Michel Martelly desafió este viernes a dos de las potencias más influyentes del mundo al presentar formalmente su candidatura presidencial ante el Consejo Electoral Provisional (CEP) de Haití, a pesar de cargar con sanciones impuestas por Estados Unidos y la Unión Europea por presuntos vínculos con el narcotráfico y violaciones de derechos humanos. El expresidente, que gobernó el país entre 2011 y 2016, llegó a la sede del CEP en Puerto Príncipe acompañado de sus abogados, custodiado por hombres armados y rodeado de una multitud de simpatizantes, en una escena que resume la polarización que define la política haitiana.
Las sanciones de EE.UU. y la UE que no detuvieron su regreso
El historial sancionatorio contra Martelly es reciente y contundente. En agosto de 2024, la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) del Departamento del Tesoro de Estados Unidos lo señaló formalmente por facilitar el tráfico de drogas hacia territorio norteamericano y por colaborar con redes de narcotraficantes. Meses después, en diciembre de 2025, la Unión Europea sumó sus propias restricciones, vinculándolo esta vez con actos de violencia y violaciones de derechos humanos cometidos en suelo haitiano. Pese a ese doble frente internacional, el exmandatario —conocido popularmente como Sweet Micky por su trayectoria como músico de kompa— decidió avanzar con su inscripción bajo la coalición Debloke, cuya documentación aguarda ahora validación oficial por parte del CEP.
La candidatura de Martelly no es un caso aislado en este proceso electoral. Entre los aspirantes también figura Gary Bodeau, expresidente de la Cámara de Diputados, quien igualmente enfrenta sanciones estadounidenses, en su caso por corrupción. Se suman al escenario el expresidente provisional Jocelerme Privert y el exprimer ministro Claude Joseph, configurando un campo político donde el peso del pasado institucional es tan visible como el de las investigaciones internacionales.
Un país en crisis que va a elecciones sin garantías
El contexto en el que se desarrollan estas inscripciones es, por decir lo menos, frágil. Haití atraviesa una de sus peores crisis de seguridad en décadas: según informes de la ONU, la violencia de pandillas ha dejado más de 5.700 muertos y heridos solo en el último año, además de más de 230 secuestros registrados. En ese escenario, la celebración de elecciones el 13 de diciembre —fecha originalmente prevista— está lejos de ser una certeza. El propio CEP ha aplazado el inicio de la campaña electoral y anunció la publicación de un nuevo calendario, que hasta el momento permanece pendiente.
La incertidumbre institucional tiene raíces profundas. El último presidente haitiano elegido por voto popular fue Jovenel Moïse, quien asumió el cargo en febrero de 2017 y fue asesinado el 7 de julio de 2021 en su residencia en Puerto Príncipe por un grupo de mercenarios colombianos. Desde entonces, el país no ha logrado completar un ciclo electoral normal, y cada intento de retomar la vía democrática ha chocado con la inestabilidad política y la inseguridad generalizada.
- Michel Martelly: expresidente (2011-2016), sancionado por EE.UU. en agosto de 2024 y por la UE en diciembre de 2025.
- Gary Bodeau: expresidente de la Cámara de Diputados, sancionado por EE.UU. por corrupción.
- Jocelerme Privert: expresidente provisional, candidato presidencial.
- Claude Joseph: exprimer ministro, candidato presidencial.
Lo que revela esta candidatura sobre el futuro de Haití
Que un candidato con sanciones activas de dos bloques internacionales pueda inscribirse sin impedimento legal inmediato dice mucho sobre el estado de las instituciones haitianas. El Consejo Electoral Provisional de Haití tiene ahora la responsabilidad de validar o rechazar la documentación presentada, en un proceso que será observado de cerca tanto por organismos regionales como por los propios gobiernos que han bloqueado los activos de Martelly. La pregunta que queda abierta no es solo si las elecciones se celebrarán en la fecha prevista, sino si el marco legal haitiano tiene capacidad real para filtrar candidaturas que el orden internacional ya ha cuestionado. La respuesta del CEP marcará el tono de todo lo que venga después.

