La eliminación del arancel al arroz estadounidense sacudió esta semana al sector agropecuario dominicano. El Decreto 635-26, firmado por el Poder Ejecutivo, derogó el Decreto 693-24 y abrió la puerta para que el arroz norteamericano ingrese al país bajo las condiciones del Tratado de Libre Comercio DR-CAFTA, sin la protección arancelaria de hasta el 99% que blindaba a los productores locales. La reacción del campo no se hizo esperar.
El “ciclón batatero” que temen los arroceros dominicanos
El representante del sector arrocero en la región del Cibao, Marcelo Reyes Jorge, fue contundente al calificar la medida como un golpe devastador para la agricultura nacional. Según Reyes, quien también se desempeñó como expresidente de la Federación Nacional de Productores de Arroz (Fenarroz), la decisión desencadenará lo que él describe como un “ciclón batatero que afectará todo el sistema agrícola nacional”. La metáfora no es casual: advierte que el daño no se limitará al arroz, sino que se extenderá como una ola destructiva a otros cultivos fundamentales de la dieta dominicana.
El mecanismo es directo: la entrada masiva de arroz importado a precios más bajos deprimirá los precios locales, reducirá los ingresos de los productores y, en el peor escenario, empujará a muchos de ellos a la quiebra. Reyes subraya que competir con el mercado norteamericano es una batalla desigual desde el inicio, dado que los productores estadounidenses se benefician de generosos subsidios estatales que abaratan artificialmente sus costos de producción.
Lo que revela el impacto: más allá del arroz
El sector arrocero dominicano no es un actor menor dentro de la economía rural del país. Según los datos aportados por Reyes, más de 300,000 personas dependen directa o indirectamente de esta cadena productiva, que cuenta actualmente con 134 factorías registradas. Esa cifra convierte cualquier crisis en el sector en un problema social de primera magnitud, con efectos que se sentirán en comunidades rurales del Cibao y otras regiones productoras.
Pero la preocupación va más allá del grano. Reyes alertó que rubros como la batata y el plátano también sufrirán las consecuencias de esta apertura comercial. La lógica es sistémica: cuando los agricultores pierden rentabilidad en el arroz, muchos abandonan sus parcelas o reducen la diversificación de cultivos, lo que termina afectando la oferta y los precios de otros productos agrícolas. El “ciclón batatero” que describe el dirigente no es una hipérbole, sino una advertencia sobre el efecto dominó que puede desencadenar la eliminación del arancel arroz.
- Rubros directamente amenazados: arroz, batata y plátano
- Empleos en riesgo: más de 300,000 personas vinculadas al sector
- Factorías registradas actualmente: 134
- Arancel eliminado: hasta el 99% fuera del contingente establecido por el Decreto 693-24
- Marco legal que habilita la importación: DR-CAFTA entre Estados Unidos y Centroamérica
Reunión de emergencia y un futuro incierto para el campo
Ante la gravedad de la situación, el sector ha convocado una reunión de emergencia para evaluar las acciones a seguir. La cita busca articular una respuesta colectiva frente a una decisión que, según los productores, fue tomada sin consultar a los actores del campo ni considerar los mecanismos de protección que históricamente han sostenido la producción nacional de arroz.
El Decreto 635-26 no solo elimina el arancel arroz de hasta el 99% que regía fuera del contingente, sino que también deroga el arancel del 20% que aplicaba a ciertas importaciones bajo el Decreto 693-24. En la práctica, esto significa que el arroz estadounidense podrá ingresar al mercado dominicano en condiciones significativamente más favorables, alineadas con los compromisos adquiridos en el marco del DR-CAFTA, pero sin los contrapesos que los productores locales consideran indispensables para sobrevivir.
Reyes fue enfático al señalar que el futuro a mediano plazo de la agricultura nacional luce sombrío si no se establecen incentivos concretos para los productores locales. Sin apoyos equivalentes a los que reciben los agricultores estadounidenses, la competencia en precio resulta estructuralmente imposible. La pregunta que queda abierta es si el Gobierno está dispuesto a diseñar esos mecanismos de compensación antes de que el “ciclón batatero” toque tierra.

