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La brecha digital en RD se origina dentro del hogar

La brecha digital en RD se origina dentro del hogar

República Dominicana proyecta hacia afuera una imagen de país conectado: casi nueve de cada diez hogares tienen un teléfono inteligente en sus manos. Pero esa imagen se fractura en cuanto se mira hacia adentro. Según los datos de la ENHOGAR-MICS 2025, apenas el 56.2% de las viviendas dominicanas cuenta con acceso a internet, lo que deja al descubierto una brecha digital que no empieza en las calles ni en las escuelas, sino en el propio hogar.

Lo que revelan los números de la ENHOGAR-MICS 2025

El contraste es tan preciso que resulta difícil ignorarlo. El 89.4% de los hogares dominicanos posee un teléfono inteligente y el 92.7% tiene algún tipo de teléfono móvil. Sin embargo, la suscripción formal a un servicio de internet —ya sea por banda ancha u otro método estable— solo alcanza al 56.2% de las viviendas. Eso significa que más de cuatro de cada diez hogares navegan, si es que lo hacen, a través de recargas móviles, señales prestadas o puntos de acceso fuera de casa.

Esa dependencia de los datos móviles no es equivalente a estar conectado. Quienes gestionan su acceso a través de recargas deben planificar cuándo conectarse, priorizar qué actividades realizar y resignarse a velocidades y estabilidad muy inferiores a las de una conexión fija. Una videollamada laboral prolongada, una clase virtual o la descarga de materiales educativos se convierten en obstáculos logísticos antes de ser oportunidades reales.

El panorama se agrava cuando se incorpora el dato sobre equipos. Solo el 32.3% de los hogares dispone de una computadora de escritorio, portátil, laptop o tableta. En una economía que digitaliza sus procesos a ritmo acelerado, dos de cada tres familias dominicanas carecen del dispositivo mínimo para generar contenido, completar formularios complejos, desarrollar habilidades técnicas o acceder a empleos remotos. El teléfono inteligente permite consumir; la computadora permite producir. Y esa distinción importa.

La brecha digital se profundiza según la región y la zona

La desconexión no se distribuye de forma uniforme en el territorio. Los datos de la ENHOGAR-MICS 2025 muestran diferencias regionales que revelan una geografía de la desigualdad digital tan marcada como la desigualdad económica tradicional. El Cibao Norte lidera con un 67.7% de hogares con acceso a internet, mientras que la región Enriquillo apenas alcanza el 39.4%. Una diferencia de 28.3 puntos porcentuales entre dos zonas del mismo país.

La división urbano-rural sigue siendo estructural. En zonas urbanas, el acceso a internet llega al 60.2%; en áreas rurales, cae al 45.5%. Esa brecha de casi 15 puntos no es solo estadística: se traduce en estudiantes rurales que no pueden completar tareas en línea, en trabajadores que no acceden a plataformas de empleo digital y en familias que quedan fuera de servicios públicos que migran progresivamente hacia lo virtual.

  • Cibao Norte: 67.7% de hogares con internet
  • Región Enriquillo: 39.4% de hogares con internet
  • Zonas urbanas: 60.2% de acceso
  • Zonas rurales: 45.5% de acceso
  • Hogares con computadora o tableta: 32.3%
  • Hogares con smartphone: 89.4%

Por qué la brecha digital frena la movilidad social

La pregunta que subyace a todos estos datos no es técnica, sino estratégica: ¿cuántos hogares dominicanos tienen las condiciones reales para convertir un teléfono inteligente en una herramienta de ascenso social? La brecha digital en República Dominicana no se mide solo en megabytes ni en cobertura de señal. Se mide en oportunidades que no llegan, en empleos que no se consiguen y en educación que no se completa.

Un hogar con internet fijo y computadora puede sostener simultáneamente a un estudiante en clases virtuales y a un adulto en una reunión de trabajo remoto. Un hogar que depende de una recarga móvil compartida entre varios miembros de la familia no puede hacer lo mismo. La diferencia entre ambos escenarios no es de comodidad, sino de posibilidades concretas de desarrollo. Según los datos disponibles en el portal del Instituto Nacional de Estadística (ONE), estas disparidades forman parte de un patrón estructural que requiere políticas públicas sostenidas, no soluciones puntuales.

El reto para República Dominicana no es aumentar la cantidad de teléfonos inteligentes —ese indicador ya es alto— sino garantizar que la conectividad sea estable, asequible y acompañada de los dispositivos adecuados. Solo entonces la brecha digital comenzará a cerrarse donde más duele: dentro del hogar.

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