El remo vikingo ya tiene su primera gran escena en el Mundial 2026. Noruega regresó a la Copa del Mundo tras 28 años de ausencia y lo hizo con una victoria contundente de 4-1 sobre Irak en el Estadio Boston, en Foxborough, Massachusetts, durante la primera jornada del Grupo I. Pero si Erling Haaland se encargó de resolver el partido con un doblete antes del descanso, fueron los miles de aficionados nórdicos quienes convirtieron la jornada en algo que el fútbol difícilmente olvidará.
La tribuna que se convirtió en un drakkar
Miles de seguidores noruegos llegaron al estadio fieles a su identidad: cascos con cuernos, pieles sintéticas, capas y rostros pintados con motivos rúnicos. Las banderas rojas con la cruz azul, emblema de los llamados Vikingos Rojos, cubrieron las gradas horas antes del pitazo inicial, transformando los alrededores del recinto en un carnaval nórdico que sorprendió a un público estadounidense poco acostumbrado a una representación cultural de esa magnitud.
La imagen que lo resumió todo fue la coreografía del remo vikingo: los aficionados se sientan en filas, extienden los brazos como si empuñaran remos y se balancean hacia adelante y atrás de forma sincronizada, simulando la navegación en un antiguo drakkar. El ritmo lo marca un bombo que dicta la “velocidad de la embarcación”, mientras cánticos, el grito de “¡Ro!” —que significa “remar” en noruego— y el sonido de cuernos tradicionales animan a la multitud. El resultado, ejecutado por miles de personas al unísono, convirtió la tribuna noruega en una sola marea en movimiento que se intensificaba con cada gol.
La viralidad llegó incluso antes del partido. Videos de aficionados realizando el remo vikingo sobre las escaleras mecánicas de la estación South Station de Boston circularon en redes sociales y anticiparon lo que estaba por venir dentro del estadio.
Por qué el remo vikingo no es una improvisación
Este fenómeno tiene raíces más profundas que un simple impulso espontáneo. La coreografía ya había sido vista en un amistoso contra Suecia a comienzos de junio, y la Federación Noruega de Fútbol había lanzado una producción fotográfica titulada “The Vikings are coming”, en la que los 26 jugadores de la selección posaron con trajes y cuernos vikingos en un entorno de fiordos. La campaña no solo capturó la atención de la afición local, sino que construyó una narrativa de identidad colectiva que encontró su expresión máxima en las gradas de Foxborough.
La comparación con “la ola”, popularizada en el Mundial de México 1986, ya circula entre analistas y aficionados. El remo vikingo tiene, sin embargo, una ventaja sobre su predecesora: es exclusiva, está cargada de simbolismo cultural y genera una imagen visual tan poderosa que se sostiene sola como contenido. No es una celebración genérica; es una declaración de pertenencia.
Lo que ocurrió dentro del campo
El partido también tuvo su propia narrativa. Irak, que regresaba a una Copa del Mundo tras cuatro décadas de ausencia, logró igualar temporalmente el marcador gracias a un gol de Aymen Hussein, lo que añadió tensión a un encuentro que parecía encaminarse hacia una victoria cómoda. Sin embargo, Haaland respondió con dos goles antes del descanso para devolver el control a Noruega.
En la segunda mitad, el equipo dirigido por Ståle Solbakken no bajó la guardia. Los goles anotados en esa fase fueron:
- Leo Skiri Ostigard, de cabeza, para ampliar la ventaja.
- Kristian Thorsvedt, en los minutos de descuento, para sellar el definitivo 4-1.
El resultado dejó a Noruega en la cima del Grupo I y con una moral reforzada de cara a sus próximos compromisos. El equipo nórdico, que no disputaba una Copa del Mundo desde Francia 1998, se medirá el lunes a Senegal en Nueva Jersey, donde su afición ya promete repetir el espectáculo que, en apenas una jornada, se ha convertido en una de las postales más reconocibles del torneo.
El remo vikingo llegó al Mundial 2026 para quedarse, y Noruega acaba de demostrar que su regreso al fútbol mundial no es solo deportivo: es también cultural.

