí el bolsonarismo ha demostrado una eficacia superior. La maquinaria digital del movimiento ha logrado instalar narrativas con mayor velocidad y alcance, lo que llevó a Lula a solicitar al Tribunal Superior Electoral que investigara el tratamiento que plataformas como Meta dispensan a su candidatura frente a la de su rival. La denuncia pone sobre la mesa una pregunta que no tiene respuesta fácil: hasta qué punto los algoritmos de las grandes plataformas están incidiendo en el resultado de una elección que el mundo observa con atención.

El escenario poselectoral tampoco se presenta sencillo para ninguno de los dos candidatos. Si Lula logra la reelección, deberá enfrentarse a un Congreso hostil que ha bloqueado o condicionado buena parte de sus iniciativas. Si triunfa el retorno del bolsonarismo, el nuevo gobierno encontrará resistencia en los movimientos sociales y ambientales, aunque contará con una arquitectura legislativa más favorable. En cualquier caso, Brasil amanecerá el lunes con la mitad del país insatisfecha, y esa es quizás la certeza más sólida de esta jornada electoral.

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