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La profecía de 2024: El regreso al orden y el espíritu de Rocky

La profecía de 2024: El regreso al orden y el espíritu de Rocky
Por: Pedro Morales: Consultor en inteligencia artificial y marketing digital, director ejecutivo del grupo de medios La Nave Digital, fundador del periódico digital Liderazgo Noticioso y de la agencia de automatizaciones IA Liderazgo Digital MS.

En la efervescencia de la campaña electoral de 2024 en EEUU, cuando la incertidumbre dominaba el discurso global, sostuve en repetidas ocasiones desde la República Dominicana, en conversaciones de café con amigos, una convicción que el tiempo se ha encargado de validar: el mundo no solo necesitaba un cambio; el mundo necesitaba a Donald Trump.

Hoy, situados en 2026, mirar hacia atrás permite comprender que no se trataba de una preferencia partidista aislada, sino de una lectura pragmática de la realidad geopolítica. Occidente se encontraba en una esquina del ring, sangrando por una inflación descontrolada, una crisis de valores sin precedentes y una parálisis estratégica que permitió a potencias como China acortar distancias de forma alarmante.

El “Sorpasso” que no fue

Durante los últimos periodos de la administración demócrata, agravados por las consecuencias de una pandemia que golpeó con especial dureza la estructura económica occidental, los informes eran sombríos. En 2021, prestigiosos organismos preveían que China superaría a Estados Unidos como primera potencia mundial en 2028. Se hablaba de un declive inevitable.

¿Qué es un “sorpasso”? Aunque suene complejo, es una palabra italiana que significa simplemente “adelantamiento”. En economía, se usa para describir el momento exacto en que un país logra superar a otro en riqueza o tamaño de su economía (el PIB). El término se hizo famoso en los años 80 cuando Italia superó al Reino Unido, y desde entonces, se usa para marcar esos cambios de mando en el poder mundial.

Sin embargo, ese adelantamiento que muchos daban por hecho se ha quedado en el carril de espera. Al iniciar este 2026, las cifras son contundentes: mientras la economía estadounidense se proyecta sobre los 30.5 billones de dólares, China se ha estancado en torno a los 20.6 billones, lastrada por su propia crisis inmobiliaria y un envejecimiento poblacional que sus líderes no supieron prever. La brecha no solo se mantuvo, sino que ha vuelto a ensancharse, demostrando que el orden económico requiere determinación, no solo inercia.

Del libertinaje al sentimiento de nación

Uno de los puntos más críticos de mi análisis siempre ha sido el impacto de la llamada Agenda 2030. Bajo el manto de una supuesta progresía, el mundo occidental se sumergió en una tendencia de permisividad que, a menudo, degeneró en libertinaje. Mientras nos distraíamos en ingeniería social, las calles de Estados Unidos, se llenaban de imágenes dantescas: la crisis del fentanilo convirtiendo rincones de grandes ciudades en escenarios de “zombies” y una delincuencia que parecía gozar de impunidad.

El regreso de Trump ha significado un retorno a los principios de la familia tradicional y a la seguridad como pilar del Estado. La guerra total contra el narcotráfico y la recuperación del control fronterizo no son solo medidas políticas; son actos de defensa de la civilización.

El espíritu de Rocky

Es imposible no recordar la épica de películas como Rocky. Ese sentimiento del hombre que, contra todo pronóstico y a pesar de los golpes recibidos, decide que no va a quedarse en la lona. Estados Unidos, y por extensión el mundo libre, necesitaba recuperar ese orgullo. Especialmente, EEUU necesitaba recuperar el orgullo de ser americano representado en múltiples ocasiones en el cine.

Ese mismo instinto es el que hoy impulsa movimientos estratégicos en el Ártico y Groenlandia. Lo que algunos críticos tachan de “ataque” es en realidad una defensa estratégica militar y tecnológica. Controlar los materiales raros —el oro del siglo XXI— es evitar que Rusia y China, que llevan años posicionándose en silencio en el norte, tomen la delantera en la tecnología del futuro. Este último dato es importante y a tener muy en cuenta, y hay que recalcarlo: la iniciativa de Trump no es un capricho; las otras grandes potencias ya hace tiempo que estaban en silencio realizando maniobras para conseguir el mismo objetivo que Donald Trump está solicitando ahora, con la diferencia de que, en el aspecto militar, Rusia y China estaban buscando una ventaja de ataque y Estados Unidos está buscando una estrategia de defensa.

Un legado en marcha

La estructura que se está consolidando en este 2026 sugiere que no estamos ante un fenómeno pasajero. Con figuras como Marco Rubio proyectando una continuidad institucional de estos ideales, el camino hacia el orden parece trazado para las próximas décadas.

El mundo necesitaba orden. El mundo necesitaba liderazgo. Y, como afirmé hace dos años, una buena parte de la población del mundo necesitaba recuperar la fe en su propia capacidad de lucha ante un declive que tenía una sola dirección hacia la decadencia del ser humano, con la amenaza de la pérdida de valores tradicionales tan importantes como son la familia. El combate sigue, pero hoy, gracias a Trump, al menos estamos de pie en el centro del ring.

Fuentes y datos para contraste:

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