Por: Pedro Morales – Consultor en IA, automatizaciones y marketing digital con experiencia en gestión de crisis, director ejecutivo del grupo de medios La Nave Digital, fundador del periódico digital Liderazgo Noticioso y de la agencia de automatizaciones IA Liderazgo Digital MS.
¿Cuál es la ideología del PRM? Hágase la pregunta en voz alta y cronometre cuánto tarda la respuesta en convertirse en un rodeo.
No es una trampa retórica. Es el problema político más serio y menos discutido del partido que hoy gobierna la República Dominicana. Y en apenas cuatro meses, entre abril y agosto de este 2026, el propio oficialismo lo dejó al descubierto con una nitidez que ningún adversario habría conseguido.
Abril: el partido que fue a la fiesta equivocada
En abril, mientras Lula y Pedro Sánchez reunían en Barcelona a la izquierda global de Sheinbaum, Petro, Boric, Ramaphosa bajo una consigna explícita contra el avance de la derecha, la República Dominicana envió a un invitado: su ministro de Justicia, Antoliano Peralta. Un mes antes, en marzo, el presidente Abinader se había sentado en la cumbre del Escudo de las Américas, la iniciativa alineada con Washington a la que no asistieron ni México, ni Brasil, ni Colombia.
El mismo gobierno, dos fotos, dos hemisferios ideológicos. La embajadora Leah Campos no lo dejó pasar: desde sus historias de Instagram deslizó una crítica que en Santo Domingo se leyó como lo que era un jalón de orejas en público.
Un partido con brújula propia no necesita que una embajadora extranjera le recuerde dónde queda el norte.
Agosto: el hombre que nunca perdió el norte
Y entonces llegó agosto, y con él la respuesta. Abinader designó canciller a Víctor “Ito” Bisonó, y en ese nombramiento hay algo más interesante que un relevo de gabinete: hay, por fin, una dirección.
Porque si algo no se le puede reprochar a Bisonó es no saber hacia dónde mira. Mientras el partido zigzagueaba, él llevaba dos décadas construyendo, con paciencia de artesano, una red con la centroderecha iberoamericana. Fundó en 2007 el Centro de Análisis para Políticas Públicas, lo sentó en el consejo de la Fundación Internacional para la Libertad de Vargas Llosa, lo enlazó con la FAES de Aznar y con el Partido Popular Europeo. Desayunó con José Antonio Kast cuando aún era candidato en Chile. Conversó con Aznar y con Rajoy cuando eran oposición, no gobierno. Un lobby, si se quiere; pero de los que se hacen a largo plazo y de cara al futuro.
Eso tiene un nombre, y no es oportunismo: es anticipación. Bisonó no corrió detrás del poder de la derecha internacional. Lo vio venir antes que nadie y se sentó a esperarlo. Hoy, cuando Washington ha vuelto a mirar el hemisferio y media región Chile, Colombia, Perú viró a la derecha, resulta que el hombre que tejió esas relaciones cuando todavía no valían votos es, de golpe, el activo diplomático más cotizado del gabinete.
Diario Libre lo describió sin rodeos como el canciller ideal para esta coyuntura. Difícil discutirlo.
La fórmula que casi nadie quiso entender
Y lo digo con conocimiento de causa, porque a Bisonó lo defendí cuando defenderlo salía caro. En sus primeros meses en Industria y Comercio le llovieron las críticas: le restregaban su famoso video de campaña, ese donde explicaba que casi la mitad de lo que pagábamos por un galón de gasolina eran impuestos. Desde mi programa en el Canal 6 sostuve, casi en soledad y a costa de más de una crítica, lo que resultaba evidente para quien mirara la ley y no el meme: la fórmula no se podía aplicar sin una reforma fiscal que desmontara los impuestos que los gobiernos del PLD habían ido apilando, uno sobre otro, en cada galón de combustible. Porque esa fue durante años la receta peledeísta para cada problema nacional: un impuesto más a la gasolina, y ningún ministro deroga por decreto lo que el Congreso legisló. Bisonó no mintió: prometió transparencia, no un cambio de ley que no le correspondía a él hacer. Y en eso, como en tantas cosas, se mantuvo.
El candidato que la derecha aún no se atreve a nombrar
Aquí conviene detenerse, porque lo que tenemos delante quizá sea más grande que una Cancillería.
Hace meses escribí en estas mismas páginas sobre el candidato que aún no tiene nombre, sobre esa derecha dominicana dispersa que tarde o temprano buscaría un rostro. La seguí después en su versión ruidosa y digital, “El método Espriella” y “El dedo que se hizo partido”. Pero había otra versión, más callada, que estaba a plena vista y casi nadie miraba: la institucional, la de traje y foro internacional, la que no grita en TikTok sino que conversa en Madrid.
Esa versión tiene hoy nombre, cargo y agenda. Y se llama Bisonó.
No lo digo desde la especulación: lo dicen los hechos. Un dirigente que viene de la derecha histórica, se formó en el reformismo social cristiano, la vieja casa de Balaguer que en los ochenta se vistió de democracia cristiana para conectarse con la internacional conservadora de turno, que preside el think tank de derecha más internacionalizado del país, y que hoy representa a la nación ante el mundo justo cuando ese mundo se inclina hacia su lado. Es el mismo instinto de siempre, cuarenta años después: democristiano ayer, liberal-conservador hoy. ¿Reúne alguien, en la República Dominicana de este momento, un perfil más nítido de presidenciable de la derecha?
Que quede claro: nada de esto es un reproche. Es un análisis basado en un conjunto de sucesos que están ahí y se pueden corroborar. Y como todo análisis, viene con su propia zona de sombra, el tiempo, el cual da y quita razones.
Porque una red tan identificada con un lado del tablero abre muchas puertas con los gobiernos afines, pero una Cancillería y mucho más una eventual Presidencia tiene que hablarle también a la otra mitad: a la izquierda que gobierna Brasil y México, a los no alineados, a una nación que no es de derecha ni de izquierda, sino de las dos cosas a la vez.
Y ahí quedan las preguntas que ni Bisonó ni el PRM han respondido todavía. ¿Es Ito Bisonó la cara más fresca de una derecha dominicana que ya viene, la nombre o no el oficialismo? ¿Puede un partido sin brújula ideológica prestarle la suya a un hombre que sí la tiene, sin terminar navegando hacia donde él apunta? ¿Y cuando en 2028 haya que ponerle rostro a la derecha, no descubriremos que ese rostro llevaba, desde agosto de 2026, sentado en el Palacio de la Cancillería?


