Por: Pedro Morales: Consultor en IA, automatizaciones y marketing digital con experiencia en gestión de crisis, director ejecutivo del grupo de medios La Nave Digital, fundador del periódico digital Liderazgo Noticioso y de la agencia de automatizaciones IA Liderazgo Digital MS.
Como profesional que ha navegado durante años en las aguas de la consultoría estratégica, el marketing digital y la gestión de crisis, he sido testigo de la evolución de las batallas por la opinión pública en la República Dominicana. He visto estrategias brillantes y errores garrafales. Muchos de esos errores que he analizado en otras ocasiones y criticado también han sido en el seno del Gobierno del PRM, que se ha caracterizado por muchos errores de estrategia digital, sobre todo en el apartado de manejo de crisis. Sin embargo, lo ocurrido esta semana en las redes sociales de N Digital, tras su reportaje sobre la gestión del ya exrector del ITLA, merece un análisis forense, no por su sofisticación, sino, en mi más humilde opinión, por su reveladora torpeza.
DN Digital denuncia de ataque con bots:
La investigación periodística puso en el tapete noticioso un supuesto esquema de cobros irregulares del 5% del salario a empleados del ITLA para financiar el movimiento político “Jóvenes Unidos por el Cambio”. Este “peaje” político, que subía al 10% en época navideña, no solo es una falta ética, sino el detonante de la destitución mediante el decreto 39-26.
No voy a entrar en el fondo de la investigación periodística, ni en la veracidad o no de las acusaciones; en ese sentido, Rafael J. Féliz ya publicó en sus redes sociales una carta explicando su versión de lo ocurrido. Dicho sea de paso, pienso que esa publicación sí fue una buena estrategia para contrarrestar la crisis. Mi enfoque está en la reacción digital que desencadenó: un ataque coordinado de “bots” diseñado para desacreditar al medio.
Para el ciudadano común, ver cientos de comentarios atacando a un/una periodista puede parecer una ola de indignación genuina. Pero para quienes trabajamos en esto, las señales de una operación de astroturfing (falsificar apoyo o rechazo popular) son tan evidentes que resultan casi insultantes a la inteligencia.
En el ecosistema digital de la República Dominicana, la frontera entre la opinión pública orgánica y la manipulación coordinada se ha vuelto más delgada, pero también más detectable. El reciente ataque de bots contra N Digital y Nuria Piera, tras las revelaciones sobre irregularidades en el ITLA, es un caso de estudio fascinante sobre cómo la vieja política intenta, sin éxito, frenar el periodismo de investigación con tácticas de saturación digital.
Anatomía de un ciberataque: ¿Cómo identificar el Astroturfing?
Como consultor especializado en automatización de procesos, analizo estos eventos no como simples “comentarios negativos”, sino como ejecuciones de software mal orquestadas. Lo que vimos contra la cuenta de Instagram de N Digital es un ejemplo de Astroturfing, una técnica que busca crear una falsa impresión de apoyo o rechazo espontáneo.
Al analizar las cuentas atacantes, nos encontramos con el manual básico de las granjas de clics: perfiles con nombres alfanuméricos genéricos, fotos robadas de marcas (como un logo de BMW en lugar de un rostro humano), o cuentas “zombis” de usuarios en Asia o Medio Oriente que, sospechosamente, desarrollaron un súbito interés por la política académica dominicana.
Pero la prueba reina no fueron los perfiles, sino el “script”. Decenas de cuentas repitiendo exactamente las mismas frases, con la misma puntuación: “¿Cuándo fue la última vez que investigaste a alguien de los que te pagan contratos? El periodismo no debería ser un arma partidista”.
Desde la perspectiva de la gestión de crisis, este tipo de respuesta es un error estratégico monumental. En el entorno digital actual, el silencio es a menudo sospechoso, pero un ataque de bots tan mal ejecutado es prácticamente una admisión de culpa, es crear una nueva crisis, alargando más aún el tema en la palestra pública.
Las huellas dactilares de la manipulación
Para detectar una operación de influencia coordinada en 2026, nos fijamos en tres factores clave que este ataque cumplió al pie de la letra:
Sincronización Algorítmica: Cientos de comentarios publicados en ráfagas de pocos segundos inmediatamente después de la destitución del rector Rafael Féliz García.
Scripts de Texto Idéntico: El uso de frases espejo como “El periodismo no debería ser un arma partidista”. Cuando la sintaxis es idéntica en 50 cuentas diferentes, la probabilidad de que sea humano es estadísticamente nula.
