El Departamento de Estado de Estados Unidos salió al paso de los cuestionamientos sobre la intensa agenda pública de su embajadora en República Dominicana, Leah Campos, y dejó en claro que su estilo de gestión no es improvisación diplomática, sino una estrategia deliberada para proyectar los intereses de Washington en el país caribeño. La aclaración llegó a través de un portavoz institucional, en respuesta directa a preguntas formuladas por EL DÍA sobre el enfoque inusualmente activo de Campos desde su llegada a Santo Domingo.
Lo que revela la estrategia de Leah Campos en República Dominicana
La explicación oficial no dejó margen para la ambigüedad. Según el portavoz, las interacciones de Leah Campos con líderes políticos, empresarios, figuras culturales y actores de la sociedad civil dominicana responden a un objetivo concreto: ampliar el espectro de interlocutores de la embajada y alcanzar audiencias que históricamente quedaban fuera del radar diplomático tradicional. “Leah Campos se ha reunido con dominicanos de diversas tendencias políticas y ha interactuado con diferentes medios, con el fin de promover mejor los intereses de nuestra nación y llegar a una audiencia diversa”, precisó el Departamento de Estado.
Este enfoque incluye participación en eventos sociales y culturales, encuentros en espacios no convencionales y una presencia activa en plataformas digitales, elementos que marcan una ruptura con el perfil más reservado que suelen mantener los representantes diplomáticos. La pregunta que flotaba en algunos círculos —si esta apertura podría estar en tensión con la doctrina de “America First” impulsada por la administración del presidente Donald Trump— quedó respondida con una frase que el Departamento de Estado no dudó en hacer pública: “La administración Trump es la más transparente de la historia de Estados Unidos, y acogemos a aquellos medios e influencers que deseen amplificar el mensaje de ‘America First'”.
Por qué Washington apuesta por una diplomacia de mayor alcance en el país
El contexto en el que opera Leah Campos no es menor. Las embajadas estadounidenses en América Latina enfrentan un ecosistema comunicacional radicalmente distinto al de hace una década, donde las redes sociales, los creadores de contenido y los medios digitales independientes compiten —y en muchos casos superan— la influencia de los canales tradicionales. Adaptarse a ese nuevo mapa no es opcional para una potencia que busca mantener su relevancia en la región.
En ese marco, la estrategia de Campos adquiere una lógica clara. Su agenda diversificada no solo busca fortalecer vínculos bilaterales con República Dominicana, sino también posicionar a la embajada como un actor presente en conversaciones que van más allá de los comunicados formales y los encuentros protocolares. El Departamento de Estado reafirmó además su política de interactuar con medios independientes y figuras influyentes en plataformas emergentes, aunque no se pronunció sobre documentos filtrados relacionados con la estrategia de comunicación de Estados Unidos en el país.
Entre los elementos que caracterizan la gestión de la embajadora se destacan:
- Reuniones con líderes de distintas tendencias políticas dominicanas.
- Interacción con medios de comunicación independientes y figuras influyentes en redes sociales.
- Participación en eventos sociales y culturales fuera de los circuitos diplomáticos convencionales.
- Encuentros con representantes del sector empresarial y de la sociedad civil.
La postura del Departamento de Estado deja pocas dudas sobre la intencionalidad detrás de cada movimiento de Leah Campos: se trata de una apuesta calculada por diversificar los canales de influencia de Washington en República Dominicana, en un momento en que la diplomacia pública exige presencia donde están las audiencias, no solo donde están los protocolos.

