Por: Pedro Morales – Consultor en IA, automatizaciones y marketing digital con experiencia en gestión de crisis, director ejecutivo del grupo de medios La Nave Digital, fundador del periódico digital Liderazgo Noticioso y de la agencia de automatizaciones IA Liderazgo Digital MS.
¿De qué le sirve a la derecha saber ganar en bloque, si cuando más lo necesita prefiere perder cada uno por su cuenta?
El domingo, Lula da Silva le dio la vuelta a una elección que tenía perdida. Flávio Bolsonaro le había ganado la primera vuelta 47 a 45 y llegó al balotaje con las encuestas a favor. Terminó perdiendo por más de cuatro millones de votos: 51,7 contra 48,2. Es la primera vez desde el fin de la dictadura militar que en Brasil gana la segunda vuelta quien quedó segundo en la primera.
En abril escribí que la izquierda internacional no gana porque sea mayoría, sino porque es disciplina ¿La derecha unida o volvemos a la agenda globalista del libertinaje?. Brasil acaba de ponerle fecha y cifras a esa frase.
Colombia tuvo bloque. Brasil tuvo silencio
En ese mismo artículo señalé a Colombia como el próximo termómetro, y a Abelardo de la Espriella como la carta para sacarla de la órbita de Petro. Ganó. Y no ganó solo: Trump, Bukele, Milei, Meloni y la propia familia Bolsonaro se pusieron detrás de él. Trump llegó a decir que su respaldo lo sacó del décimo lugar. En Argentina el libreto fue el mismo: antes de las legislativas de 2025, Washington puso sobre la mesa respaldo político y un salvavidas financiero para Milei.
Con Flávio, el bloque no apareció. En la víspera del balotaje, preguntado por Brasil, Trump respondió que no quería entrar en ese tema. Se dirá que fue estrategia, que un apoyo abierto de Washington le habría servido a Lula el discurso de la soberanía en bandeja. Puede ser. Pero entonces la pregunta es otra: ¿quién ocupó el espacio que dejó Washington? Nadie. Milei fue el único que se jugó el pellejo, y lo hizo solo.
Cuando la derecha tiene método, gana Colombia. Cuando no lo tiene, pierde Brasil.
El manual que nadie escribió
Lo que pasó después del conteo es todavía más revelador. Flávio desconoció el resultado y anunció que pedirá anular la elección por la extensión del horario de votación. Esa misma noche, Kast, Noboa, Fujimori, Paz y el propio De la Espriella felicitaban a Lula. Al día siguiente, Trump dijo que le pareció “otra elección manipulada”. Y dentro de Brasil, los partidos que habían apoyado a Flávio en la segunda vuelta, União Brasil, Republicanos, Podemos, también felicitaron al ganador.
Silencio antes de votar, felicitaciones esa noche, sospecha de fraude al día siguiente. Tres posiciones en 24 horas.
No se trata de afirmar que hubo fraude. Se trata de algo más básico: si la derecha tenía dudas, debió expresarlas con una sola voz; si no las tenía, Trump no debió sembrarlas solo. Una duda que nadie respalda no es una denuncia. Es un desahogo.
La izquierda no improvisa así. No había terminado el lunes cuando Pedro Sánchez ya había convertido el triunfo de Lula en consigna de campaña: “Lo que ha pasado en Brasil, pasará en España”. Es el mismo Sánchez que, como escribí este mes, adelantó elecciones para frenar la ola: Pedro Sánchez adelanta elecciones en España para frenar la ola de Trump. La izquierda leyó Brasil como un capítulo más de su relato global. La derecha lo leyó como cada uno pudo.
A algunos se les vio el refajo
Ahora traigamos el espejo a casa.
El presidente Abinader felicitó a Lula el mismo domingo y destacó una jornada “cívica y participativa”. Es el mismo gobierno que en marzo firmó en Miami el Escudo de las Américas y recibió el agradecimiento público de Trump. Entre Doral y Brasilia, la línea del PRM no deja claro si es de izquierda o de derecha. Y mientras Washington trata al gobierno dominicano como aliado de su agenda, algunos dirigentes oficialistas desempolvaban con orgullo sus fotos junto a Lula. A algunos se les vio el refajo y Washington está observando.
En la acera de enfrente, una sola voz actuó con método. Fernando Abreu Hahn, aspirante presidencial de Patria Libre y orador de la CPAC, llamó aliado a Flávio, cuestionó la felicitación del gobierno y sostuvo su posición sin titubear. Es exactamente lo que haría un bloque. El problema es que lo hizo él solo.
Un método que aplica una sola persona todavía no es el método de una derecha.
La pregunta de 2028
La derecha dominicana sigue buscando quién la represente. No tiene candidato de consenso, no tiene estructura común y, por lo visto en Brasil, tampoco puede dar por sentado que la derecha internacional llegará a respaldarla cuando haga falta.
¿Qué hará la derecha dominicana cuando le toque su propio Brasil: cerrar filas o felicitar al adversario antes de que se enfríe el conteo? ¿Si las dudas sobre una elección merecen ser escuchadas, quién decide que se escuchen: un comentario de Trump o un bloque que todavía no existe? ¿Y llegará 2028 con una derecha que eligió su candidato, o con una que sigue esperando que alguien en Washington lo elija por ella?


