Por: Pedro Morales – Consultor en IA, automatizaciones y marketing digital con experiencia en gestión de crisis, director ejecutivo del grupo de medios La Nave Digital, fundador del periódico digital Liderazgo Noticioso y de la agencia de automatizaciones IA Liderazgo Digital MS.
¿En qué momento el hombre del que todo el país se rió terminó convertido en el político que la oposición menos quiere tener enfrente?
El domingo, en un hotel de la capital, Gonzalo Castillo no anunció una candidatura. Anunció una cobranza. Y para que no quedara duda de que venía a cobrar, lo hizo acompañado de Charles Mariotti Tapia, exsecretario general del PLD, quien declinó su propia aspiración presidencial para ponerse detrás de él. No llegó solo: arrastró 92 miembros del Comité Central, una treintena de subsecretarios, diez alcaldes y una fila de dirigentes que hasta ayer eran patrimonio de otros. En política dominicana los discursos se los lleva el viento; las adhesiones, no. Esas se cuentan.
Hace tres semanas, en este mismo espacio, escribí que el penco nunca fue penco: que detrás de los tropiezos y los memes de 2019 había un personaje cuidadosamente construido. Lo que vimos el domingo no contradice aquella tesis. La confirma. Pero agrega algo que entonces era apenas una hipótesis y hoy es un hecho medible. El regreso de Gonzalo ya está moviendo el tablero. Y el primero en sentirlo no es el gobierno. Son los verdes.
La sangría que cambió de dirección
Conviene recordar de dónde salió la Fuerza del Pueblo. No nació de la nada en 2019: nació de una herida del PLD. Se nutrió, casi en su totalidad, del litoral peledeísta que siguió a Leonel Fernández cuando rompió con Danilo Medina. Con ese cuerpo prestado, la FP creció hasta relegar al PLD al tercer lugar. Fue un trasplante exitoso. El problema de los trasplantes es que el cuerpo, a veces, reclama lo suyo.
Eso es exactamente lo que está pasando. En las últimas semanas, la renuncia de dirigentes verdes dejó de ser una noticia aislada para volverse rutina: secretarios provinciales, exdiputados, exalcaldes, estructuras completas que regresan al morado bajo el programa “De Vuelta a Casa”. En los pasillos del PLD ya se repite, con sonrisa de revancha, aquella sentencia: quien a hierro mata, a hierro muere. El partido que se construyó vaciando al PLD empezó a vaciarse hacia el PLD.
¿Y por qué ahora? Porque a un dirigente que duda no lo mueve una consigna. Lo mueve un imán. Y el imán volvió a la escena con nombre y apellido.
El verdadero Gonzalo
Aquí está lo que muchos prefieren no decir en voz alta: el Gonzalo que habló el domingo no es el de 2020. Habló con voz firme, sin tropezar, sin regalar el meme del día. Hasta el peinado cambió. Desapareció aquel corte improbable, a medio camino entre el descuido y el personaje, que tanto recordaba a Forrest Gump y que durante toda la campaña pasada funcionó como caricatura andante. Lo que volvió a aparecer fue otra cosa. Fue el original.
Porque conviene refrescar la memoria. Antes de la caricatura existió un hombre real. Un empresario que levantó, desde una sola aeronave, la mayor compañía de aviación privada del Caribe. Un ministro de Obras Públicas a quien un presidente mantuvo siete años seguidos en el cargo porque entregaba, no porque sonreía. Un dirigente que, antes de los rolos y los memes, figuraba entre los hombres más codiciados del país, de esos que la prensa de sociales perseguía. Ese Gonzalo no desapareció en 2020. Se guardó. Se disfrazó de penco porque en aquel momento convenía parecer inofensivo. El disfraz costó una elección, pero salvó al hombre.
Hoy el disfraz ya no hace falta. Y un electorado que se ríe de un penco no se ríe de un empresario exitoso, judicialmente reivindicado, que mira la cámara y dice que vuelve a ganar. La risa, en política, es la primera línea de defensa. Cuando el adversario deja de reírse, ya perdió la primera batalla.
El tapón que la Fuerza del Pueblo todavía no quiere ver
Frente a esta marea, la oposición verde carga un problema que sus dirigentes evitan nombrar. Leonel Fernández ha perdido las dos últimas ocasiones en las que se ha presentado como candidato presidencial, la última con menos del veintinueve por ciento. Y mientras tanto, las mediciones apuntan en otra dirección: una consulta reciente reveló que una mayoría ciudadana ya preferiría que el relevo lo encabece Omar Fernández, el senador que conecta con la franja del electorado que reniega de la vieja política.
Que nadie se confunda. Omar no se ha subordinado ni ha renunciado a nada. Leonel es su padre y es el jefe del proyecto, y respetar esa jerarquía es apenas decencia política. Pero una cosa es la jerarquía y otra es la aritmética. Si la sangría no se detiene, llegará el día en que la realidad sea tan aplastante que el propio Leonel tenga que decidir entre ceder el cetro a tiempo o defenderlo hasta que ya no quede partido que entregar. El único tapón real para esta hemorragia tiene apellido de fundador y un perfil que el penco reinventado no puede igualar entre los jóvenes. Se llama Omar.
La pregunta es si lo sacarán a tiempo, o si lo guardarán tanto que, cuando lo usen, ya no quede agua que contener.
Las preguntas que el 2028 todavía no responde
Así que el dominicano que aún deshoja la margarita, este sí, este no, este me convence, este no, haría bien en mirar más allá del titular del domingo.
¿Es Gonzalo Castillo el penco torpe que la memoria colectiva todavía guarda, o el empresario disciplinado que se disfrazó de penco y ahora se quitó el disfraz? ¿Puede una oposición que se rió de él durante seis años explicarle al país por qué de pronto le tiene miedo? ¿Y cuándo entenderá la Fuerza del Pueblo que su seguro de vida no es repetir al hombre que ya perdió dos veces, sino soltar el cetro a tiempo? ¿O esperaremos, otra vez, a leer el final de una historia cuyo guión algunos de nosotros ya conocemos y hemos avanzado con tiempo suficiente?
En 2019 lo pregunté cuando nadie quería escuchar. En 2026, los hechos llevan tres semanas respondiendo.


