Han pasado 13 días desde que Anderson Santos Rodríguez, un joven de 23 años, fue visto por última vez en Nagua, y su madre no ha dejado de buscar respuestas. Yanela Rodríguez Monegro lanzó un llamado directo al presidente Luis Abinader para que intensifique los esfuerzos oficiales en la búsqueda de su hijo, el joven desaparecido cuyo caso ha conmocionado a toda la comunidad del nordeste del país.
Lo que encontraron en “el punto” y lo que nadie quiere confirmar
El hallazgo más perturbador hasta ahora no es la ausencia de Anderson, sino lo que dejó atrás: una camiseta roja y un pantalón blanco, prendas identificadas como suyas, encontradas quemadas en un lugar conocido en la zona como “el punto”. Para su madre, ese detalle no es menor. Es la única evidencia física que existe, y las autoridades aún no han ofrecido una explicación oficial sobre lo que significa.
Rodríguez Monegro se reunió con el coronel de la Dirección Central de Investigación (DICRIM) en la estación policial local, pero salió de ese encuentro con más preguntas que certezas. “Me tomaron los datos y me aseguraron que trabajarían para encontrar a mi hijo”, relató, con una voz que mezcla la esperanza con el agotamiento de quien lleva casi dos semanas sin dormir tranquila. Hasta el momento, ninguna autoridad le ha comunicado avances concretos sobre el paradero del joven desaparecido.
A la incertidumbre oficial se suman las versiones que circulan en la comunidad. Algunos rumores apuntan a que Anderson pudo haber sido víctima de un ataque violento; otros sugieren que se marchó por voluntad propia. Su madre rechaza de plano esta segunda hipótesis: conoce a su hijo y sabe que jamás desaparecería sin dar señales de vida a su familia. Un detalle adicional refuerza su inquietud: la mascota de Anderson ha permanecido en la zona de “el punto” desde el día de la desaparición, un comportamiento que ella describe como inusual y que no ha pasado desapercibido para quienes lo conocen.
La comunidad se moviliza y exige respuestas a las autoridades
La desesperación familiar desbordó el ámbito privado el pasado sábado, cuando familiares y vecinos bloquearon la autovía del nordeste en una protesta directa contra la inacción percibida de las autoridades. La medida de presión evidencia que el caso del joven desaparecido ya no es solo un asunto de una familia: es una demanda colectiva de una comunidad que exige saber qué ocurrió.
Eduardo, primo de Anderson, fue uno de los más contundentes en sus declaraciones. Afirmó que existe al menos un detenido vinculado al caso que, según él, debe ser presionado para que entregue información clave. “Sin la captura del cabecilla de este grupo, la situación se complica”, advirtió Eduardo, quien vio a su primo por última vez en diciembre de 2025 y hoy clama por reencontrarse con él. Sus palabras sugieren que detrás de la desaparición podría haber una estructura organizada, aunque las autoridades no han confirmado ni desmentido esta línea de investigación.
Desde la vivienda de Anderson, la familia también elevó un pedido formal a DICRIM, Defensa Civil y los bomberos para que desplieguen unidades con equipos caninos especializados en la zona. “Que se entreguen pacíficamente, porque si no lo hacen, enfrentarán serias consecuencias”, advirtió Eduardo en un mensaje dirigido a quienes pudieran tener información o responsabilidad en el caso. La familia no espera que las instituciones actúen solas: están organizando su propia búsqueda y han dejado claro que no descansarán hasta encontrar a Anderson.
El joven desaparecido y una familia que no acepta el silencio
Anderson Santos Rodríguez fue reportado desaparecido el 7 de octubre, fecha que marca el inicio de una cuenta regresiva que su familia vive con angustia creciente. Trece días sin noticias, sin una llamada, sin una señal. Para Yanela Rodríguez Monegro, cada hora que pasa sin respuesta es una hora más de incertidumbre que ninguna madre debería soportar.
Su llamado al presidente Abinader no es solo un gesto simbólico: es la expresión de una familia que ha agotado los canales institucionales disponibles y siente que el peso del Estado no se ha volcado sobre este caso con la urgencia que merece. La Dirección Central de Investigación (DICRIM) tiene en sus manos una investigación que, según los familiares, aún no ha producido resultados visibles. Mientras tanto, el joven desaparecido sigue sin aparecer, y su madre sigue esperando frente a una puerta que todavía no se ha abierto.

