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Calor que despierta conciencias…

Calor que despierta conciencias…

Por: Ing. Rafael A. Sánchez.

Miércoles de fe

“La tierra gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora.” (Romanos 8:22)

La NASA confirma que la temperatura global promedio ha aumentado en más de 1,47 °C respecto a la era preindustrial. El 2024 fue el más cálido jamás registrado, con eventos climáticos que van desde olas de calor mortales hasta lluvias torrenciales y granizadas en lugares insólitos. El planeta arde y clama por acción. En mi natal Vallejuelo, hemos sentido ese azote en carne propia: calor infernal y, pocos días después, una granizada sorprendente e inusual, evidencia clara de un clima trastornado y cada vez más impredecible.

La República Dominicana no está exenta de esta crisis. El parque vehicular alcanzó en 2023 la cifra de 5,8 millones de unidades, más del triple de lo que teníamos en 2010. En poco más de una década hemos saturado calles y carreteras con una flota que multiplica la contaminación, incrementa el consumo de combustibles fósiles y eleva las emisiones de CO₂. A este fenómeno se suma la urbanización vertical, que avanza sin control: donde antes vivía una familia de seis personas, hoy conviven 60 u 80 familias. Este hacinamiento, multiplicado por miles, convierte nuestras ciudades en hornos de cemento que atrapan el calor y agravan la llamada isla térmica urbana.

El panorama empeora con la tala indiscriminada de árboles, práctica que empobrece los suelos, elimina reguladores naturales del clima y provoca sequías e inundaciones más intensas. El crecimiento acelerado de las industrias, muchas veces sin sistemas de control ambiental, multiplica las emisiones de gases de efecto invernadero, contamina el aire y debilita nuestra capa de ozono. No podemos ignorar que sin árboles no hay oxígeno, sin regulaciones industriales no hay equilibrio, y sin equilibrio no hay futuro. Como bien sentenció Aristóteles: “La naturaleza no hace nada en vano.”

A pesar de este panorama, la buena noticia es que sí podemos actuar. Cada decisión individual y colectiva cuenta. Es urgente promover una reforestación masiva y obligatoria como política de Estado y compromiso ciudadano. Necesitamos impulsar un transporte sostenible, con vehículos eléctricos, uso de bicicletas y transporte público eficiente. Las industrias verdes deben ser obligadas a reducir emisiones y a reciclar aguas residuales. La educación ambiental debe sembrar conciencia desde las aulas hasta los medios, y el consumo responsable es un deber ineludible: reducir plásticos, desechos y energía innecesaria. Como recordaba Chief Seattle:

“El hombre no ha tejido la red de la vida; es sólo un hilo en esa red. Lo que haga a esa red, se lo hace a sí mismo.”

Estamos en un punto de no retorno. Debemos afinar las variables endógenas que controlamos —urbanización, transporte, consumo, educación— porque las exógenas (como los cambios atmosféricos globales) escapan de nuestras manos. El futuro de la Tierra depende de lo que hagamos hoy.

Es tiempo de actuar, de crear conciencia y de demostrar que la inteligencia humana puede servir a la vida y no a su destrucción.

DIOS ES BUENAZO…!!!

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