El alza del dólar y el encarecimiento de los combustibles están tensando los costos de producción en la cadena agroalimentaria dominicana, y los efectos podrían llegar directamente al plato de los hogares. El pollo, los huevos y la carne de cerdo —tres proteínas básicas de la dieta nacional— se perfilan como los productos más expuestos a esta presión, aunque el traslado al precio final dependerá de varios factores que aún están en movimiento.
Lo que revela el alza del dólar sobre los precios de los alimentos
El economista Juan del Rosario advirtió que la depreciación del peso ocurre en un contexto de volatilidad internacional que encarece tanto la producción como la distribución de bienes y servicios. “Ahora tú tienes un componente adicional que es la variación en el tipo de cambio con una fluctuación muy acelerada”, señaló en entrevista. Esa inestabilidad cambiaria, combinada con el alza de los combustibles, configura lo que el economista describe como un “hilo conductor” hacia el aumento generalizado de precios en la economía.
El mecanismo es directo: cuando el dólar sube, los insumos importados se vuelven más caros en pesos. En la producción pecuaria, esto impacta materias primas para alimentos balanceados, equipos y ciertos productos veterinarios. En avicultura —tanto para carne de pollo como para huevos— el costo de alimentación representa el componente más significativo del proceso productivo. Lo mismo ocurre en la cría porcina, donde la alimentación es determinante en el engorde. Si los productores no logran absorber ese incremento, el costo se traslada hacia adelante en la cadena.
Del Rosario también subrayó que el efecto de los combustibles no se limita al transporte: “Esa variación es tan frecuente que provoca distorsiones y hace que las industrias utilicen los combustibles como insumos, proyectando costos al alza”. Las empresas que dependen de combustibles para producción y logística podrían ajustar sus proyecciones ante la incertidumbre, generando tensión adicional en el mercado.
Lo que dicen los datos del Banco Central en septiembre de 2026
Los datos oficiales muestran una imagen más matizada. Según el Banco Central de la República Dominicana, la inflación mensual de septiembre de 2026 fue del 0.33%, con una variación interanual del 5.12%. El índice de Alimentos y Bebidas No Alcohólicas registró una variación mensual del 0.43%, y los grupos de Transporte, Alimentos y Educación explicaron conjuntamente el 85.05% de la variación total del índice de precios al consumidor.
Sin embargo, el comportamiento dentro del grupo de alimentos fue desigual. Mientras algunos productos registraron aumentos, otros bajaron de precio:
- Aumentaron: huevos, arroz, plátanos verdes, auyamas, guandules verdes, limones agrios y batatas.
- Disminuyeron: pollo fresco, aguacates, papas, naranjas y yuca.
Esto evidencia que, al menos en septiembre, el alza del dólar no se había trasladado de forma uniforme a todos los productos pecuarios. Un aumento en los costos de producción no garantiza un incremento inmediato en el precio final, ya que intervienen factores como los inventarios disponibles, los contratos de compra vigentes y los márgenes de productores y distribuidores.
El impacto sobre las familias y el poder adquisitivo
Más allá de los índices, la presión inflacionaria tiene un rostro concreto en los hogares dominicanos. En septiembre de 2026, el costo de la canasta familiar nacional alcanzó RD$49,966, frente a los RD$49,803 registrados en agosto. Aunque el incremento parece moderado, Del Rosario advierte que el problema se agrava para los hogares con ingresos ajustados: incluso aumentos leves en productos esenciales pueden obligar a las familias a recortar otros gastos.
“Todo esto ejercerá presión sobre el poder adquisitivo de las familias, así como sobre las finanzas estatales”, afirmó el economista. Y fue más lejos al señalar que el problema no es solo de cantidad, sino de calidad nutricional: “¿Qué está comiendo la gente aquí? Carbohidratos”, advirtió, apuntando a las limitaciones que enfrentan los hogares cuando el ingreso no alcanza para una dieta balanceada.
La situación configura una advertencia que va más allá de los precios del mercado. Si el encarecimiento de insumos derivado del alza del dólar termina trasladándose a los precios del pollo, los huevos y la carne de cerdo, las familias dominicanas deberán destinar una mayor proporción de su presupuesto a la alimentación básica. La clave estará en el seguimiento de los precios al consumidor y al productor, los costos de los alimentos balanceados, los combustibles y los volúmenes de producción en los próximos meses.

