Por: Milton Olivo – escritor, comunicador, ambientalista y activista por el desarrollo del sector agroindustrial y pesquero en la República Dominicana.
El éxito histórico del PRM dependerá de su capacidad para transformar el Estado dominicano, no solo administrarlo. El reto es generar empleos, oportunidades y desarrollo sostenible para todos los ciudadanos, en especial para esa militancia comprometida con el cambio, que es el sector mayoritario de la población.
Aunque República Dominicana ha sido una de las economías más dinámicas de América Latina, la verdad es que su crecimiento no ha corregido problemas macroeconómicos ancestrales. Entre los desafíos claves están los siguientes:
- Industrializar el campo. No podemos continuar produciendo y vendiendo materia prima cuando debemos industrializar la producción agropecuaria nacional.
- Baja productividad: causada por la informalidad, poca tecnificación y escasa inversión en innovación e incapacidad de crear las condiciones para incentivar una masiva repatriación de capitales.
- Multiplicar las exportaciones. Es vital multiplicar las exportaciones para multiplicar el PIB, para estar en capacidad de crear los empleos y las oportunidades que demandan las presentes y futuras generaciones, y que nuestros compatriotas en el exterior tengan en su patria las oportunidades que buscan en el exterior.
- Reforma fiscal: Es urgente la necesidad de ampliar la base tributaria, reducir privilegios fiscales injustificados y modernizar la administración tributaria.
- Urgencias: hoy dependemos demasiado del turismo, zonas francas y remesas. Urge fomentar sectores como las agroindustrias, la economía digital, las industrias culturales, la biotecnología, la microelectrónica, el desarrollo pesquero y su industrialización y los servicios financieros.
Creo prioritario impulsar un modelo agroindustrial descentralizado, construyendo el Estado plantas procesadoras en cada municipio del país, financiadas mediante convertir la inversión pública realizada en su construcción en acciones y venderlas a interesados, locales, emigrados o extranjeros, incentivando así la inversión local e internacional y la repatriación de capitales.
El sector pesquero y acuícola también debe desarrollarse (con pesca industrial, maricultura y acuicultura) con enfoque exportador, posicionando al país como suplidor global de productos agroindustriales y pesqueros. Lo que incentivará el desarrollo de una industria naval, y decenas de empresas colaterales, creándose más empleos y más oportunidades.
También es necesaria una reforma agraria negociada con los propietarios de los ingenios azucareros, donde el Estado facilite, vía Banreservas, la compra de sus terrenos para ser entregados a potenciales productores cañeros, en especial de los terrenos del antiguo CEA. Los cuales venderían la producción a los ingenios existentes. Y restablecer otros en zonas convenientes. Esto crearía el incremento de una clase media, rural, productiva y sostenible, donde miles de compañeros pueden ser beneficiados.
República Dominicana debe prepararse para una economía postindustrial, fomentando industrias basadas en el conocimiento: software, fintech, economía verde y educación virtual. Esto requiere visión, voluntad política y un pacto nacional.
Con talento humano, ubicación estratégica y recursos naturales, podemos convertirnos en una potencia agroindustrial, pesquera y tecnológica del Caribe. Pero debemos actuar ahora, para décadas antes de la llegada del siglo XXII, pasar a la historia por haber hecho realidad una Quisqueya potencia.