La decisión de Abel Martínez de no someter sus aspiraciones presidenciales a la consulta del PLD programada para el 18 de octubre no es un gesto menor: es una ruptura estratégica que altera de raíz el objetivo político que la dirección del Partido de la Liberación Dominicana perseguía con este proceso. Lo que se diseñó como un mecanismo para cerrar la competencia interna podría convertirse, paradójicamente, en el inicio de una disputa más prolongada y compleja.
Lo que buscaba la consulta del PLD y por qué ya no lo logrará
Cuando la dirección del PLD concibió esta consulta, el diagnóstico era claro: el partido necesitaba reconstruir su proyecto presidencial tras la derrota de 2024, y hacerlo con tiempo suficiente para competir en 2028. Con el expresidente Danilo Medina constitucionalmente inhabilitado para presentarse de nuevo, la dirigencia entendía que su próximo candidato requería un margen mayor que sus rivales para desarrollar una campaña sólida. La consulta de octubre era, en ese sentido, el punto de partida de ese reloj.
Aunque la legislación electoral dominicana no permite que el ganador de una consulta interna sea proclamado automáticamente como candidato presidencial, el objetivo político era inequívoco: quien triunfara en octubre se posicionaría como la figura dominante del partido y comenzaría a proyectarse ante el electorado desde este mismo año. La directiva había defendido la aceleración del proceso precisamente para resolver de forma anticipada la competencia interna y consolidar esfuerzos en torno a una única figura.
En ese escenario tomaron forma las candidaturas de Francisco Javier García, Gonzalo Castillo y Francisco Domínguez Brito, figuras con respaldo real dentro del partido. Sin embargo, Domínguez Brito también ha cuestionado la consulta, alegando que contraviene la ley electoral, lo que ya añadía tensión al proceso antes de que Martínez anunciara su postura.
El precedente de 2026 y la jugada de Martínez
No es la primera vez que el PLD recurre a un mecanismo similar. Para las elecciones de 2026, el partido empleó un proceso parecido en el que tanto Martínez como Domínguez Brito participaron, quedando entre los dos primeros lugares. Esa experiencia le otorga a Martínez una lectura privilegiada del proceso: sabe exactamente qué significa ganar una consulta interna y, sobre todo, qué significa no estar obligado por ella.
Su decisión actual es calculada. Al mantenerse fuera de la consulta de octubre, Martínez conserva abiertas sus aspiraciones y se reserva el derecho de participar en el proceso formal y legalmente establecido para la selección del candidato presidencial. No renuncia a la carrera; simplemente elige en qué pista correrá.
Esto tiene una consecuencia directa e inmediata: independientemente de quién gane en octubre, el PLD no podrá presentar ese resultado como el cierre de su competencia presidencial interna. El partido estará obligado a iniciar un nuevo proceso, y el ganador de la consulta, aunque contará con una ventaja política real —el respaldo de un evento organizado por el partido—, no será necesariamente el candidato presidencial definitivo.
Un PLD con múltiples proyectos presidenciales, el escenario que quería evitar
La nueva dinámica que introduce Martínez lleva al PLD exactamente al escenario que la consulta pretendía evitar: la coexistencia de múltiples proyectos presidenciales dentro del mismo partido. A partir del 18 de octubre existirán, al menos, dos polos de poder claramente definidos:
- Una figura consolidada por la consulta interna, con el respaldo orgánico del partido.
- Abel Martínez, quien argumentará que la selección definitiva debe seguir los procedimientos legalmente establecidos y que ninguna consulta previa lo vincula.
La estrategia original del PLD apuntaba a que el ganador de octubre llegara al proceso oficial sin una oposición interna relevante, con el camino despejado para concentrarse en la competencia externa. Ese plan ya no es viable. El futuro vencedor de la consulta deberá librar dos batallas simultáneas: preservar y ampliar su liderazgo dentro del partido frente a Martínez, y al mismo tiempo construir su perfil ante el electorado nacional.
Incluso una victoria contundente en octubre requerirá validación política en los meses siguientes. La consulta del PLD seguirá siendo un evento relevante —establecerá una correlación de fuerzas y delineará quién es el principal adversario de Martínez dentro del partido—, pero su capacidad para cerrar la discusión presidencial queda comprometida de forma significativa.
El riesgo real: llegar a 2027 sin candidato definido
El escenario más desfavorable para el PLD es también el más plausible si la situación no se gestiona con habilidad: entrar en 2027 todavía administrando una competencia interna, mientras Leonel Fernández y el candidato del oficialismo avanzan en sus respectivos posicionamientos. En lugar de salir de octubre con una candidatura sólida y tiempo para construir una narrativa de oposición creíble, el partido podría verse atrapado en su propia dinámica interna durante meses adicionales.
La consulta del PLD de octubre sigue en pie y conserva su peso político, pero su alcance ha cambiado. Lo que debía ser el punto final de la disputa interna se ha convertido, por la decisión de Abel Martínez, en un capítulo más de una historia que aún no tiene fecha de cierre.

