La diversificación energética de República Dominicana está cambiando la ecuación de riesgo del país frente a la volatilidad del mercado petrolero global. Mientras en el año 2000 el 88 % de la generación eléctrica dependía de derivados del petróleo, hoy esa cifra se ha reducido al 9 %, una transformación estructural que el ministro de Energía y Minas presentó como un escudo ante el alza de los precios internacionales del crudo.
Lo que revela la caída del petróleo en la matriz eléctrica dominicana
El cambio no es cosmético. Pasar de una dependencia del 88 % al 9 % en poco más de dos décadas implica una reconfiguración profunda de cómo el país produce y consume electricidad. El ministro Santos ofreció estos detalles durante la XI Semana de la Energía de la Organización Latinoamericana y Caribeña de Energía (OLADE), un foro regional donde se subrayó la importancia de la energía renovable y el almacenamiento como pilares del desarrollo sostenible.
El funcionario destacó que el sector energético está comprometido con la planificación a largo plazo, el almacenamiento de energía renovable y la atracción continua de inversiones extranjeras. En los últimos cuatro años, el país ha recibido más de 1,000 millones de dólares anuales en inversión extranjera, principalmente orientada hacia las energías limpias. Solo en los primeros seis meses de este año, esa cifra superó los 3,000 millones de dólares, de los cuales 900 millones corresponden directamente al sector energético.
Los proyectos que definirán la generación eléctrica hasta 2032
La diversificación energética no se detiene en los logros actuales. El Gobierno dominicano planea realizar una licitación de nuevos proyectos de generación eléctrica el próximo año para responder a la creciente demanda nacional. Los proyectos ya en marcha apuntan a garantizar estabilidad en el suministro hasta 2031 y 2032, con una hoja de ruta que comienza a materializarse desde 2026.
Entre las iniciativas más relevantes destacan las siguientes:
- Generadora Energía 2000 en Manzanillo: actualmente opera con 290 megavatios e incorporará 140 megavatios adicionales en los próximos 30 meses.
- Generadora San Felipe en Boca Chica: con 467 megavatios, comenzará operaciones en 2027 y se convertirá en la planta unitaria más grande del país.
- Proyectos en Manzanillo (2028-2029): agregarán bloques de 426 megavatios, más 130 megavatios adicionales de generación en 2028.
- Energía renovable (2026-2028): se integrarán 1,000 megavatios provenientes de fuentes limpias.
- Almacenamiento en baterías: 800 megavatios que se sumarán hasta 2028, más 600 megavatios adicionales de la empresa de transmisión.
El almacenamiento ocupa un lugar central en esta planificación. Sin capacidad de guardar energía renovable, la intermitencia del sol y el viento seguiría siendo un talón de Aquiles. Con más de 1,400 megavatios en baterías proyectados, República Dominicana apuesta por resolver ese desafío antes de que se convierta en un cuello de botella.
La infraestructura de transmisión, el eslabón que completa la cadena
Generar más energía limpia no basta si la red no puede transportarla. El vicepresidente ejecutivo de la Empresa de Transmisión Eléctrica Dominicana (ETED), Alfonso Rodríguez Tejada, habló sobre la transformación de la institución, respaldada por una inversión histórica en líneas de transmisión y nuevas tecnologías. Entre los proyectos emblema figura la línea Puerto Plata–Río San Juan, que comenzará operaciones a finales de este año y reforzará la conectividad eléctrica en la región norte del país.
En el plano regional, el secretario ejecutivo de OLADE, Andrés Rebolledo, enfatizó la necesidad de inversiones e infraestructura para alcanzar la meta de interconexión energética en América Latina y el Caribe. Carolina Rendón, del Grupo Banco Mundial en República Dominicana, advirtió que la expansión de la infraestructura energética y el acceso a un servicio eléctrico confiable siguen siendo desafíos significativos, aunque también representan oportunidades reales de desarrollo.
Los números del rezago regional son contundentes: la brecha en infraestructura energética para un desarrollo sostenible en América Latina se estima en un 11 %, y cerca de 18 millones de personas en la región aún carecen de acceso a electricidad. Cerrar esa brecha exige esfuerzos conjuntos entre el sector público y privado en planificación, transmisión, regulación y financiamiento. Para República Dominicana, la apuesta por la diversificación energética no es solo una decisión técnica: es también una declaración de soberanía frente a mercados que el país no puede controlar.