Incongruencia de Perfiles: Cuentas con nombres alfanuméricos (
quail.8960290) y ratios de seguidores/seguidos absurdos, operando desde granjas de servidores fuera de la región.
Nota del experto: En la gestión de crisis moderna, intentar silenciar una investigación documentada con ataques de bots produce el “Efecto Streisand”: lo que intentas ocultar termina recibiendo diez veces más atención.
El error estratégico de la defensa digital
Contratar una granja de clics para atacar a un medio es, en la práctica, una admisión de culpabilidad. Si los argumentos legales o éticos existieran, se usarían canales oficiales o respuestas basadas en datos. El ruido masivo es el último refugio de quien no tiene la razón.
El camino de la carta pública era el correcto; exponía sus argumentos, recordando su trayectoria personal y política.
Ver carta a la ciudadanía por parte de Rafael Féliz
Tendencias en gestión de reputación y liderazgo digital
Desde mi perspectiva en liderazgo digital, este incidente deja tres lecciones críticas para figuras públicas y empresas:
La transparencia es el nuevo algoritmo: Los sistemas de detección de IA en plataformas como Instagram están penalizando cada vez más el comportamiento inorgánico.
La autoridad no se compra, se construye: Un seguidor real vale más que 10,000 bots de una granja en Asia.
Gestión de crisis basada en datos: Responder a un reportaje con insultos automatizados solo erosiona la poca reputación digital que le queda al implicado.
Protocolo de gestión de ataques de astroturfing
Para los profesionales que manejamos comunicación política y marketing digital, la respuesta ante una granja de bots no debe ser visceral, sino metódica. Un ataque coordinado se neutraliza con una estrategia de cuatro fases:
Blindaje técnico y automatización El primer paso no es borrar, sino filtrar. Es vital implementar listas negras de palabras clave basadas en el “script” del ataque y activar filtros de cuentas recientes. Como experto en n8n y automatización, siempre recomiendo integrar flujos que analicen el sentimiento y el patrón de los comentarios vía API para marcar el comportamiento inorgánico antes de que sature el feed.
La Respuesta Espejo (Transparencia): En lugar de discutir con un algoritmo, se le habla a la audiencia real. Un comunicado breve exponiendo que se ha detectado una operación de influencia desactiva la credibilidad del ataque. La transparencia actúa como un desinfectante digital.
Matriz de Moderación Inteligente: Es fundamental diferenciar entre la crítica legítima y el spam automatizado. El protocolo dicta ocultar comentarios con sintaxis idéntica y bloquear cuentas sin historial, mientras se mantienen abiertas las vías para el debate humano real. Esto protege la reputación digital sin caer en la censura.
Contraataque orgánico: La mejor forma de enterrar el ruido es con volumen real. Fijar comentarios de valor de usuarios auténticos y lanzar llamados a la acción (CTA) que fomenten el engagement genuino desplaza visualmente a los bots, devolviéndole el control de la conversación a la comunidad.
El fin de la impunidad del ruido digital
En última instancia, el liderazgo digital en 2026 no se mide por la capacidad de generar ruido, sino por la habilidad de sostener la confianza de la audiencia. Los ataques de bots y las campañas de astroturfing son vestigios de una “vieja política” que todavía no comprende que, en el ecosistema actual, todo deja rastro. Intentar silenciar una crisis documentada con algoritmos pagados no solo es ineficaz, sino que funciona como una confesión pública de falta de argumentos.
Como consultores y estrategas, nuestra misión es elevar el estándar. La tecnología debe ser una herramienta para optimizar la transparencia, no una máscara para ocultar la realidad. El caso de N Digital y el ITLA quedará como un recordatorio necesario: en la era de la IA y la hiperconectividad, la autenticidad es el único activo que no se puede hackear ni comprar en una granja de clics.
¿Hablamos de estrategia y crisis digital?
Este caso nos deja muchas lecciones sobre la fragilidad de la reputación institucional en tiempos de redes sociales. Como profesional de la consultoría estratégica, me interesa conocer tu opinión:
¿Has detectado este tipo de ataques coordinados en otros sectores de la República Dominicana?
¿Qué otras medidas de blindaje digital consideras esenciales para los medios de comunicación hoy en día?
Me encantaría leer tus reflexiones en los comentarios. Si necesitas asesoría para gestionar una crisis de marca o implementar automatizaciones de moderación inteligente, no dudes en contactarme, me puedes encontrar en mis redes sociales. Sigamos construyendo un entorno digital más transparente y profesional.


