Cuatro soldados del Grupo de Regulares nº 54 fueron emboscados en la zona de Benzú, en Ceuta, por un grupo de entre 30 y 40 inmigrantes en situación de entrada irregular mientras realizaban labores de vigilancia en apoyo a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. La Asociación de Tropa y Marinería Española (ATME) ha condenado el ataque con dureza y ha exigido al Ministerio de Defensa que explique cómo fue posible que militares desarmados quedaran expuestos a semejante nivel de violencia sin protección adecuada.
Lo que revela la emboscada sobre la vulnerabilidad operativa en Ceuta
Según la información recogida por El Faro de Ceuta, los agresores rodearon el vehículo no blindado en el que se desplazaban los militares y comenzaron a lanzar piedras de gran tamaño. Ante la imposibilidad de continuar en el interior del coche, los cuatro efectivos se vieron obligados a abandonarlo y huir a pie, siendo perseguidos y golpeados durante la huida. Todos presentaron diversas lesiones como consecuencia de la agresión.
La intervención de la Policía Nacional, la Guardia Civil y el Servicio Marítimo permitió detener a doce de los agresores y auxiliar a los soldados, evitando que las consecuencias fueran aún más graves. Sin embargo, el episodio ha dejado al descubierto lo que ATME describe como una “situación de riesgo extremo” que no debería haberse producido bajo ningún protocolo de despliegue responsable.
La asociación ha advertido que este ataque “evidencia la creciente presión en la ciudad autónoma y la vulnerabilidad operativa del personal militar desplegado”, y ha subrayado que sus compañeros aseguran que los soldados se encontraban desarmados y sin el equipamiento de protección necesario para hacer frente a una agresión de esa magnitud.
ATME exige a Defensa revisar protocolos con militares desarmados en zona de riesgo
La respuesta institucional de ATME no se ha limitado a la condena pública. La asociación ha trasladado por escrito al Ministerio de Defensa una serie de preguntas concretas: el estado de salud de los cuatro militares afectados, si los protocolos actuales garantizan la seguridad mínima del personal desplegado en Ceuta, y si se prevé reforzar los medios de protección personal y material, incluyendo vehículos blindados y equipamiento adecuado, tras lo ocurrido.
Para ATME, la raíz del problema es estructural. La asociación considera urgente que Defensa revise los protocolos de despliegue y mejore la coordinación con el Ministerio del Interior, y lo argumenta sin ambigüedades: “No tiene sentido habilitar despliegues sin garantizar protección, medios y claridad jurídica”. En ese mismo sentido, recuerda que el personal militar cumple funciones esenciales para la seguridad del territorio nacional y que esa responsabilidad debe ir acompañada de las garantías operativas correspondientes.
Las demandas de la asociación se articulan en torno a tres ejes principales:
- Revisión inmediata de los protocolos de despliegue en zonas de alta presión migratoria.
- Dotación de medios de protección adecuados, tanto personales como materiales, para el personal en misión.
- Mayor coordinación entre el Ministerio de Defensa y el Ministerio del Interior para evitar vacíos de responsabilidad.
Una ciudad bajo presión y un aviso que no puede ignorarse
La emboscada de Benzú no es un hecho aislado. Se enmarca en una serie de episodios violentos registrados en Ceuta en el contexto de la entrada masiva de inmigrantes, y ha generado una consternación que va más allá del ámbito castrense. La ciudad autónoma acumula tensión desde hace meses, y este ataque ha vuelto a poner sobre la mesa el debate sobre los límites del despliegue militar en funciones de apoyo a la seguridad fronteriza.
ATME cierra su comunicado con una advertencia que resume la posición de la asociación ante la situación: “El CATE era necesario; ahora hay que dotarlo. Y lo mismo ocurre con los despliegues militares: sin medios, no hay seguridad”. La frase condensa una crítica que apunta directamente a la gestión política y operativa de una frontera donde los militares desarmados han demostrado ser, esta vez, el eslabón más vulnerable de la cadena.

