Por: Pedro Morales: Consultor en IA, automatizaciones y marketing digital con experiencia en gestión de crisis, director ejecutivo del grupo de medios La Nave Digital, fundador del periódico digital Liderazgo Noticioso y de la agencia de automatizaciones IA Liderazgo Digital MS.
Hay una derecha dominicana que no se ha presentado todavía. Y eso, precisamente, es lo que la hace peligrosa.
No hablo de la derecha que conocemos, la que habita cómodamente en los salones del PRM o que se disfraza de centro cada vez que necesita votos. Hablo de una derecha que está midiendo el mercado, construyendo narrativa y esperando el momento justo para nombrar a su candidato. Una derecha que aprendió de Trump, de Milei y de Bukele que el poder no siempre llega por los caminos tradicionales; a veces llega por las grietas que los partidos tradicionales se niegan a ver.
Los avanzadores ya están en el terreno.
Ramfis Domínguez Trujillo lleva años construyendo una marca política con un discurso que combina soberanía, anticorrupción y nacionalismo duro. En las elecciones de 2024, el Partido Esperanza Democrática —con “El Cobrador” como candidato visible porque Ramfis no pudo inscribirse— superó al histórico PRD en votos. Al PRD. Ese dato no fue suficientemente discutido. Un partido que tiene como referente al nieto de un dictador le ganó en votos a uno de los partidos fundadores de la democracia dominicana. ¿Alguien tomó nota?
Vincho Castillo y la Fuerza Nacional Progresista llevan décadas ocupando el espacio de derecha dura con un discurso antimigratorio, de orden y autoridad, sin que nadie los haya desplazado del mapa. No crecen espectacularmente, pero tampoco desaparecen. En política, existir es el primer paso.
Pero el dato que más debería encender las alarmas no es ninguno de los anteriores. Es Fernando Abreu.
El presidente del partido Patria Libre es, en este momento, el dominicano con mayor inserción en la red internacional de la nueva derecha. Ha participado dos veces en la CPAC —la conferencia conservadora más influyente del mundo— con el respaldo público de Javier Milei, Steve Bannon y Santiago Abascal. Patria Libre forma parte del Foro Madrid, la alianza internacional donde conviven Meloni, Vox y el bolsonarismo brasileño. No es un político dominicano buscando pantalla internacional. Es un operador político que ya tiene red, ya tiene ideología articulada y ya sabe exactamente qué mercado quiere disputar.
Lo que estos tres actores representan no es el fenómeno en sí. Son los avanzadores. La pregunta real es: ¿para quién están preparando el terreno?
El mercado que nadie está disputando
La derecha dominicana emergente no necesita aún un candidato consolidado. Necesita un mercado. Y ese mercado existe, crece y no está siendo atendido por ninguno de los partidos tradicionales.
Es el dominicano que ve la migración haitiana y quiere respuestas que no suenen a protocolo diplomático. Es el empresario pequeño que siente que el Estado regula demasiado y protege poco. Es el joven que creció con redes sociales y desconfía estructuralmente de los políticos de siempre, pero que ante una narrativa de ruptura —”los de afuera contra nosotros”, “la élite contra el pueblo”, “la libertad contra el control”— podría activarse electoralmente de una manera que ninguna encuesta actual está midiendo bien.
Es aquí donde quiero recordar las palabras de Santiago Matías, quien sostuvo públicamente que su influencia será determinante en la elección del próximo presidente del país. Palabras que muy pocos supieron entender ni leer entre líneas. Ver análisis de estas afirmaciones en el siguiente link:
https://lanavedigital.com.do/perspectivas-politicas-2028-alofoke-y-la-tendencia-de-derecha-en-rd/
Ese electorado no está esperando un partido. Está esperando una narrativa. Y la narrativa de la nueva derecha —soberanía, orden, identidad nacional, anticorrupción con dientes— tiene todos los ingredientes para conectar con él.
Lo que el PRM no está mirando
El PRM llegará al 2027; todos los indicadores dicen que será así, con un desgaste acumulado que es natural después de dos mandatos. Sus bases sienten que no fueron compensadas. Sus liderazgos internos están siendo silenciados en nombre del consenso. Y su narrativa de gestión —cifras macroeconómicas, obras de infraestructura— no llega con la misma fuerza emocional con que llegó en 2020.
En ese escenario, una derecha organizada con un candidato nuevo, sin pasado institucional, con red internacional y un discurso que apele a las frustraciones concretas de la gente, no necesita ganar para ser relevante. Solo necesita llevarse suficientes votos del centro-derecha perremeísta para cambiar la ecuación completa. Y eso, en una segunda vuelta hipotética, lo cambia todo.
La pregunta que nadie quiere hacerse
¿Está la clase política dominicana tomando en serio esta amenaza, o la está mirando con el mismo desdén con que la clase política venezolana miraba a Chávez en 1997, con que el establishment estadounidense miraba a Trump en 2015, con que los partidos tradicionales latinoamericanos miraron a Bukele antes de que ganara con el 53%?
La derecha dominicana no necesita presentarse todavía. Esa es su ventaja táctica más grande. Mientras los partidos tradicionales pelean entre sí, hay actores tomando nota, construyendo red y esperando su momento.
El candidato, que aún no tiene nombre, no necesita que lo conozcas todavía. Solo necesita que los demás sigan sin verlo.


