Por: Pedro Morales – Consultor en IA, automatizaciones y marketing digital con experiencia en gestión de crisis, director ejecutivo del grupo de medios La Nave Digital, fundador del periódico digital Liderazgo Noticioso y de la agencia de automatizaciones IA Liderazgo Digital MS.
La carrera presidencial de 2028 comienza a tomar forma mucho antes de que se abran oficialmente las campañas, y dos acontecimientos recientes podrían cambiar significativamente el panorama político dominicano: la habilitación política de Gonzalo Castillo y la habilitación constitucional de Ramfis Domínguez Trujillo.
Durante varios años, Gonzalo Castillo estuvo condicionado por el proceso judicial derivado del denominado Caso Calamar. Su nombre figuró entre los principales acusados del expediente impulsado por el Ministerio Público, situación que generó incertidumbre sobre su futuro político. Sin embargo, el pasado 29 de mayo de 2026, el Cuarto Juzgado de la Instrucción del Distrito Nacional dictó auto de no ha lugar a su favor, excluyéndolo del proceso judicial y permitiéndole recuperar plenamente sus posibilidades de competir políticamente. Tras conocerse la decisión, el exministro de Obras Públicas anunció públicamente sus aspiraciones presidenciales para las elecciones de 2028.
Aunque dentro del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) existen otros aspirantes importantes, entre ellos Francisco Javier García, muchos observadores consideran que Gonzalo Castillo parte con ventajas considerables. Fue candidato presidencial en 2020, conserva importantes estructuras políticas, mantiene vínculos con gran parte de la dirigencia peledeísta y es percibido por numerosos dirigentes como el dirigente con mayores posibilidades de competir exitosamente contra el oficialismo. Además, es ampliamente reconocido que mantiene una relación política cercana con el expresidente Danilo Medina, figura de enorme influencia dentro de esa organización.
Por otro lado, Ramfis Domínguez Trujillo también entra oficialmente al tablero electoral. El pasado 8 de junio se cumplieron diez años de la renuncia a su ciudadanía estadounidense, requisito establecido por la Constitución dominicana para quienes aspiran a la Presidencia de la República. Durante años, ese fue el principal obstáculo legal que limitaba sus aspiraciones. Con ese plazo cumplido, Ramfis queda plenamente habilitado para competir electoralmente en 2028.
La importancia política de Ramfis trasciende el aspecto jurídico. Su discurso enfocado en orden, seguridad, control migratorio y fortalecimiento de la soberanía nacional ha logrado conectar con un segmento específico del electorado dominicano. Como presidente del Partido Esperanza Democrática (PED), representa una alternativa distinta a los partidos tradicionales y mantiene una narrativa de outsider político que atrae a votantes desencantados con las organizaciones históricas.
Precisamente ahí surge uno de los factores más interesantes de cara a 2028. La eventual presencia simultánea de candidatos fuertes en varias organizaciones podría provocar una importante fragmentación del voto. El Partido Revolucionario Moderno (PRM) probablemente presentará una figura de gran peso nacional, siendo mencionados con frecuencia nombres como David Collado o Carolina Mejía. La Fuerza del Pueblo tendría nuevamente como principal figura a Leonel Fernández o en su caso a un Omar Fernández como heredero. El PLD podría llevar a Gonzalo Castillo, mientras que Esperanza Democrática tendría a Ramfis Domínguez Trujillo.
En un escenario con cuatro polos electorales competitivos, resulta difícil imaginar que una sola candidatura alcance más del 50 % de los votos válidos en primera vuelta. La presencia de Gonzalo fortalece al PLD. La presencia de Ramfis fortalece el voto emergente y nacionalista. Leonel conserva una base consolidada. Y el PRM mantiene el poder y la estructura gubernamental.
Por esa razón, más allá de simpatías o diferencias ideológicas, la realidad política parece apuntar hacia una conclusión cada vez más evidente: la habilitación de Gonzalo Castillo y Ramfis Domínguez Trujillo incrementa significativamente las probabilidades de que las elecciones presidenciales de 2028 se definan en una segunda vuelta, en lo que podría convertirse en uno de los procesos electorales más competitivos y fragmentados de la historia política reciente de la República Dominicana.


