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Abinader revela dos conversaciones con Bukele por militares en Haití

Abinader revela dos conversaciones con Bukele por militares en Haití

El presidente Luis Abinader reveló el lunes que ha sostenido dos conversaciones directas con su homólogo salvadoreño, Nayib Bukele, para abordar el secuestro de cuatro militares de El Salvador en Haití y ofrecer la cooperación de República Dominicana en la resolución del caso. La última de esas llamadas ocurrió la misma mañana del lunes, según confirmó el mandatario durante su intervención en La Agenda Semanal. El mismo día, el gobierno salvadoreño salió a desmentir un mensaje que circulaba en redes sociales y que, supuestamente atribuido a Bukele, cuestionaba al gobierno y las Fuerzas Armadas dominicanas.

Lo que reveló el contacto directo entre Abinader y Bukele

La comunicación entre ambos presidentes se centró en mantener informado a Bukele sobre la evolución de la situación en Haití y en precisar el alcance del apoyo que Santo Domingo está dispuesto a ofrecer. Abinader detalló que esa colaboración incluye tres líneas concretas de acción:

  • Asistencia médica para los militares una vez sean liberados.
  • Apoyo logístico coordinado con las autoridades pertinentes.
  • Intercambio de información de inteligencia sobre las pandillas haitianas.

El presidente dominicano fue explícito, sin embargo, en marcar los límites de esa cooperación: República Dominicana no enviará tropas para participar directamente en operaciones militares dentro del territorio haitiano. La postura del gobierno es contribuir desde afuera del campo de batalla, sin comprometer a sus fuerzas armadas en un conflicto que sigue sin resolución a la vista. Abinader expresó además su esperanza de que el secuestro de los cuatro soldados salvadoreños sirva como catalizador para una respuesta internacional más enérgica frente al avance de las pandillas en Haití, cuya expansión ha profundizado la crisis de seguridad en ese país.

El Salvador desmiente el mensaje que sacudió las redes

En paralelo a las declaraciones de Abinader, el Ministerio de Relaciones Exteriores de El Salvador emitió un comunicado oficial para desacreditar los mensajes que circulaban en redes sociales atribuidos a Bukele, en los que supuestamente se lanzaban críticas contra el gobierno y las Fuerzas Armadas de la República Dominicana. La cancillería salvadoreña fue categórica: “la información contenida en dichos mensajes es completamente falsa, carece de fundamento y no refleja, de manera alguna, la posición de El Salvador ni la naturaleza de nuestra relación con la República Dominicana”.

El desmentido llegó en un momento de alta sensibilidad diplomática, cuando el caso de los cuatro militares secuestrados mantiene en vilo a San Salvador y convierte cada declaración —real o fabricada— en un potencial detonante. La velocidad con que el gobierno salvadoreño reaccionó ante la desinformación refleja la fragilidad del entorno informativo en torno a esta crisis y la importancia que ambos países otorgan a preservar el canal de comunicación abierto entre sus presidentes. Según información disponible, las autoridades haitianas aún no cuentan con datos definitivos sobre el paradero de los cuatro soldados, lo que mantiene el caso en una incertidumbre que alimenta tanto la preocupación oficial como la circulación de rumores.

Una crisis haitiana que exige más que palabras

El trasfondo de estas conversaciones es una crisis reconocida por Naciones Unidas como una de las emergencias humanitarias y de seguridad más graves del hemisferio. Las pandillas haitianas han expandido su control territorial de forma sostenida, dificultando cualquier operación de rescate y poniendo en evidencia la debilidad del Estado haitiano para garantizar la seguridad de quienes operan en su territorio, incluidos contingentes militares extranjeros. En ese contexto, la oferta de cooperación de Abinader adquiere un peso simbólico y práctico: República Dominicana, como país fronterizo, maneja información de inteligencia sobre los grupos armados que ningún otro actor regional puede replicar con la misma proximidad geográfica.

El diálogo entre Abinader y Bukele también subraya una realidad que la diplomacia regional no siempre reconoce con claridad: la crisis haitiana ya no es un problema exclusivo de Haití. Sus consecuencias se proyectan sobre los países vecinos, y la coordinación entre gobiernos —incluso a través de llamadas directas entre presidentes— se ha vuelto tan urgente como cualquier despliegue sobre el terreno.

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