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El domingo lidera denuncias por contaminación sónica en RD

El domingo lidera denuncias por contaminación sónica en RD

La contaminación sónica se ha convertido en uno de los problemas ambientales más extendidos de República Dominicana, y tiene un día favorito: el domingo. Así lo reveló la Procuradora General de la República, Yeni Berenice, durante un Almuerzo del Grupo de Comunicaciones Corripio, donde señaló que ese día concentra la mayor cantidad de denuncias ciudadanas por ruido excesivo en el país.

Lo que revelan 594,683 denuncias en cinco años

Las cifras hablan por sí solas. El Informe GEO-2024 del Ministerio de Medio Ambiente registró 594,683 denuncias por ruido en el Gran Santo Domingo entre 2020 y 2024, canalizadas a través del Sistema 9-1-1. No se trata de un fenómeno aislado ni menor: es una crisis sostenida que afecta la convivencia, la salud y la calidad de vida de cientos de miles de personas en la capital dominicana.

La distribución geográfica de esas denuncias revela dónde se concentra la presión sonora con mayor intensidad. Santo Domingo Este encabeza el mapa con el 33 % de los reportes, seguido por el Distrito Nacional, que acumula el 29 %. Juntas, estas dos zonas representan más de la mitad de todas las quejas registradas en el período, lo que apunta a una densidad poblacional y una cultura de tolerancia al ruido que alimentan el problema de forma estructural.

La Encuesta Nacional de Hogares de Propósitos Múltiples (ENHOGAR-MICS 2025) aporta otra dimensión del problema: el ruido afecta al 38,0 % de los hogares dominicanos. Y cuando se desglosa por tipo de fuente, el panorama es aún más preciso: el 40,4 % de la población está expuesta a música alta proveniente de bares, colmados o vecinos. Bocinas, talleres mecánicos y plantas eléctricas completan el catálogo de fuentes que superan los 55 decibeles, umbral a partir del cual cualquier sonido se clasifica técnicamente como contaminación sónica.

Por qué el ruido sacude más de lo que parece

Detrás de cada denuncia hay un cuerpo que paga el precio. La Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte que la exposición prolongada al ruido no es solo una molestia: altera el sueño, deteriora el comportamiento social, provoca irritabilidad y puede derivar en daño cognitivo y auditivo permanente. En los casos más graves, el impacto se extiende al sistema cardiovascular, con riesgos documentados de hipertensión y ataques cardíacos.

Los niños representan el segmento más vulnerable. La exposición constante a niveles elevados de ruido dificulta la comprensión lectora y altera la memoria a largo plazo, comprometiendo su desarrollo cognitivo en etapas críticas. Lo que para un adulto puede ser una incomodidad cotidiana, para un menor en edad escolar puede traducirse en rezago educativo.

El problema también tiene una dimensión cultural que lo hace especialmente difícil de abordar. Frases como “Al que le moleste la bulla, que se mude” circulan con naturalidad entre quienes reproducen música a alto volumen, evidenciando una normalización del ruido que choca frontalmente con los derechos de quienes conviven en el mismo espacio. Esa actitud no es solo una falta de civismo: es un obstáculo concreto para cualquier política de prevención.

La contaminación sónica exige más que sanciones

La respuesta institucional al problema no puede limitarse al ámbito penal. Así lo planteó la Procuradora Yeni Berenice, quien subrayó la necesidad de combinar las medidas sancionatorias con iniciativas de prevención, educación ciudadana y promoción de una convivencia más consciente. La lógica es clara: sin un cambio cultural, las multas y las denuncias seguirán acumulándose sin resolver el fondo del asunto.

El abordaje integral que demanda la contaminación sónica implica actores en distintos niveles:

  • Autoridades municipales con capacidad de fiscalización en tiempo real.
  • Ministerio de Medio Ambiente con datos actualizados y políticas de largo plazo.
  • Sistema 9-1-1 como canal de denuncia ciudadana activo y eficiente.
  • Programas educativos que instalen desde temprana edad el concepto de derecho al silencio.
  • Comunidades organizadas capaces de gestionar conflictos vecinales antes de que escalen.

El hecho de que el domingo sea el día de mayor concentración de denuncias no es un dato anecdótico. Refleja un patrón de comportamiento social vinculado al ocio, las reuniones familiares y la actividad comercial informal que se intensifica al final de la semana. Entender ese patrón es el primer paso para diseñar intervenciones que lleguen en el momento y el lugar donde el problema se produce con mayor fuerza. La contaminación sónica en República Dominicana ya tiene rostro, horario y dirección. Lo que falta es la respuesta a la altura de su magnitud.

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