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Abinader: ‘No pagaremos ni 250 pesos’ por secuestro en Haití

Abinader: ‘No pagaremos ni 250 pesos’ por secuestro en Haití

El presidente Luis Abinader reveló que en 2022 movilizó fuerzas especiales dominicanas hacia la frontera con Haití tras el secuestro de Carlos Guillén Tatis, consejero agrícola de la Embajada dominicana en Puerto Príncipe, a quien los captores exigían un rescate de 250,000 dólares. La respuesta del mandatario fue categórica: “No pagaremos ni 250 pesos”, una frase que resume la doctrina de su gobierno ante este tipo de crisis y que pronunció durante el programa La Agenda Semanal mientras defendía públicamente al presidente salvadoreño Nayib Bukele por un caso similar.

El secuestro en Haití que puso a prueba la doctrina Abinader

Cuando Guillén Tatis fue capturado en territorio haitiano, el gobierno dominicano activó un protocolo que combinó presión diplomática con preparación militar real. Abinader se comunicó directamente con el entonces primer ministro haitiano, Ariel Henry, para explorar la posibilidad de una operación conjunta de rescate que contara con autorización formal de Puerto Príncipe. No era una amenaza retórica: las fuerzas especiales estaban desplegadas y listas para actuar en un plazo máximo de 24 horas.

La presión surtió efecto antes de que fuera necesario ejecutar la operación. El diplomático fue liberado sin que el gobierno dominicano desembolsara un solo peso en concepto de rescate, validando así la apuesta de Abinader por la firmeza como herramienta de negociación. El episodio, que hasta ahora no había sido detallado públicamente con este nivel de precisión, ilustra cómo Santo Domingo gestiona en privado las crisis consulares en un país donde los secuestros se han convertido en una industria criminal de primer orden.

Lo que revela el patrón: tres casos, una misma línea roja

El caso de Guillén Tatis no fue el único que enfrentó la administración Abinader en suelo haitiano. El presidente recordó al menos otros dos episodios que refuerzan la coherencia de su postura. En 2021, dos trabajadores dominicanos del sector cinematográfico fueron secuestrados en Haití; las gestiones del gobierno lograron su liberación sin pago de rescate. En un tercer caso, un conductor de autobús dominicano fue liberado al identificarse como nacional de República Dominicana, lo que sugiere que la reputación del país como actor que no cede ante extorsiones tiene un efecto disuasorio concreto sobre el terreno.

  • 2021: Dos trabajadores dominicanos del cine secuestrados en Haití — liberados mediante gestiones diplomáticas.
  • 2022: Carlos Guillén Tatis, consejero agrícola de la Embajada dominicana — liberado tras despliegue de fuerzas especiales en la frontera.
  • Sin fecha precisada: Conductor de autobús dominicano — liberado al identificarse como nacional dominicano.

El hilo conductor de los tres casos es idéntico: ningún rescate pagado, coordinación con las autoridades haitianas cuando fue posible y disposición real a escalar la respuesta si las vías diplomáticas fallaban. Abinader lo formuló como principio de Estado, no como decisión coyuntural.

El contexto que explica por qué Abinader habló ahora

Las declaraciones del mandatario no surgieron en el vacío. Abinader las realizó mientras salía en defensa de Nayib Bukele, presidente de El Salvador, quien enfrenta críticas por la situación de cuatro ciudadanos salvadoreños secuestrados en Haití. Al compartir su propia experiencia, Abinader no solo respaldó a su homólogo centroamericano, sino que posicionó a República Dominicana como un referente regional en el manejo de este tipo de crisis, con una política documentada y resultados verificables.

La situación en Haití sigue siendo uno de los principales focos de inestabilidad del Caribe, con bandas armadas que controlan amplias zonas del territorio y utilizan el secuestro como fuente sistemática de financiamiento. En ese contexto, la postura dominicana de no pagar rescates y mantener capacidad de respuesta operativa en la frontera adquiere una dimensión estratégica que va más allá de cada caso individual: es, en la práctica, la única política que no alimenta el ciclo de extorsión que hace del secuestro en Haití un negocio rentable para sus perpetradores.

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