El petróleo WTI registró este mes uno de sus movimientos más abruptos en lo que va del año: un alza del 5.2 % que llevó su precio a US$90.22 por barril, directamente impulsada por los ataques militares de Estados Unidos contra Irán. El dato no es solo una cifra de mercado; es la señal más clara de que la geopolítica sigue siendo el factor dominante en la fijación del precio del crudo a nivel global.
El petróleo WTI y la montaña rusa del conflicto en Medio Oriente
Para entender la magnitud del repunte, hay que rastrear el recorrido del barril en los meses previos. A finales de agosto, el WTI rondaba los US$85 por barril, un nivel ya elevado en comparación con el piso que tocó durante el verano. El punto de inflexión llegó el 18 de junio, cuando la firma de un acuerdo de negociación entre Washington y Teherán generó expectativas de distensión y empujó los precios a la baja. El 6 de julio, el crudo marcó un mínimo de US$68.6 por barril, el nivel más bajo del período analizado.
Sin embargo, la calma duró poco. A partir del 7 de julio, la reactivación de tensiones en el estrecho de Ormuz —una de las arterias más críticas del comercio mundial de petróleo— revirtió la tendencia. Las cotizaciones internacionales del crudo respondieron de inmediato, llevando el precio promedio a US$78.8 por barril. A lo largo de agosto, el conflicto en Medio Oriente se mantuvo activo y los precios se sostuvieron en torno a los US$85, con los combustibles refinados escalando incluso a un ritmo mayor que el del crudo mismo.
Lo que revelan los combustibles: gasolina al alza con matices
El comportamiento del petróleo WTI no se quedó encerrado en los mercados de futuros: se trasladó, aunque de forma desigual, a los precios de los combustibles. En julio, la gasolina en Nueva York promedió US$4.22 por galón, lo que representa un incremento interanual del 28.2 %. La cifra es contundente y refleja el peso acumulado de meses de tensión geopolítica sobre el consumidor final.
No obstante, la comparación mensual ofrece un matiz relevante: respecto a junio, la gasolina registró una caída del 3.0 %, equivalente a US$0.13 por galón. Ese descenso coincide con el período de negociación diplomática y el mínimo del crudo en julio, lo que confirma que los acuerdos de distensión, aunque temporales, sí tienen un efecto tangible en los precios al consumidor. El problema es que ese alivio se evaporó con la misma rapidez con que se firmó el acuerdo.
- Precio mínimo del WTI en el período: US$68.6/barril (6 de julio)
- Precio promedio tras reactivación de tensiones: US$78.8/barril
- Precio al cierre de agosto: aproximadamente US$85/barril
- Precio tras ataques de EE.UU. a Irán: US$90.22/barril (+5.2 %)
- Proyección promedio anual del WTI para 2026: US$83.5/barril
El oro como termómetro del miedo financiero global
Mientras el petróleo WTI escalaba por la vía del conflicto armado, otro activo contaba su propia historia de incertidumbre: el oro. Entre marzo y julio, el metal precioso siguió una tendencia a la baja, con un promedio de US$4,071.2 por onza troy en julio. Pero a comienzos de agosto, las cotizaciones se corrigieron con fuerza al alza, promediando US$4,331.8 por onza troy en los primeros 20 días del mes.
El repunte del oro no fue casual. Según el informe del Ministerio de Hacienda, el alza estuvo impulsada principalmente por la creciente preocupación de los mercados sobre la sostenibilidad de la deuda pública estadounidense, combinada con una menor expectativa de endurecimiento inmediato de la política monetaria de la Reserva Federal. Al cierre de agosto, el oro alcanzó aproximadamente US$4,500 por onza troy, consolidándose como el refugio de valor preferido en un entorno internacional que no da señales de estabilizarse.
El escenario que dibujan ambos activos —el crudo y el oro disparados simultáneamente— es el de mercados globales en modo defensivo. Las proyecciones sitúan el precio promedio anual del petróleo WTI en US$83.5 por barril para 2026, pero esa estimación fue elaborada antes de los últimos ataques. Con el estrecho de Ormuz como variable permanente de riesgo y la diplomacia mostrando sus límites, los analistas tendrán que recalibrar sus modelos.

