Estados Unidos incrementa su presencia militar en el Golfo Pérsico
Estados Unidos ha incrementado su presencia militar en el Golfo Pérsico con el envío del grupo de ataque del portaaviones USS Abraham Lincoln, en una maniobra destinada a proteger a los manifestantes iraníes y como respuesta a las tensiones en la región.
Movilización de activos militares
En un movimiento estratégico, el Pentágono ha movilizado activos militares desde el Pacífico y Europa hacia las aguas del Golfo y el Océano Índico. La Casa Blanca ha confirmado que el USS Abraham Lincoln, acompañado de cazas furtivos F-35C Lightning II y aviones EA-18G Growler, se dirige al Mar Arábigo, cerca de Irán. Además, el crucero USS Mobile Bay y destructores clase Arleigh Burke del Escuadrón 21 están presentes en la flota, listos para realizar ataques de precisión.
Desde la base británica de Lakenheath, se han ordenado la llegada de aviones F-15E Strike Eagles y sistemas de defensa Patriot y THAAD para proteger a los aliados de posibles represalias iraníes, según información de The War Zone. El presidente Donald Trump ha enfatizado la fuerza de la flota en su advertencia, afirmando: “Tenemos una flota enorme que se dirige hacia allí, y quizá no tengamos que usarla”.
La situación en Irán ha llevado a Washington a cancelar un ataque la semana pasada, ya que Teherán suspendió las ejecuciones de civiles arrestados durante las protestas, en las que han muerto miles de personas. A pesar de ello, la disposición de EE.UU. en la región permanece en estado de alerta máxima.
En respuesta, el comandante del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, el general Mohammad Pakpour, ha lanzado advertencias a Estados Unidos e Israel, indicando que “tienen el dedo en el gatillo”. Además, el régimen iraní ha publicado vídeos que muestran la ubicación de las bases estadounidenses en la región, sugiriendo su capacidad de ataque.
Un aspecto que preocupa a los analistas es el Estrecho de Ormuz, un punto estratégico que maneja el tránsito de 20 millones de barriles de petróleo diarios, aproximadamente una quinta parte del consumo mundial. Si el régimen iraní percibe su colapso como inminente, podría recurrir al bloqueo de este canal, lo que podría desencadenar un shock energético global de consecuencias imprevisibles.
A medida que se intensifican las tensiones en la región, la situación continúa siendo monitoreada de cerca por las autoridades internacionales y expertos en seguridad, dada su posible repercusión en la economía global y la estabilidad geopolítica.

