Por: Pedro Morales: Consultor en inteligencia artificial y marketing digital, director ejecutivo del grupo de medios La Nave Digital, fundador del periódico digital Liderazgo Noticioso y de la agencia de automatizaciones IA Liderazgo Digital MS.
Muchos economistas de salón suelen tratar la economía como si fuera un fenómeno meteorológico: algo que simplemente “sucede” y ante lo cual solo podemos protegernos. Sin embargo, los hechos de este 2026 demuestran una verdad que sostengo con firmeza: la economía no se mueve sola; se mueve con liderazgo.
En 2021, el mundo occidental parecía haber aceptado un destino manifiesto: el declive de Estados Unidos y el ascenso imparable de China. Los informes de aquel entonces, imbuidos de un pesimismo derivado de la gestión demócrata y el letargo de la Agenda 2030, daban por hecho que el relevo en el trono mundial ocurriría, a más tardar, en 2028.
¿Qué es el “sorpasso”?
Para que todos hablemos el mismo idioma: al igual que en el articulo que escribimos con anterioridad (La profecía de 2024: El regreso al orden y el espíritu de Rocky) explicamos el significado de la palabra “sorpasso” , que es un término italiano que significa “adelantamiento”. En el mundo de las finanzas y la geopolítica, se usa para describir ese momento crítico en el que una potencia económica emergente logra superar a la potencia dominante en términos de riqueza total (PIB). Durante años, el “sorpasso” de China sobre EE. UU. fue el gran fantasma que recorrió los despachos de Washington.
La realidad de 2026: Una brecha que vuelve a ensancharse
Aquel previsible y fatídico adelantamiento no solo se ha ralentizado, sino que en este inicio de 2026 parece una posibilidad cada vez más remota. Observemos el contraste de los datos nominales:
Previsión 2021: Se estimaba que para estas fechas las dos economías estarían casi a la par, rozando los $25 billones cada una.
Realidad 2026: Estados Unidos ha demostrado una resiliencia formidable, situándose en los $31.8 billones, mientras que China, atrapada en sus propios desequilibrios, apenas alcanza los $20.6 billones.
¿Cómo hemos pasado de la “inevitabilidad” del declive a una ventaja de más de $11 billones? La respuesta no es el azar, sino una dirección clara basada en dos pilares: el arancel como escudo y la IA como espada.
La política de aranceles Recuperando el terreno
La vuelta a una política agresiva de aranceles (alcanzando niveles del 60% al 100% en sectores clave) ha cumplido un doble propósito. Primero, ha frenado la competencia desleal que destruía el tejido industrial americano. Segundo, ha forzado un proceso de reshoring —el regreso de fábricas a casa— que ha inyectado una vitalidad al empleo y al consumo que el modelo anterior, basado en la dependencia de Asia, simplemente no podía ofrecer.
Soberanía tecnológica e inteligencia artificial
Como consultor en IA, sé que los algoritmos por sí solos no ganan guerras económicas, pero el control de la infraestructura sí. Mientras que en años anteriores se permitía la fuga de talento y tecnología, la actual administración ha establecido una soberanía tecnológica férrea.
El control sobre los chips avanzados y la energía necesaria para procesar la IA ha dejado a China compitiendo con herramientas de segunda mano.
Estados Unidos ha decidido que el “cerebro” del siglo XXI debe ser “hecho en América”.
Lo dije en 2024
En mis conversaciones durante la campaña de 2024, cuando muchos se dejaban llevar por el derrotismo, yo era claro: “Estados Unidos no está acabado, solo está mal gestionado”, con la salvedad de que repetí por activa y por pasiva, “EEUU y el mundo necesitan un Donald Trump”. Hoy, la realidad de 2026 confirma que cuando se cambia la ideología globalista por el interés nacional, el gigante despierta. No es solo dinero; es orgullo y es orden.
Al final del día, el mercado ha premiado la claridad. Mientras China lucha con una crisis inmobiliaria interna y un envejecimiento poblacional que es consecuencia directa de sus políticas sociales pasadas, Occidente ha redescubierto que el crecimiento requiere protección, valores y, sobre todo, un líder que no pida perdón por ganar.


