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Siete helicópteros de El Salvador hacen escala en Jimaní

Siete helicópteros de El Salvador hacen escala en Jimaní

Siete helicópteros militares de El Salvador aterrizaron en Jimaní, provincia Independencia, en una escala técnica que anticipa una de las operaciones militares extranjeras más significativas desplegadas en Haití en los últimos años. Las aeronaves repostaron combustible en el helipuerto del 14.º Batallón de Infantería del Ejército de la República Dominicana antes de continuar su trayecto hacia territorio haitiano, donde la crisis de seguridad no da tregua.

La escala en Jimaní que marca el inicio de una misión sin precedentes

El contingente salvadoreño que realizó la escala en Jimaní no es una fuerza ordinaria: incluye integrantes de fuerzas especiales y representa el despliegue más numeroso enviado por un solo país a Haití desde el cierre de la Misión de Estabilización de las Naciones Unidas (Minustah), que operó en el país entre 2004 y 2017. La magnitud del operativo refleja la gravedad del detonante que lo provocó.

El 18 de octubre, un vehículo con cuatro militares salvadoreños fue emboscado en la periferia de Puerto Príncipe. Desde entonces, se desconoce el paradero de los cuatro técnicos aeronáuticos. Ese ataque, atribuido a pandillas que controlan amplias zonas de la capital haitiana, transformó la participación de El Salvador en la crisis: de aliado periférico a actor central con tropas de élite sobre el terreno.

Bukele descarta la invasión y reencuadra la operación

Ante las críticas y la atención internacional que ha generado el despliegue, el presidente Nayib Bukele salió al paso con un mensaje directo: la operación en Haití «no es una invasión», porque El Salvador «no tiene interés en dominar al pueblo haitiano». La declaración busca separar esta intervención de los episodios históricos que marcaron la relación entre potencias externas y Haití, un país con una memoria colectiva especialmente sensible a la presencia militar foránea.

El Salvador ya formaba parte de la Fuerza de Supresión de Pandillas (GSF, por su sigla en inglés) antes de la emboscada, pero su rol era considerablemente más discreto. El secuestro de sus propios soldados cambió el cálculo político y operativo de San Salvador, que ahora lidera de facto el componente más visible del esfuerzo multinacional en el país caribeño.

Lo que revela este despliegue sobre la crisis haitiana

Los datos del operativo permiten dimensionar la profundidad de la crisis en Haití:

  • Siete helicópteros militares movilizados en una sola operación.
  • Fuerzas especiales incluidas en el contingente salvadoreño.
  • Cuatro técnicos aeronáuticos desaparecidos tras la emboscada del 18 de octubre.
  • El despliegue supera en volumen cualquier contribución individual desde el fin de la Minustah en 2017.

La escala en Jimaní no fue solo una parada logística: fue el último punto de contacto con territorio dominicano antes de adentrarse en un escenario donde las pandillas han desafiado con éxito a fuerzas de seguridad locales e internacionales. La República Dominicana, que comparte con Haití la isla La Hispaniola, observa de cerca una operación cuyo desenlace tendrá consecuencias directas para la estabilidad de toda la región.

El regreso —o no— de los cuatro militares salvadoreños desaparecidos marcará el éxito o el fracaso de una misión que ya ha convertido a El Salvador en el actor más activo de la respuesta internacional a la crisis haitiana.

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