María Corina Machado volvió a tomar la iniciativa política desde Europa. Este martes, en una entrevista concedida a la agencia AFP en París, la líder opositora venezolana instó a que se convoquen elecciones en Venezuela «lo antes posible», en respuesta directa al rechazo que el ministro del Interior, Diosdado Cabello, hizo de esa misma petición. El llamado no es nuevo, pero el momento sí: llega en medio de una Venezuela sin Maduro en el poder y con una presidenta interina bajo presión internacional.
Lo que exige la oposición y lo que dice la Constitución
La oposición venezolana sostiene que la Constitución es inequívoca: ante una falta absoluta del presidente, el país tiene 30 días para convocar una elección presidencial. Ese es el argumento central que Machado repite desde que Nicolás Maduro fue capturado por fuerzas estadounidenses el 3 de enero, dejando un vacío de poder que la presidenta interina, Delcy Rodríguez, intenta gestionar desde entonces.
Pero Machado fue precisa en París: pedir elecciones «lo antes posible» no equivale a exigirlas de forma inmediata. Antes de cualquier cita electoral, la líder opositora plantea dos condiciones no negociables. La primera es la designación de un nuevo Consejo Nacional Electoral integrado por personas sin vinculación política. La segunda es la actualización del registro electoral, un punto crítico si se considera que, según sus propias cifras, el 40% de los venezolanos con derecho a voto no están inscritos, incluyendo a millones que han emigrado.
- Designación de un CNE sin filiación política
- Actualización del registro electoral
- Inclusión de venezolanos en el exterior
Con esas condiciones sobre la mesa, Machado estima que el proceso completo podría tomar alrededor de nueve meses desde que se nombre el nuevo organismo electoral. No es un plazo caprichoso: es el tiempo que, a su juicio, requiere construir las condiciones mínimas de legitimidad que Venezuela no ha tenido en años.
María Corina Machado, entre París, Oslo y el regreso pendiente
La entrevista con AFP se produjo horas después de que Machado se reuniera con el presidente francés, Emmanuel Macron, en una agenda que la ha llevado por varias capitales europeas. En diciembre pasado, recogió el premio Nobel de la Paz en Oslo, un reconocimiento que amplificó su voz en los foros internacionales y que ahora usa como plataforma para presionar por una transición democrática.
Pese a que ha expresado su intención de regresar a Venezuela «pronto», no ha fijado una fecha. Habla de «metas que cumplir» con diásporas y líderes políticos antes de volver, lo que sugiere que su estrategia pasa primero por consolidar apoyos externos. Mientras tanto, en Caracas, los gremios sindicales preparan para este jueves una protesta en respaldo al llamado a elecciones, una señal de que la presión interna también se organiza.
El petróleo, el dato que lo cambia todo
Detrás del debate electoral hay una variable que ningún actor ignora: el petróleo. Venezuela posee las mayores reservas probadas de crudo del mundo, y ese activo convierte al país en un tablero geopolítico de primer orden. El presidente estadounidense, Donald Trump, ha manifestado abiertamente su interés en el control de esos recursos, lo que coloca a Delcy Rodríguez en una posición de negociación compleja: avanzar reformas legislativas para atraer inversión extranjera mientras resiste la presión de Washington.
En ese contexto, Rodríguez celebró recientemente la firma de acuerdos con Chevron para aumentar la producción de crudo. Machado, sin embargo, pone el argumento en perspectiva: Venezuela produce hoy alrededor de un millón de barriles diarios, pero podría alcanzar entre 5 y 6 millones si existieran autoridades legítimas y un marco legal confiable para las inversiones. Para ella, la elección no es solo una demanda democrática; es también la condición económica que el país necesita para destrabar su verdadero potencial petrolero. Ese es el argumento con el que María Corina Machado busca convencer tanto a venezolanos como a líderes internacionales de que el camino hacia la estabilidad pasa, inevitablemente, por las urnas.

