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El método Abelardo de la Espriella: la derecha entendió el juego, y el dedo de Alofoke ya está apuntando hacia el 2028

El método Abelardo de la Espriella: la derecha entendió el juego, y el dedo de Alofoke ya está apuntando hacia el 2028
Por: Pedro Morales — Consultor en IA, automatizaciones y marketing digital con experiencia en gestión de crisis, director ejecutivo del grupo de medios La Nave Digital, fundador del periódico digital Liderazgo Noticioso y de la agencia de automatizaciones IA Liderazgo Digital MS.

¿Cuántas veces hay que ver a un outsider, sin partido y sin estructura territorial, empatar técnicamente con el oficialismo en una elección presidencial, para que la clase política dominicana entierre de una vez por todas el axioma de que “las redes sociales no ganan elecciones”?

A cinco días de la primera vuelta colombiana, Abelardo de la Espriella “el Tigre”, abogado penalista, independiente, candidato del movimiento Defensores de la Patria está en empate técnico con Iván Cepeda, candidato del Pacto Histórico de Gustavo Petro. Hace tres semanas estaba en 20,4%. Hoy el Centro Nacional de Consultoría lo coloca en 30,9%. Diez puntos en menos de un mes. Pero el dato más demoledor está en otro lado: Espriella ya superó a Paloma Valencia, candidata del Centro Democrático, el partido que durante veinte años fue la marca registrada de la derecha colombiana. Un outsider sin maquinaria le pasó por encima al uribismo institucional. Eso no es accidente. Es un cambio de era.

La derecha entendió el juego (al fin)

Durante una década, la izquierda continental dominó el ecosistema digital. El Foro de São Paulo, el Grupo de Puebla y el activismo de la Agenda 2030 entendieron primero el poder de las redes coordinadas, de la viralidad orgánica y de los micro-influencers que multiplican un mensaje sin que parezca campaña. Mientras la derecha pagaba vallas y producía spots de televisión para amas de casa de los años ochenta, la izquierda construía narrativas en TikTok que llegaban a los hijos de esas amas de casa.

Eso terminó en 2024 con Trump. Se confirmó con Milei en Argentina. Se replicó con Bukele en El Salvador. Y se está consolidando esta semana en Colombia con Espriella. La derecha entendió, por fin, que ya no se trata de comprar atención: se trata de construir un ecosistema que la produzca permanentemente, sin que el candidato tenga que estar al centro.

Ese matiz casi nadie lo procesa. El candidato moderno no es el centro del ecosistema, es uno más de sus actores. Espriella no publica desde su cuenta oficial los ataques más duros contra sus rivales. Los publican otros, desde sus propias cuentas, y él los retoma cuando ya están en tendencia. Detrás de esa operación, según denunció el propio Tomás Uribe, hay un estratega digital articulando todo. No es espontaneidad. Es arquitectura profesional. Cuando Álvaro Uribe, padrino histórico de la derecha colombiana, sale esta semana a quejarse de que los influencers “posan de asesores de Milei, creen que calumniar es válido”, lo que en realidad está haciendo es certificar que el modelo le funcionó tan bien a Espriella que descolocó al establecimiento que lo entrenó.

Cuatro funciones, no nueve influencers

Quien analice la campaña de Espriella buscando “los influencers que la apoyan” va a contar nombres y se va a perder lo importante. Lo que hay que entender es que el aparato cumple cuatro funciones distintas, y cada función necesita un perfil distinto.

Defensa ideológica y ataque directo. Los perfiles políticos puros, que confrontan al adversario en tiempo real y fijan el marco narrativo del día. En Colombia: Vicente HRM, Checho Sangui, Jairo Ladino.

Legitimación aspiracional. Voces empresariales y profesionales, el empresario inmobiliario Juan Navia (MrBroker), el educador financiero Arena Alfa, que le hablan al votante de clase media que aspira a prosperar y ya no quiere oír discursos políticos. Lo dicho por un empresario exitoso desde su propio Instagram pesa más que mil discursos de candidato.

Conexión internacional. El influencer español Antonini de Jiménez aporta una voz transatlántica que demuestra que esto no es un fenómeno colombiano aislado: es una red de la nueva derecha hispana operando coordinadamente entre Madrid, Buenos Aires, Bogotá, San Salvador y Washington.

Viralidad cultural. El entretenimiento puro, baja barrera ideológica, alcance masivo, Soy Jerome, El Propio Jerry, que mete al candidato en conversaciones donde el votante no esperaba encontrárselo.

Ese es el aparato. Y no se improvisa en seis meses de campaña: se construye con años de relaciones, audiencias trabajadas y producción de contenido consistente.

El dedo de Alofoke ya estaba apuntando

El 28 de noviembre de 2025, en la final de La Casa de Alofoke 2, Santiago Matías declaró que “con este dedo se escogería al próximo presidente” de la República en 2028. Y se autocomparó con Elon Musk: no candidato, sino kingmaker, el que decide a quién apoyar y le entrega su audiencia.

Quien leyó eso como bravuconada se equivocó. Lo que Alofoke estaba haciendo era anunciar la versión dominicana del modelo Espriella, antes de que el modelo Espriella estuviera consolidado en Colombia. Y la verdad incómoda es que en República Dominicana, Alofoke por sí solo, por la escala de su plataforma y su capacidad de operar simultáneamente en entretenimiento, opinión política, ataque y legitimación aspiracional, vale lo que en Colombia valen tres o cuatro influencers del ecosistema de Espriella juntos.

¿Se imagina al precandidato “X” ó “G”, con Alofoke convirtiendo su audiencia en aparato territorial digital? ¿A Tony Dandrades moviendo el voto de la diáspora desde Nueva York en cada uno de sus programas? ¿A Yarlenys Vargas haciendo el análisis político diario que el candidato no puede hacer por sí mismo sin que se le note la campaña? ¿A Nashla Bogaert aportando legitimación cultural y de clase media-alta a una candidatura, sin discurso partidario, solo con presencia? ¿A Antonini de Jiménez sumando una voz desde Madrid al ecosistema digital de Santo Domingo? Y eso sin contar a Carlos Durán, Tamara Martínez, El Pachá, Hony Estrella, Jhoel López, Anibelca Rosario… No es ciencia ficción. Es exactamente lo que está pasando en Bogotá esta semana.

Mientras tanto, el aparato del PRM, la FP y el PLD sigue diseñando campañas para 2028 con la lógica del 2012: caravanas, vallas, mítines en parques, jingles para radio. Siguen pensando que las redes son un complemento. Cuando llegue la campaña real, alguien va a llegar a la cancha con el método Espriella adaptado al dominicano, y va a barrer con esa maquinaria de cartón.

La pregunta ya no es si el modelo va a llegar a República Dominicana. Va a llegar. ¿Será el PRM, que todavía cree que ganar redes es contratar community managers? ¿Será la oposición, que todavía improvisa? ¿O será un outsider sin partido, que entendió antes que los demás que en 2028 el aparato gana y el discurso acompaña? ¿Y cuando ese outsider aparezca con su Alofoke al lado, con quién querrán hablar los candidatos tradicionales con su jefe de prensa de toda la vida, o con quien vio venir esto tres años antes?

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