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Portaaviones Abraham Lincoln finaliza misión en Medio Oriente

Portaaviones Abraham Lincoln finaliza misión en Medio Oriente

El portaaviones USS Abraham Lincoln regresa hoy a casa. Tras cerca de diez meses de despliegue en Oriente Medio, el buque insignia de la clase Nimitz tiene previsto atracar al mediodía del jueves en la Estación Aérea Naval de North Island, en Coronado, condado de San Diego, con aproximadamente 5.000 marines y marineros a bordo. Su llegada no es solo el cierre de una misión: es el epílogo visible de una guerra que, siete meses después de su inicio, sigue activa.

El regreso que nadie esperaba tan tarde

El Abraham Lincoln zarpó de San Diego en noviembre y fue desplegado a finales de enero en aguas del golfo Pérsico, en plena escalada de tensiones entre Washington y Teherán. Lo que siguió fue un despliegue de 286 días en alta mar sin escalas, el segundo más largo registrado por la Marina estadounidense desde la Guerra de Vietnam, acumulando más de 300 días consecutivos en el extranjero. Un funcionario de la Marina confirmó los detalles al medio especializado Military.com.

Durante ese período, los marines a bordo llevaron a cabo misiones de patrulla, bloqueo y operaciones aéreas en el marco de la guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán, denominada oficialmente Operación Epic Fury, que comenzó el 28 de febrero y que, según el Pentágono, continúa activa. El Gobierno del presidente Donald Trump ha subrayado que el apoyo del Lincoln fue crucial para el desarrollo de esas operaciones.

Lo que el regreso del Abraham Lincoln revela sobre el costo humano

El prolongado despliegue no estuvo exento de tensiones internas. Las preocupaciones sobre las condiciones de la tripulación se acumularon durante meses, aunque la Casa Blanca restó importancia a esas afirmaciones. Fue el secretario de la Marina, Hung Cao, quien reconoció públicamente que hubo “un pequeño número de casos de problemas de salud mental”, aunque destacó que no se registraron muertes durante toda la misión.

El secretario de Defensa, Pete Hegseth, tiene previsto viajar a San Diego para recibir personalmente a los marineros a bordo del USS Lincoln, según un comunicado del Departamento de Defensa. El gesto político no es menor: llega en un momento en que la narrativa oficial sobre la guerra enfrenta crecientes cuestionamientos, tanto dentro como fuera del Congreso.

San Diego, entre el orgullo militar y la amenaza presidencial

El contexto local añade una capa de tensión al regreso del buque. En días recientes, el presidente Trump declaró que Irán podría “destruir” Los Ángeles y San Diego como “un pequeño precio a pagar” en el marco del conflicto. Las palabras generaron una reacción inmediata entre los líderes locales, incluidos congresistas republicanos, que advirtieron sobre la importancia estratégica del condado al albergar una de las bases militares más significativas del país. El alcalde de San Diego, Todd Gloria, fue más directo: exigió una disculpa pública al mandatario.

La llegada del Abraham Lincoln se produce, además, en un momento de nueva presión iraní sobre las rutas energéticas de la región. La Guardia Revolucionaria iraní anunció que pronto bloqueará las “rutas ilegales” utilizadas para exportar petróleo a través del estrecho de Ormuz. El general Mohamad Reza Naqdi, asesor del comandante en jefe de la Guardia Revolucionaria, declaró que “pronto se bloquearán algunas de las pocas rutas que se han creado mediante explosiones y la destrucción de pasos rocosos” en ese estrecho estratégico.

El estrecho de Ormuz y la guerra que no cierra

Irán ha declarado cerrado el estrecho de Ormuz desde el inicio del conflicto, utilizándolo como una de sus principales palancas de presión. Washington, por su parte, ha respondido con un cerco naval sobre puertos y buques iraníes. A pesar de ello, las exportaciones de crudo desde Oriente Medio han alcanzado niveles similares a los previos al inicio de la guerra, lo que sugiere que las rutas alternativas siguen operativas, al menos por ahora.

El regreso del Abraham Lincoln a San Diego cierra un capítulo operativo, pero no el conflicto que lo mantuvo en alta mar durante casi un año. Con la Guardia Revolucionaria iraní anunciando nuevas medidas de presión y el Pentágono sin confirmar una fecha de resolución, la misión del portaaviones puede haber terminado, pero la guerra que la definió sigue escribiéndose.

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