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Deterioro de las infraestructuras escolares: Una deuda pendiente en la República Dominicana

Deterioro de las infraestructuras escolares: Una deuda pendiente en la República Dominicana
Por : Rey Romero – Periodista

La educación de calidad no depende únicamente de buenos maestros y de programas académicos eficientes; también requiere espacios físicos dignos y seguros. En la República Dominicana, el deterioro de las infraestructuras escolares continúa siendo una preocupación constante para estudiantes, docentes y familias, quienes diariamente enfrentan condiciones que afectan el proceso de enseñanza y aprendizaje.

A pesar de los esfuerzos realizados por las autoridades en la construcción de nuevos planteles, todavía existen numerosos centros educativos con graves deficiencias estructurales. Techos en mal estado, paredes agrietadas, baños deteriorados, filtraciones y falta de mobiliario adecuado son problemas que persisten en distintas comunidades del país. Esta realidad no solo dificulta el aprendizaje, sino que también pone en riesgo la seguridad de quienes asisten diariamente a las aulas.

Situación actual de las infraestructuras escolares

La creación de la Dirección de Infraestructura Escolar (DIE), el 19 de julio de 2019, representó una esperanza para mejorar esta situación. Sin embargo, desde sus inicios, la institución ha sido objeto de cuestionamientos por la falta de planificación y por decisiones que han generado preocupación pública.

Un ejemplo de ello fue la construcción de aulas en zonas vulnerables, como las cercanías del río Ozama, según reportes de Diario Libre, lo que evidenció debilidades en la gestión y supervisión de los proyectos. En la actualidad, la asignación de RD$ 18,000 millones al presupuesto de la Dirección de Infraestructura Escolar debe traducirse en resultados concretos. El aumento de la matrícula estudiantil exige más aulas, pero también demanda mantenimiento preventivo en los centros ya existentes.

Impacto en el proceso educativo

No basta con construir nuevas escuelas; es imprescindible garantizar que las ya construidas permanezcan en condiciones óptimas. La problemática se vuelve aún más crítica en tiempos de lluvia, cuando muchas escuelas sufren inundaciones y deben suspender las clases. En las zonas rurales, además, aún se observan aulas improvisadas y espacios reducidos que provocan hacinamiento, limitando seriamente el derecho de los estudiantes a recibir una educación en condiciones adecuadas.

Consideramos que el deterioro de las infraestructuras escolares refleja una deuda histórica del Estado con el sistema educativo nacional, porque invertir en la educación significa también invertir en espacios seguros, modernos y funcionales. Solo así se podrá garantizar un ambiente digno para el desarrollo académico y humano de las futuras generaciones.

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