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Apasionados por la cultura

Apasionados por la cultura

Por: Miguel Ángel Pantaleón Lizardo. (Panta Lizardo). Estudié Derecho en la Facultad de Derecho de la UNAM – Pluma Verde, con Panta Lizardo. 

Apasionados lectores, en esta oportunidad quiero conversar con ustedes sobre la importancia de la preservación de la suma de nuestras más ricas tradiciones. Este llamado es a propósito de las opiniones del Dr. Miguel D. Mena sobre el desprecio cultural que exhibe con mayor pico de desconocimiento el ministro de Cultura. Este es un momento singular de nuestra historia que nos mueve a luchar y a sumar fuerzas que nos conduzcan a trabajar de forma sostenida por el sentido nacional de pertenencia. Hablar de pertenencia es hablar de cultura, es hablar de la suma de tradiciones y herencias que nos dieron forma como dominicanos.

Para preservar la cultura, se necesita fortalecer la autoconciencia. Si bien es cierto que nuestra historia tiene fuerte influencia externa, también es cierto que aquellas no respondieron a la realidad y en algún momento pretendieron desplazar lo propio. No todo se perdió, y en su momento se logró rescatar un poco de lo que había y se mezcló con lo que llegó, resignificando nuestra esencia. Debemos decir que la falta de un estado inicial de igual permitió atropellos significativos a las culturas vivas presentes en nuestros pueblos, situación que aún no se reconoce del todo, pero que poco a poco se empieza a mirar aquellos atropellos como errores. Es insuficiente, pero es un inicio para reconocer los atropellos de la conquista. A lo largo de quinientos años de historia –desde el punto de vista occidental– nuestros pueblos vivieron situaciones cruciales. Hemos vivido situaciones internas y externas que acrecentaron nuestras desigualdades. Y aquí seguimos, luchando por preservar lo propio, luchando en contra de la sustitución de unos por otros y a favor de nuestras expresiones culturales.

Nuestro célebre humanista Pedro Henríquez Ureña en La utopía de América nos hizo un llamado a construir desde lo propio nuestra identidad. Para lograrlo, teníamos la obligación de indagar en las pasiones y herencias que nos mueven y nos definen. Henríquez Ureña nos invitó a conocer a cada persona en nuestros pueblos y entender y escuchar su realidad. Para él la piedra angular era la educación. Indagar en nuestras raíces más profundas ha sido el talón de Aquiles de nuestra identidad dominicana. Nuestra realidad cultural es un crisol que moldeó nuestra originalidad. Por tanto, debemos tener cuidado de aquellos burócratas que pretenden homogeneizar, limpiar o civilizar nuestra identidad. La joven historia dominicana nos ha mostrado que ese camino se ha implementado con anterioridad, y esto ha servido para difuminar aún más nuestros rostros.

Recientemente, el ministro de Cultura en su afán homogeneizador, desconoce el gagá como expresión dominicana. A la par de ese absurdo, el Ministerio de Cultura está enfrascado en dar cursillos de quinta sobre imagen personal en las redes sociales, como si le molestara el libre desarrollo de la personalidad de las mujeres emprendedoras que trabajan en pro de la cultura. Y a todo ello se suma el acoso laboral que el flamante ministro ha implementado, creando un ambiente laboral insostenible, promoviendo renuncias y despidos injustificados.

Este sujeto desconoce la importancia de todas las expresiones culturales que dieron forma a nuestra vida. Desconoce el trabajo de muchos investigadores y estudiosos de la cultura dominicana y pretende ignorar sus profundas voces. Miguel D. Mena considera al ministro de Cultura como una de nuestras “vergüenzas nacionales”. Y no se puede considerar menos que vergonzoso, porque lo que pretende el ministro con esa postura es regar la semilla del odio hacia la africanidad Esas aptitudes no son otra cosa que políticas de odio. En el Derecho Internacional existen normas que obligan a la República Dominicana a evitarlas. Esas normas se conocen como Ius Cogens. La Constitución dominicana vigente garantiza los derechos culturales en el Artículo 64. Allí se establece que toda persona tiene derecho a participar y actuar con libertad y sin censura en la vida cultural de la Nación. El Artículo 193 de la Constitución se establece la preservación de los valores culturales.

Lo que me lleva a preguntar: ¿Quién le ha dado facultades y legitimidad al ministro para desconocer una expresión cultural tan viva y propia como lo es el gagá? ¿Tiene el ministro las credenciales para destruir de un plumazo una expresión cultural que lleva dos siglos en nuestros cultivos? El trabajo del Ministerio de Cultura es y debe ser preservar todos los conjuntos de valores y prácticas culturales que se han transmitido durante generaciones.

Desconocer algunas de nuestras expresiones de forma unilateral y arbitrariamente lo convierten en un ignorante. Me atrevo a decir que la vergüenza es mayor porque esa política no es solo de un sujeto que ocupa un cargo, sino que es parte de una estructura compleja eminentemente dominada por sectores y grupos de poder que operan en las sombras. Son grupos donde no priman los intereses y valores humanos. Nuestra cultura está asediada por esos sectores de poder y esa amenaza influye en nuestra realidad social de forma inadvertida. Necesitamos mujeres y hombres apasionados por la cultura, la educación y el humanismo dispuestos a trabajar en contra de la poderosa ignorancia burocrática y a favor de nuestra identidad cultural.

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