Un jet privado valuado en 70 millones de dólares, con dormitorio de cama matrimonial, duchas, bar y diseño de lujo firmado por un reconocido interiorista neoyorquino, no terminará transportando migrantes deportados. Terminará llevando a Melania Trump y a funcionarios de la Casa Blanca. Esa es la historia detrás del avión de Kristi Noem, la exsecretaria de Seguridad Nacional destituida por la administración Trump, cuya aeronave oficial acaba de cambiar de manos —y de propósito.
El avión que nunca fue para deportaciones
Cuando el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) adquirió la aeronave, la justificación oficial fue clara: apoyar la agenda de deportaciones masivas del gobierno republicano y garantizar, según un portavoz del Departamento de Seguridad Nacional, «un mando y control seguros, así como una movilidad rápida de largo alcance» para los miembros del gabinete. Noem respaldó públicamente la compra con ese argumento. Sin embargo, las características del avión contaban una historia diferente.
Según reveló NBC News, la aeronave —un Gulfstream de última generación con interior diseñado por Peter Marino, reconocido diseñador con sede en Nueva York— tiene capacidad para menos de 20 personas, cuenta con un dormitorio con cama matrimonial, duchas, cocina, cuatro televisores de pantalla plana y un bar. Un perfil que difícilmente encaja con las operaciones de deportación, que habitualmente se realizan mediante vuelos chárter capaces de transportar hasta 100 detenidos y equipados con barras para esposar a quienes representan un riesgo de seguridad. Varios funcionarios del propio Departamento de Seguridad Nacional lo señalaron abiertamente: usar esa aeronave para el traslado de migrantes era, sencillamente, inapropiado.
El avión de Kristi Noem llega a la órbita de la Casa Blanca
Tras la destitución de Noem, el destino del jet quedó en suspenso brevemente. La respuesta llegó pronto: según informó el Wall Street Journal, la aeronave pasará a ser utilizada por funcionarios de la Casa Blanca y personas cercanas al presidente, entre ellas Melania Trump. Lo que fue presentado como una herramienta para la política migratoria se convierte así en un activo de representación para la administración.
Antes de ser removida del cargo, Noem intentó anticiparse a las críticas. Argumentó que el avión estaba siendo reformado para eliminar el dormitorio y que su adquisición respondía a requerimientos formales del Congreso en materia de aviación de mando. Sostuvo además que su uso permitiría un ahorro de «cientos de millones de dólares» al consolidar el transporte de varios funcionarios en una sola aeronave. El problema con ese argumento es que ella misma solo utilizó el jet en una ocasión.
Un contrato de 200 millones que genera preguntas incómodas
La compra del avión no fue un hecho aislado. Se enmarca dentro de un contrato más amplio del Departamento de Seguridad Nacional por un valor total de 200 millones de dólares, que contempla la adquisición de dos aeronaves Gulfstream de última generación destinadas a Noem y otros altos funcionarios. La escala del gasto, combinada con el perfil de lujo de las aeronaves y la justificación migratoria que nunca se materializó, ha encendido el debate sobre el uso de fondos públicos dentro de una administración que se presenta como abanderada del recorte del gasto gubernamental.
Las características del contrato, detalladas por The Washington Post, refuerzan las dudas sobre si la compra respondió a necesidades operativas reales o a preferencias de confort de quienes ocupaban los cargos. La reasignación del avión a la Casa Blanca, lejos de cerrar la controversia, la traslada a un nuevo escenario:
- Un jet de 70 millones adquirido con fondos del ICE, destinado originalmente a deportaciones.
- Un contrato global de 200 millones que incluye dos Gulfstream de alta gama.
- Una sola vez que Noem utilizó la aeronave antes de ser destituida.
- Un nuevo uso previsto: transporte de funcionarios de la Casa Blanca y allegados al presidente.
El episodio ilustra una tensión que ha acompañado a la administración Trump desde su regreso al poder: la distancia entre el discurso de austeridad y las decisiones de gasto que se toman en los niveles más altos del gobierno. El Departamento de Seguridad Nacional no ha emitido una declaración oficial sobre el nuevo destino de la aeronave, pero la reasignación, confirmada por fuentes citadas en medios estadounidenses de referencia, habla por sí sola.

