El dirigente político y articulista Aneudy De León encendió el debate interno del oficialismo dominicano con un artículo publicado en el periódico El Día, en el que denuncia que sectores de la alta dirección del Partido Revolucionario Moderno (PRM) estarían recurriendo a viejas prácticas para controlar el proceso de renovación de sus autoridades correspondiente al periodo 2026-2030. La advertencia llega en un momento en que el partido gobernante enfrenta la presión de sus propias bases por mayor transparencia y participación.
Lo que De León llama viejas prácticas dentro del PRM
En su artículo titulado “PRM y la retórica del ‘viejo partido’: la rebelión de los incautos”, De León describe con precisión los mecanismos que, según él, ciertos sectores de la cúpula estarían activando para evitar una convención abierta con voto universal, libre y secreto. Entre esos mecanismos señala la cooptación de voluntades, la prórroga de mandatos y la construcción de consensos internos que califica de forzados. Para el articulista, estas estrategias no son innovaciones políticas, sino una repetición de los mismos vicios que el PRM prometió superar cuando nació como alternativa al antiguo Partido Revolucionario Dominicano (PRD).
El paralelismo con el PRD no es casual ni decorativo en el análisis de De León. Es, en realidad, la advertencia más grave de su texto: que el partido oficialista podría estar recorriendo el mismo camino de deterioro institucional que terminó por fracturar a su organización predecesora. La historia, sugiere, no necesita repetirse si la militancia actúa a tiempo.
La retórica del miedo y el divorcio con las bases
Uno de los argumentos más contundentes del artículo apunta a lo que De León denomina la “retórica del miedo”: el discurso que circula en ciertos círculos del partido según el cual una convención interna competitiva podría generar divisiones y poner en riesgo la continuidad del PRM en el poder durante las elecciones de 2028. Para el articulista, ese razonamiento no solo es insensato, sino que revela un profundo desconexión con las bases del partido.
De León sostiene que la verdadera cohesión organizacional no se construye suprimiendo la competencia interna, sino garantizando procesos transparentes y participativos. En su lectura, vincular la democracia interna con el caos es un argumento que sirve a los intereses de quienes ya ocupan posiciones de poder, no a los de la militancia que sostiene al partido en el territorio. La crítica apunta directamente a una dirección que, según él, ha favorecido los intereses grupales por encima de la meritocracia y el trabajo real de sus cuadros.
Entre los problemas estructurales que identifica en su análisis se destacan los siguientes:
- Mecanismos de control interno que bloquean el voto universal, libre y secreto en la convención.
- Prórroga de mandatos sin respaldo democrático de la militancia.
- Construcción de consensos forzados que excluyen a sectores críticos.
- Pérdida de contacto de la dirección con las bases territoriales del partido.
- Prevalencia de intereses grupales sobre la meritocracia y el trabajo militante.
Una renovación que De León considera inminente
El articulista no deja su análisis en el diagnóstico. Concluye con una afirmación que funciona tanto como pronóstico como como exigencia: la renovación interna del PRM es inminente. Y aclara que esa renovación no se limita a un cambio de nombres en los cargos de dirección, sino que implica una transformación más profunda en la ética, la visión y el compromiso político de quienes conducen la organización. Según De León, las bases del partido ya no están dispuestas a aceptar que se les administre desde arriba sin rendición de cuentas ni canales reales de participación.
El artículo de De León, disponible en El Día, llega en un contexto en que el PRM atraviesa uno de sus momentos más delicados desde que llegó al poder: la necesidad de renovar su estructura interna sin fracturarse, mientras mantiene la cohesión necesaria para competir en un ciclo electoral que se aproxima. La pregunta que deja abierta su texto es si la dirección del partido escuchará esa señal antes de que las viejas prácticas terminen por cobrar el precio que ya pagaron otras organizaciones políticas dominicanas.

