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DECLARACIÓN OFICIAL DE LA FUERZA NACIONAL PROGRESISTA ANTE LOS GRAVES CONFLICTOS REGIONALES

DECLARACIÓN OFICIAL DE LA FUERZA NACIONAL PROGRESISTA ANTE LOS GRAVES CONFLICTOS REGIONALES

Santo Domingo.- La Fuerza Nacional Progresista, ante el inminente desarrollo de una confrontación bélica en la región Gran Caribe, con proyección continental y mundial, por medio de la presente declaración pública siente su deber expresar las siguientes reflexiones y propuestas:

  1. Instamos al Presidente Abinader, como Jefe de Estado y Jefe de Gobierno, a producir una definición clara e inequívoca en relación al mayor desafío que enfrenta la nación dominicana en toda su existencia. Es evidente, a la vez que deplorable y peligroso, que el Pacto de Nación para Políticas Públicas de Estado en relación a la crisis de Haití —la más compleja y antigua del continente—, suscrito el 26 de octubre del 2023, no se esté ejecutando cabalmente y con visión integral; y que tampoco, el diálogo de alto nivel con los expresidentes, los partidos mayoritarios, y las fuerzas representadas en el Consejo Económico y Social, haya arrojado al día de hoy —4 meses después de haber sido convocado— consensos adecuados para una acción de Estado como lo requieren las circunstancias. Al contrario, lo que se percibe es un intento de complacer las demandas injustificadas de sectores poderosos del alto empresariado y la sociedad civil postiza, que responden a su vez a las directrices de embajadas extranjeras y organismos internacionales. Asimismo, con motivo de ese relajamiento o repliegue de la acción estatal, resulta obvio que se han incrementado los incidentes fronterizos y los choques violentos entre dominicanos y haitianos, con todo el potencial de detonar un conflicto insular.

Reclamamos que en lo inmediato se asuma la agenda prioritaria que formulamos hace cerca de un mes, que está dirigida a involucrar al pueblo dominicano a la defensa de sus derechos inalienables como nación, y que fuera consignada en la declaración que emitimos el pasado 13 de agosto con el título Dos reclamos al Presidente Abinader…

  1. En los hechos, la débil respuesta del Estado Dominicano, está provocando que últimamente se hayan disparado los flujos de haitianos hacia el territorio nacional, que advertimos están siendo financiados con grandes recursos de obscura procedencia y cuentan con estructuras locales de protección y apoyo para su asentamiento en el territorio dominicano, con el evidente designio criminal de convertir a República Dominicana en una Nación de Refugio. Sobre este respecto, informamos que la versión íntegra del Plan de Contingencia sobre Flujos Masivos de Migrantes, elaborado en el 2019 por el Instituto Nacional de las Migraciones, según se nos ha informado, ha desaparecido de los archivos de esa institución. Ese documento es importante para sustanciar la denuncia penal que estamos preparando desde la Fuerza Nacional Progresista y otras organizaciones ciudadanas y patrióticas, que radicaremos ante la Procuraduría General de la República, en relación a la ejecución de crímenes internacionales de alta inteligencia, sofisticación y ejecución continua, contrarios al derecho internacional y a la seguridad interior y exterior del Estado Dominicano. Crímenes que fueron denunciados por el Senador Marco Rubio, actual Secretario de Estado de EEUU, en abril del año pasado, y que, de modo principal, involucran a Amnistía Internacional y actores de poder en EEUU.

3.Es importante tener presente que el régimen dictatorial y encanallado de Nicolás Maduro y las corrientes políticas ideológicas que representa, así como regímenes que integran el ALBA/TPC- no solo constituyen un factor de alteración del orden público internacional y una amenaza a la paz y la estabilidad en la región, por sus fuertes vínculos con el Crimen Organizado Transnacional-, sino que en el caso específico de las contradicciones dominico-haitiana- han sido actores muy hostiles contra los intereses de la República Dominicana. No olvidemos nunca los dominicanos la amenaza abierta que nos lanzó Nicolás Maduro cuando sentenció: “el que se mete con Haití se mete con Venezuela”. Tampoco olvidemos la maniobra artera que montó el régimen de Caracas tanto en la Cumbre del CELAC de La Habana como en la posterior reunión en Caracas el 2013, convocando a los presidentes Medina y Martelly, para socavar y mediatizar la Sentencia TC 168/13 sobre nacionalidad. Pero, sobre todo, no obviemos que los Gobiernos de Nicolás Maduro y Gustavo Petro han sido los actores que más han contribuido a bloquear a nivel regional el despliegue de una fuerza de internacional de paz robusta y con mandato ejecutivo, para rescatar, pacificar y reconstruir Haití en Haití, procurando de facto la desestabilización insular. También, el desgobierno ilegítimo de Venezuela, ha propiciado un escenario en extremo peligro para la región y el continente al establecer alianzas en el plano de la cooperación militar y de inteligencia con estados como Irán y sus organizaciones paraestatales asociadas como Hezbolla. En consecuencia, es de nuestro interés nacional que se produzca un cambio político en Venezuela con efectos en toda la región, que reduzca los riesgos de convertir el Gran Caribe y el Continente, en

un escenario subsidiario de conflictos remotos, respondiendo a los juegos de poder de las superpotencias.

 Asimismo, es necesario que se contengan las tendencias violentas asociadas a la expansión del Crimen Organizado Trasnacional, como se ha visto recientemente en Ecuador y Colombia. Sin embargo, estimamos que ese cambio impostergable debe provenir de las acciones decisivas de los propios venezolanos, especialmente de sus fuerzas militares, aunque reciban el respaldo y el acompañamiento solidario de los naciones y pueblos del continente.

4.Finalmente, aunque consideramos auspicioso que los Estados Unidos de Norteamérica estén volviendo a reconcentrarse en Las Américas -para que este esfuerzo no conduzca a una nueva frustración y a mayores enconos-, resulta imprescindible que produzca un cambio sustancial y sincero en la naturaleza de los vínculos que deben establecerse en el ámbito hemisférico con todos los pueblos y naciones que lo componen. Si América debe ser para los Americanos, eso debe significar que es para todos los Americanos, con equidad y justicia. Si bien conviene rescatar, reformular y relanzar instrumentos como el ALCA, el TIAR y la Carta Democrática de Las Américas-con el espíritu del Congreso de Panamá y la Doctrina Monroe primigenia-, ese enfoque sólo será válido y consistente si se asienta sobre las  bases sólidas de relaciones de respeto y alianza con los pueblos y sus realidades, no con las oligarquías antinacionales o los socios locales/globalistas desarraigados, que siempre serán complacientes; con una clara conciencia de no instrumentalizar con abuso las asimetrías de las relaciones entre las naciones; y con

una visión integral del comercio y la inversión con la seguridad continental, regional y nacional. La prueba mayor de una nueva etapa de las relaciones interamericanas, entre “La América que no es nuestra y nuestra América”- citando a José Martí- estará precisamente en Las Antillas Mayores: Cuba, República Dominicana y Puerto Rico, así como en Haití, un caso de especial cuidado y sensibilidad.

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