La Cumbre Nacional 2026 convocada por la Confederación de Iglesias Evangélicas Dominicana no fue un evento más en el calendario religioso del país. Celebrada el pasado sábado 25 de abril en el Auditorio de la Biblioteca Nacional Pedro Henríquez Ureña, la jornada titulada “La Droga No es un Juego: Por una Juventud sin Adicciones” reunió en un mismo espacio a autoridades gubernamentales, legisladores, especialistas en prevención, líderes espirituales y cientos de jóvenes dominicanos con un propósito común: articular una respuesta nacional coordinada frente al avance de las adicciones entre la juventud.
Lo que reveló la Cumbre Nacional 2026 sobre la crisis de adicciones
El evento, dirigido por el Obispo Ángel Zapata, presidente de CONFE, combinó reflexión espiritual con análisis técnico y testimonios de recuperación. Lejos de limitarse al discurso religioso, la cumbre incorporó voces del Estado con peso institucional real. El director del Consejo Nacional de Drogas (CND), Alejandro de Jesús Abreu, y un Contraalmirante de la Dirección Nacional de Control de Drogas (DNCD) ofrecieron conferencias sobre prevención y control, aportando una dimensión técnica y operativa que reforzó la credibilidad del encuentro.
La presencia de representantes del poder legislativo fue igualmente significativa. Su participación no fue protocolaria: reafirmaron públicamente su apoyo a la iniciativa a escala nacional, lo que abre la puerta a que las propuestas surgidas en la cumbre encuentren respaldo en el ámbito de las políticas públicas. El mensaje que emergió con fuerza fue que la lucha contra las adicciones no puede recaer exclusivamente en las familias ni en las iglesias, sino que exige una arquitectura institucional compartida.
La propuesta que nadie esperaba: el PIPREJ como estrategia unificada
El momento de mayor impacto de la jornada llegó cuando el Obispo Ángel Zapata presentó una propuesta concreta: la creación del Programa Integrado de Prevención y Restauración Juvenil (PIPREJ). Lejos de ser una declaración de intenciones, el PIPREJ plantea una reconfiguración del modelo preventivo dominicano, basada en los siguientes ejes:
- Integración del Estado, las iglesias y la sociedad civil en una estrategia unificada de prevención.
- Creación de mecanismos de restauración para jóvenes que ya enfrentan situaciones de adicción.
- Diseño conjunto de políticas públicas que garanticen continuidad y cobertura nacional.
- Participación activa de las comunidades religiosas como agentes de prevención primaria.
El propio Zapata sintetizó la filosofía detrás del programa con una frase que marcó el tono del cierre: “La prevención no puede seguir siendo un esfuerzo aislado; debe convertirse en una estrategia unificada donde Estado, iglesias y sociedad trabajen como un solo cuerpo”. La declaración no es retórica: apunta directamente a una de las debilidades históricas del sistema dominicano de atención a las adicciones, que ha operado de forma fragmentada entre instituciones que rara vez coordinan.
CONFE y su rol como articulador entre fe, Estado y juventud
La Confederación de Iglesias Evangélicas Dominicana (CONFE) cerró la jornada reafirmando su compromiso de promover el PIPREJ ante las autoridades competentes y de participar activamente en el diseño de políticas públicas orientadas a la juventud. La organización, que agrupa a decenas de iglesias evangélicas en todo el territorio nacional, se posiciona así como un interlocutor legítimo entre la comunidad de fe y el aparato estatal en materia de prevención social.
El éxito de la Cumbre Nacional 2026 no se mide únicamente por la asistencia o la calidad de las ponencias, sino por la naturaleza de los compromisos que dejó sobre la mesa. Si el PIPREJ avanza hacia su implementación formal, este sábado de abril podría recordarse como el punto de inflexión en que la República Dominicana comenzó a tratar la prevención de adicciones juveniles como una política de Estado, y no como una campaña de temporada.

