La República Dominicana estuvo presente este sábado en la IV Cumbre en Defensa de la Democracia, celebrada en Barcelona, España, con la representación del ministro de Justicia, Antoliano Peralta. El encuentro reunió a algunos de los líderes más influyentes de la corriente progresista internacional y colocó al país caribeño en el centro de un debate que va más allá de lo diplomático: el de las alianzas ideológicas en un mundo cada vez más polarizado.
Antoliano Peralta, entre Lula, Sheinbaum y Petro en Barcelona
El foro, convocado bajo el liderazgo del presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, congregó a mandatarios de izquierda de varios continentes. Entre las figuras presentes se encontraban Luiz Inácio Lula da Silva (Brasil), Claudia Sheinbaum (México), Gustavo Petro (Colombia) y Cyril Ramaphosa (Sudáfrica). La ausencia de representantes de los Estados Unidos fue uno de los elementos que marcó el perfil ideológico del evento.
Según el Ministerio de Justicia de la República Dominicana, la cumbre buscó abordar temas críticos para la estabilidad global, entre ellos:
- La protección de las instituciones democráticas
- La lucha contra la desinformación
- Los nuevos desafíos digitales para la gobernanza
La institución afirmó que la participación del país reafirma su compromiso con el Estado de derecho y los valores democráticos. Sin embargo, la presencia de Antoliano Peralta en un foro de esta naturaleza no tardó en generar reacciones en la política local.
Lo que revela la polémica sobre la presencia dominicana
Algunos sectores han calificado el encuentro de Barcelona como una “anti-cumbre”, cuestionando el enfoque ideológico predominante entre sus participantes. El presidente de la Fuerza Nacional Progresista, Pelegrín Castillo, fue uno de los más críticos: señaló que la composición del grupo refleja una línea ideológica que favorece a los regímenes de izquierda en Iberoamérica, y cuestionó abiertamente la pertinencia de que un ministro del gobierno dominicano compartiera escenario con esos líderes.
La controversia no es menor si se considera el contexto regional. En marzo de 2025, el presidente Luis Abinader participó en la Cumbre del Escudo de las Américas, impulsada por la administración de Donald Trump, un evento que excluyó precisamente a México, Brasil y Colombia, los mismos países cuyos líderes compartieron mesa con Antoliano Peralta en Barcelona días después.
Esa dualidad en la agenda internacional dominicana no parece accidental. Apunta a una estrategia deliberada de mantener canales abiertos con bloques ideológicamente opuestos, navegando entre Washington y el eje progresista europeo sin cerrar ninguna puerta. En un escenario global donde las alianzas se redefinen con rapidez, la República Dominicana parece apostar por la flexibilidad diplomática como herramienta de política exterior, aunque esa misma flexibilidad sea la que genera tensiones en el debate interno.

