Omar Fernández, senador de la Fuerza del Pueblo por el Distrito Nacional, encendió una señal de alerta sobre una falla que parece elemental pero tiene consecuencias profundas: el Gobierno dominicano no sabe con exactitud cuántos empleados tiene en su nómina. La denuncia, plasmada en un artículo de opinión publicado en el Listín Diario, no es un dato menor. Es, según el legislador, el síntoma más visible de un Estado que intenta administrarse sin conocerse a sí mismo.
El dato que revela la fragilidad del Estado dominicano
El propio Ministerio de Administración Pública admitió a finales de julio que no existe un registro exacto de los servidores públicos. Ante esa confesión institucional, Fernández lanzó una pregunta que resume el problema: «¿Cómo puede administrarse eficientemente aquello que ni siquiera se conoce con exactitud?». La respuesta, implícita, es que no puede.
El peso de la nómina pública hace que la pregunta sea urgente. Según datos oficiales, de aproximadamente 2.6 millones de empleados afiliados activos en la República Dominicana, alrededor de 773 mil pertenecen al sector público. Eso significa que casi uno de cada tres empleos formales en el país está vinculado al Estado. Sin un inventario confiable, es imposible saber quién trabaja para el Gobierno, dónde lo hace, qué funciones desempeña y cómo su posición impacta las finanzas públicas.
Omar Fernández y la reforma que el país necesita
Omar Fernández es claro en su diagnóstico: República Dominicana necesita «un Estado más pequeño, más eficiente y mucho mejor administrado». Pero se cuida de que esa frase no sea leída como un llamado al desmantelamiento institucional. El senador distingue entre reducir el tamaño del aparato burocrático y debilitar las funciones esenciales que el Estado debe garantizar con solidez. Entre esas funciones, enumera:
- Seguridad ciudadana y defensa de la frontera
- Justicia e infraestructura
- Educación y salud pública
- Protección de las poblaciones vulnerables
La distinción es relevante porque sitúa el debate en el terreno correcto: no se trata de gastar menos por principio ideológico, sino de administrar mejor con los recursos disponibles. «La verdadera reforma pendiente no consiste simplemente en gastar menos, sino en administrar mejor», concluyó el legislador.
Lo que revela la matrícula haitiana sobre la calidad de los datos del Estado
El problema de la información deficiente no se limita a la nómina. En una discusión reciente con el ministro de Educación, Omar Fernández puso sobre la mesa otro dato que ilustra la misma falla sistémica: la matrícula de estudiantes haitianos en el sistema educativo dominicano —tanto en centros públicos como privados— pasó de 25,158 en el año escolar 2007-2008 a 205,361 en 2024-2025, según registros oficiales. Lo que el senador encontró preocupante no fue solo la cifra, sino que una institución del propio Estado cuestionara sus propios datos, evidenciando que la falta de información confiable es un patrón, no una excepción.
Esa inconsistencia refuerza su argumento central: sin datos sólidos, cualquier política pública —sea de empleo, educación o gasto fiscal— se construye sobre arena.
La hoja de ruta: tecnología, integración y menos duplicidades
Fernández no se quedó en el diagnóstico. Propuso una agenda concreta para atacar el problema desde sus raíces. Las medidas que plantea incluyen:
- Integración de bases de datos gubernamentales dispersas
- Eliminación de duplicidades institucionales
- Simplificación de procesos administrativos
- Uso de herramientas de inteligencia artificial para la gestión pública
El argumento económico detrás de estas propuestas es directo: una administración pública más eficiente reduce la presión sobre los impuestos, mejora el clima para la inversión privada y genera condiciones más favorables para la creación de empleos y el crecimiento económico. En ese sentido, la reforma del Estado no es solo un asunto de burocracia; es una condición para el desarrollo. El Ministerio de Administración Pública tiene en sus manos la tarea de construir ese registro que hoy, según el propio Gobierno, todavía no existe.

