Ligia Bonetti, empresaria y figura clave del empresariado dominicano, lanzó un llamado urgente durante un almuerzo mensual de la Cámara Americana de Comercio de la República Dominicana (AMCHAMDR): el país debe adoptar el nearshoring como una estrategia nacional estructurada, y las decisiones que lo determinarán deben tomarse en los próximos 24 meses. No es una invitación al optimismo, sino una advertencia con fecha de vencimiento.
Lo que Ligia Bonetti ve que otros aún no han dicho
Bonetti fue directa desde el inicio de su intervención. La reconfiguración de las cadenas globales de suministro, acelerada por tensiones geopolíticas y nuevas políticas comerciales impulsadas desde Washington, ha abierto una ventana de oportunidad para la relocalización de operaciones manufactureras cerca de Estados Unidos. En ese mapa, República Dominicana aparece como un candidato con ventajas reales. Pero la ejecutiva advirtió que eso no es suficiente. “La pregunta ya no es si existe la oportunidad, sino si estamos preparados para responder”, afirmó ante los asistentes al encuentro.
El argumento central de Bonetti no es nuevo en su lógica, pero sí en su urgencia. El crecimiento económico sostenido del país ha estado anclado en decisiones estratégicas del pasado: el desarrollo del turismo y las zonas francas no surgió de forma espontánea, sino de políticas públicas deliberadas que facilitaron la inversión y generaron empleo a escala. Ahora, según la empresaria, ese mismo modelo debe replicarse hacia el desarrollo industrial y la captación del nearshoring, antes de que la ventana se cierre.
Las tres brechas que definirán si el nearshoring llega o se va
Bonetti identificó con precisión los puntos críticos que determinarán la capacidad competitiva del país en esta nueva fase. No habló de obstáculos genéricos, sino de tres brechas estructurales concretas que requieren intervención inmediata:
- Credibilidad tecnológica: construir ecosistemas de innovación que transmitan confianza a los inversores internacionales y demuestren capacidad instalada real.
- Competitividad energética: establecer una agenda energética articulada que reduzca costos y garantice estabilidad para las operaciones industriales.
- Velocidad del talento: acelerar la formación de capital humano bilingüe y certificado, capaz de responder a las exigencias de una manufactura moderna y conectada.
Cada una de estas brechas, por separado, puede frenar una inversión. Las tres juntas, sin atender, pueden hacer que el país quede fuera del mapa del nearshoring antes de haber entrado de verdad. Bonetti fue enfática en que el principal reto no es identificar las soluciones, sino ejecutarlas. “Si no respondemos, no será por falta de oportunidad, sino por falta de preparación”, concluyó.
El respaldo institucional que amplifica el llamado
La intervención de Bonetti no fue la única voz del encuentro. Francesca Rainieri, presidenta de AMCHAMDR, reconoció que República Dominicana ha comenzado a construir una agenda orientada a fortalecer su posicionamiento en el nearshoring y a consolidarse como un hub logístico regional. Sin embargo, fue honesta sobre los límites: persisten retos y barreras que aún no han sido superados, y el camino entre la agenda y la ejecución sigue siendo largo.
William Malamud, vicepresidente ejecutivo de AMCHAMDR, aportó una lectura más optimista del contexto. Señaló que el país está bien posicionado para beneficiarse de la reestructuración global de las cadenas de suministro, en gran medida gracias a su estrecha relación histórica y comercial con Estados Unidos y su ubicación estratégica en la región. Esa combinación de factores, según Malamud, representa una ventaja diferencial que no todos los competidores regionales pueden replicar.
El encuentro dejó en claro que el debate sobre el nearshoring en República Dominicana ha madurado. Ya no se discute si la oportunidad existe, sino qué tan rápido puede el país moverse para capitalizarla. Ligia Bonetti puso el reloj sobre la mesa: 24 meses para demostrar que las decisiones estructurales pueden tomarse con la velocidad que la coyuntura global exige. El nearshoring no espera.

