El comunicador Najib Chahede encendió el debate político al criticar con dureza la propuesta de recortar el financiamiento a los partidos políticos en la República Dominicana, advirtiendo que una medida de ese tipo no solo desequilibra la competencia electoral, sino que pone en riesgo las bases mismas del sistema democrático del país.
Por qué Najib Chahede ve una trampa en el recorte
El argumento central de Chahede apunta a una asimetría estructural: mientras la oposición dependería casi exclusivamente del financiamiento estatal para operar, el partido de gobierno conserva acceso directo al presupuesto público y a todos los recursos que este implica. Reducir los fondos a los partidos, en ese escenario, no afecta a todos por igual. Afecta, sobre todo, a quienes no controlan el aparato del Estado.
Para el comunicador, esta desventaja no es menor ni coyuntural. Es, en sus propios términos, una amenaza al equilibrio democrático que debería preocupar a cualquier ciudadano interesado en que las próximas elecciones se disputen en condiciones mínimamente equitativas. La propuesta, dijo, tiene más de populismo que de austeridad genuina.
El gasto que nadie quiere revisar
Chahede no se limitó a defender el financiamiento político. Fue más lejos y cuestionó que las autoridades concentren su atención en los fondos a los partidos mientras dejan intactas otras partidas que, a su juicio, representan un peso mucho mayor y menos justificado para las arcas del Estado. Entre los blancos de su crítica destacaron:
- Pensiones especiales otorgadas a personas que, según Chahede, no han realizado contribuciones al Estado que las justifiquen.
- Botellas en la nómina pública, es decir, plazas remuneradas sin contraprestación real de trabajo.
- Préstamos solicitados por el Gobierno que, en su valoración, no han sido canalizados hacia obras de impacto visible para la ciudadanía.
La lógica del argumento es directa: si el objetivo real fuera la eficiencia del gasto, habría objetivos más urgentes y de mayor volumen que atacar antes de tocar el financiamiento de los partidos. Que no se haga así, sugiere Chahede, revela que la motivación detrás de la propuesta es otra.
El verdadero problema es el gasto corriente
Para Najib Chahede, el diagnóstico de fondo es claro: el desafío fiscal dominicano no está en cuánto reciben los partidos políticos, sino en cómo se administra el gasto corriente y en el nivel de control real que existe sobre los recursos públicos. Mientras esas dos variables permanezcan sin reforma seria, cualquier recorte al financiamiento político será, en el mejor de los casos, cosmético.
Sus declaraciones han abierto un debate que trasciende la discusión técnica sobre presupuestos. En el fondo, lo que está en juego es una pregunta más incómoda: ¿a quién beneficia realmente debilitar económicamente a los partidos de oposición? La respuesta, según el comunicador, no requiere demasiada investigación. El debate, en todo caso, apenas comienza, y voces de distintos sectores ya han comenzado a tomar posición frente a una propuesta que, lejos de generar consenso, ha profundizado las tensiones en torno a la transparencia en el manejo de los fondos del Estado dominicano.

